Un tsunami llamado brexit

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Boris Johnson, primer ministro británico.

El Reino Unido se está jugando su futuro y alterando radicalmente las relaciones con sus vecinos. Se ha fracturado, no solo la cohesión y unidad del partido de gobierno, sino de la sociedad británica

No ha terminado de estrenar su cargo, y ya, sin luna de miel, el primer ministro británico, Boris Johnson, está siguiendo los pasos de su antecesora Theresa May. Ha sufrido varias derrotas parlamentarias, hay un ambiente adverso en la Cámara de los Comunes para la aprobación de su fórmula para una salida de la Unión Europea sin un acuerdo, lo que se ha dado en denominar un ‘brexit duro’, y se tejen verdaderas medidas de choque como la moción de censura o la convocatoria a elecciones anticipadas.

Con uno o dos pluses en su contra. El primero, que en una jugada considerada por muchos como ‘dictatorial’, cerró el congreso por cinco semanas, buscando quitarle oxígeno a varias iniciativas legales que se le atravesaban como palo en la rueda a sus propósitos separatistas. El segundo, es que venía ostentando una mayoría parlamentaria de apenas un voto de ventaja, que acaba de perder, al anunciar uno de los parlamentarios conservadores que abandona las filas del partido y se pasa a las de los liberales proeuropeos.

El ambiente que se vive en el Reino Unido es tan complejo, que las mayorías, algo precarias por cierto, que votaron por el brexit hace dos años, prácticamente no existen. Un sondeo reciente de una encuestadora de opinión, indica que el 56 por ciento de los británicos se pronuncia por permanecer dentro de la Unión Europea.

Retirar de la Unión Europea a una de las tres economías más importantes que la integran, es una decisión dramática, que ha polarizado a la sociedad británica. Es claro hoy que tal decisión no se debió tomar a la ligera. La cuestión es que ante un eventual voto de censura o unas elecciones anticipadas, mucha gente no quiere a Johnson, pero teme un gobierno de izquierda, puesto que el líder opositor Jeremy Corbyn, aparece como el más opcionado ganador en una consulta en las urnas.

El Reino Unido se está jugando su futuro y alterando radicalmente las relaciones con sus vecinos. Se ha fracturado no solo la cohesión y unidad del partido de gobierno sino de la sociedad británica misma. El brexit puede significar de momento un conato de disolución de la Unión Europea, pues alentaría otros movimientos separatistas, molestos con las políticas de mercado de Bruselas.

Dentro del territorio de la Gran Bretaña se pueden presentar esas fracturas. Por ejemplo, una salida no negociada de Escocia, que no quiere abandonar la UE. El País de Gales podría seguir el mismo camino. Una situación similar en Irlanda. La zona norte de este país, podría buscar la separación, ya que no quiere una frontera aduanera física, como está contemplada en el brexit. Y de paso habría la tentación de que algunos grupos irlandeses vuelvan a la lucha armada, al sentir traicionados los acuerdos de paz del Viernes Santo.