Tsunami azul

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Jaime Cedano Roldan
@Cedano85

La victoria del Partido Popular era previsible, a pesar que las encuestas aseguraban el triunfo socialista, pero nadie ni en sus más delirantes fantasías podía imaginarse el resultado del pasado domingo 28 de mayo en las elecciones municipales y regionales españolas.

Un verdadero tsunami azul, mil veces superior al producido hace ocho años con el triunfo de Mariano Rajoy, cuando se tiñó de azul toda España, con pocas y honrosas excepciones. Explicar lo qué ha pasado sería bastante irresponsable. Le corresponde a la izquierda española analizar a fondo todo, y ojalá sin ánimos de echarle la culpa a los votantes o al de al lado. Que no se convierta el análisis en una pelea entre los últimos de la fila. Pero se empiezan a escuchar juicios en este sentido.

España no pudo sustraerse a la creciente ola derechista que sacude a Europa,  con la paradoja que el gobierno de convergencia ha contribuido a ese proceso de derechización cultural e ideológica con su sometimiento total al relato estadounidense y de la OTAN en la guerra de Ucrania, la tendencia a apoyar la política de Marruecos en el Mediterráneo, reconocer su soberanía sobre el Sáhara, hacerlo su gran aliado y convertirlos en el policía fronterizo, y aunque pasara desapercibido, aprobar en el Congreso de los Diputados que las condenas a Israel por su invasión y destrucción de Palestina son un delito de odio. Unidas Podemos, rechazaba parte de estas ejecutorias, pero se aprobaban.

Salvarse de una ola política reaccionaria, de una tendencia creciente, el movimiento del péndulo diría algunos, es muy difícil, pero no imposible y mucho más cuando las crisis se han manejado con responsabilidad y resultados sociales importantes. Pero junto a los logros se ha convivido, hay pugna pública por el padrinazgo entre los mismos socios de gobierno con evidentes y notorias confrontaciones entre Podemos e Izquierda Unida. Las crisis generan incertidumbres y las derechas las explotan y las usan. Las constantes fracturas en el seno del gobierno alimentan las incertidumbres, generan desconfianzas.

La campaña estuvo precedida por una descomunal guerra entre Podemos y Sumar, con quien iban Izquierda Unida y el Partido Comunista de España. No ayudaban cierto espíritu impositivo de Yolanda Díaz y mucho menos la guerra total contra ella desplegada en las redes por representativos sectores de Podemos para quienes era simplemente una vergonzante traidora.

La derecha logró imponer el discurso, enlodó la campaña, volvió a utilizar la figura de la extinta ETA, fantasma que sigue dando frutos, aunque pareciera que no, y la izquierda rebajó el discurso a la lista de mercado, se aferró a cobrar las realizaciones sin dar la batalla cultural, asustando con el ogro sin calificar la esencia del ogro, y con un PSOE abrazado al ogro en todos los terrenos europeos.

Hubo política social pero marcada por el paternalismo, no hubo complicidad con el movimiento social y se permitió y estimuló el rompimiento con el más fuerte y rupturista de la última década, el movimiento feminista. Las militancias vienen decreciendo a chorros hace años sin que haya importado. Para las instituciones todo.

Inesperadamente Pedro Sánchez ha disuelto las Cortes y adelantado las elecciones generales para el 23 de julio. Busca no darle tiempo al PP de saborear la victoria, sorprenderlo y escenificar una situación de alarma para movilizar al electorado socialista y progresista. Tiempos tormentosos llegan.