Trump polariza aún más la política norteamericana

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Donald Trump

El jefe de los republicanos y principal opositor es un extremista enfermizo, que ya consiguió dividir a la nación y a su propio partido. Es un hombre que tiene varios procesos judiciales que amenazan con provocar una tormenta política

Alberto Acevedo

Con el anuncio la semana pasada del expresidente Donald Trump de postularse oficialmente como candidato a una nueva reelección, los republicanos comenzaron a enfrentar una discusión que pocos se atrevieron a dar en los últimos meses: ¿Se quedan con Trump como líder único del partido y jefe de Estado por un periodo más, o se bajan del tren?

La pregunta anterior fue formulada por los analistas Lisa Lerer y Reid J. Epstein en un artículo publicado en The New York Times. Allí los autores plantean que evitar responder esa pregunta se hace cada vez más complicado para los republicanos y, de cierta manera, para el resto de norteamericanos.

El asunto se torna candente, pues al expresidente se le adelantó el gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien, pese a no haberse postulado oficialmente, acaba de ganar la gobernación de su Estado en las pasada elecciones de medio término y se erige como el mayor elector republicano y casi seguro contendor en la aspiración de Trump.

Un país fragmentado

Las elecciones de medio término que acaban de concluir en Estados Unidos, muestran a un país profundamente dividido, con un liderazgo complejo. Algunos observadores hacen notar el hecho de que, las dos cabezas visibles de las dos grandes colectividades políticas del país, uno, el presidente en funciones y líder de los demócratas, es un hombre octogenario que presenta problemas de memoria, de dicción, de sindéresis, por decir lo menos.

El jefe de los republicanos y principal opositor es un extremista enfermizo, que ya consiguió no solo dividir la nación, sino a su propio partido, el republicano. Es un hombre que tiene sobre sus espaldas varios procesos judiciales que amenazan con provocar una tormenta política, el principal de ellos por sedición, por haber sido inspirador de un asalto de fanáticos suyos al Capitolio Nacional, en un intento de golpe contra los resultados de las elecciones generales que dieron el triunfo a Joe Biden.

Las elecciones de mitaca en la principal potencia económica del mundo sirvieron para medir qué tanta influencia sobre la política mantiene aún el expresidente Trump. Y aunque es una fuerza significativa, se evidenciaron importantes fisuras entre sus seguidores. En primer lugar, la gran mayoría de los candidatos al congreso de la república, a gobernaciones y a otros cargos, avalados por Trump, no fueron bendecidos por los electores con su voto. No obstante, a la final conservó las mayorías sobre la cámara baja del parlamento.

Como anotábamos en edición anterior de este semanario, no se dio la ‘ola roja’ republicana, que prometía arrasar con los cargos de elección popular y frustrar las aspiraciones releccionistas de Biden, que también anunció su postulación a un nuevo periodo presidencial. Para los observadores norteamericanos estos resultados son una derrota para Trump. Lo novedoso, es que una parte cada vez más significativa de su partido, acusa al exgobernante republicano por estos resultados.

Otras fuerzas en desarrollo

Durante su paso por la presidencia de Estados Unidos, Trump hizo que su país viviera en constante zozobra. Una inestabilidad que promete repetirse con el anuncio de su postulación a un nuevo mandato. Ahora ese escenario amenaza con extenderse por el resto del mundo, incluida América Latina, si se cumple ese designio reeleccionista conservador.

Analistas de ambas colectividades tradicionales calificaron de “decepcionantes”, los resultados de las últimas elecciones, si se tiene en cuenta la alta abstención electoral y que la composición del congreso en general varió de manera poco significativa, sin producir grandes sorpresas.

Esto influirá en América Latina. Trump impuso una agenda de confrontación en el continente. El apoyo a Bolsonaro y a Iván Duque; la invención de la figura de ‘presidente interino’ de Juan Guaidó; el muro en la frontera con México para contener a los migrantes latinoamericanos; la creación de Grupo de Lima; el endurecimiento de las sanciones a Cuba, Venezuela, Nicaragua. Todo esto produjo un desmigajamiento de las relaciones con América Latina.

Las aspiraciones de Trump hay que tomarlas en serio. La extrema derecha se viene radicalizando y surgen liderazgos de la estirpe Trump, que habría que tener en cuenta, si el magnate regresa al sillón presidencial en el despacho Oval de la Casa Blanca. Sin embargo, desde las huestes conservadores, aparece en ese escenario un DeSantis que plantea que otra derecha es posible. Habrá que esperar qué van a decir las fuerzas progresistas en Norteamérica, que también caminan en dirección a su fortalecimiento.