Ucrania y las miserias del uribismo

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Alejandro Cifuentes

Para nadie es un secreto que el gobierno de Duque ha sido un completo fracaso. Sumió al país en una nueva ola de violencia, llevó la economía por el camino de la devaluación y la inflación (aún cuando los neoliberales se siguen ufanando de su capacidad para controlar ese fenómeno) y nos ha demostrado que la corrupción puede superar todos los límites imaginados.

Sin embargo, para la burguesía colombiana, que también reniega de Duque, estos no son el mayor problema del gobierno uribista, pues al fin y al cabo el peso de la crisis económica recae en el pueblo trabajador y la guerra siempre resulta buen negocio, más aún si mantiene fluyendo los dineros del narcotráfico hacia los monopolios financieros.

Para la burguesía el mayor error del gobierno de Duque es un problema del que poco se habla, y que resulta un hito histórico: el deterioro de las relaciones con los Estados Unidos. Es probable que, con el estúpido posicionamiento del Centro Democrático ante el último proceso electoral estadounidense, las relaciones con sus amos del norte hayan alcanzado el punto más bajo desde 1903, cuando el pueblo colombiano le exigió a la élite gobernante demostrar un poco de dignidad ante la intervención del presidente Theodore Roosevelt en la separación de Panamá.

Y es que a mí aún me parece inaudito que a Duque y la pandilla del Centro Democrático se les ocurriera que podían incidir en las elecciones de los Estados Unidos movilizando votos a favor de Trump como lo hacen en sus haciendas. Las élites tradicionales nunca se atrevieron a tanto. Siempre fueron conscientes que sus destinos no dependían de republicanos o demócratas, sino de demostrar una solícita sumisión a la política imperial del Estado estadounidense.

Ahora, con esto no estoy queriendo decir que los gobiernos bipartidistas, comparados con Duque, fueran unos genios de la diplomacia. De hecho, desde el presidente Carlos Holguín (1888-1892) regalando el tesoro quimbaya a la reina de España en 1892, hasta la Canciller María Ángela Holguín justificando los escándalos sexuales de agentes norteamericanos en suelo cartagenero en 2012, la diplomacia colombiana se ha basado en el arribismo y el sometimiento que la burguesía parasitaria requiere para posicionarse en el mercado mundial como proveedores de materias primas. Además, esta diplomacia ha sido dirigida por un aparato consular compuesto por funcionarios mediocres que llegan a los cargos gracias a la corrupción y el nepotismo.

Podríamos pensar que la campaña camorrera internacional de Duque es un acto de pura idiotez, pues teniendo un ejército sumamente costoso pero incompetente y poco equipado para la guerra regular, se ha dedicado a desafiar potencias nucleares en conflictos que nos son ajenos. No obstante, esta campaña corresponde a un esfuerzo desesperado de la presidencia por ganar la confianza del amo Biden.

Por eso Duque se planteó seriamente intervenir en Ucrania -país que muy seguramente ni él ni sus analistas mediáticos pueden ubicar en un mapa-, aun cuando ni siquiera las tropas de la OTAN, principal promotora de esa conflagración, hicieran un solo tiro.

Afortunadamente esa guerra es demasiado lejos para que vidas de jóvenes colombianos sean sacrificadas para renovar el vasallaje. Pero no olvidemos que en nuestra vecindad hay conflictos latentes que el pueblo colombiano podría terminar luchando solo para que unos cuantos magnates puedan agradar a sus amos estadounidenses.