Tras el mito del 12 de octubre

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Caricatura de Carlos Latuff. Tomada de contrainformación.es

La trayectoria social y política que va desde el acontecimiento hasta su conmemoración oficial nunca ha sido consensuada. En la medida en que existen diferentes interpretaciones sociales del pasado, las fechas de conmemoración pública están sujetas a conflictos y debates

Jefferson Corredor (Jepes)

¿Cómo entran ciertas fechas en el calendario oficial del país? ¿Quiénes luchan por lograrlo? El calendario oficial de un país es un espacio privilegiado que permite traer el pasado al presente. Es un espacio destinado a la construcción de los símbolos de la nación. Participar en los rituales públicos de conmemoración es una manera de expresar sentimientos de pertenencia a la comunidad política y una reafirmación de las identificaciones colectivas.

Sin embargo, las marcas del calendario no cristalizan de manera automática, ni tienen un mismo sentido para todos, pues los diferentes actores sociales dan sentidos específicos a estas marcas según las circunstancias y los escenarios políticos donde desarrollan sus estrategias y proyectos.

Versión oficial

En las prácticas conmemorativas se expresan distintas interpretaciones sobre el pasado, que al ser confrontadas reelaboran la identidad de los grupos, sus posiciones ideológicas y sus demandas políticas.

En el caso de la construcción de las identidades nacionales que se consolidaron desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX fueron fundamentales los centros de conservación patrimonial (museos, bibliotecas, archivos), la construcción de marcas físicas de la memoria (estatuas, bustos, placas) y la producción de objetos con insignias (monedas, medallas, estampillas) que se fueron convirtiendo en referentes de identidad colectiva, a partir de una versión oficial de la historia promovida por las instituciones estatales de carácter cultural, como academias y asociaciones de intelectuales.

Esta narrativa histórica dotó de contenido a un conjunto de celebraciones inventadas y propagadas por las clases dominantes en rituales patrióticos y cívicos, donde las élites y el pueblo empezaron a manifestar sentimientos considerados connaturales a la identidad nacional, remitidos a la religión, el idioma, las costumbres, el amor, la lealtad y el sacrificio por la patria.

Un asunto de la identidad americana

Los inicios de esta conmemoración se registran en 1892 cuando se celebró el IV Centenario del arribo de Cristóbal Colón a América. Varios países del continente e incluso España declararon el doce de octubre como un día cívico, para la celebración del “descubrimiento de América” por iniciativa del Congreso Internacional Americanista en su IV sesión, reunida en Madrid en 1881.

En Colombia se realizaron festejos y se comprometieron recursos para dicha conmemoración. El país no podía quedarse a la zaga de semejante apoteosis y por medio de la Ley 59 de 1890 ordenó erigir un monumento a Colón y a la reina española protectora del descubrimiento, pero debido a la Guerra de los Mil Días, el proyecto se pospuso hasta 1906, año en el cual se inauguró el monumento, en la entonces llamada Avenida Colón, entre las carreras 16 y 17; posteriormente fue trasladado a la Avenida el Dorado con carrera 97 en la ciudad de Bogotá.

En los años posteriores al IV Centenario no se realizaron festejos simultáneos en los países que inicialmente promovieron su conmemoración, pero la Unión Iberoamericana mantuvo la iniciativa de las celebraciones. De este modo, el doce de octubre se estableció en América como fiesta oficial entre 1915 y 1928. En Estados Unidos, por iniciativa de los migrantes italianos, se consagró como “Día de Colón”; en Argentina, Venezuela, Chile, México y Uruguay se oficializó como el “Día de las Américas”; y en Colombia, Ecuador, El Salvador y Perú se instituyó como el “Día de la Raza”.

Durante esta etapa, los festejos estuvieron acompañados de la construcción de estatuas y bustos en honor a Colón, y la inauguración de calles y plazas con su nombre para perpetuar su memoria mediante los monumentos y la nomenclatura urbana.

Durante los años posteriores a la Revolución Mexicana, en este país también se propuso una celebración distinta, el ideario de la conmemoración no fue el hispanismo, centrado en la herencia ibérica, sino un hispanoamericanismo basado en la importancia de reconocer el mestizaje, a partir de la crítica al racismo con el cual se sometió a la sumisión y exterminio a los pueblos originarios de América.

Esta posición fue ampliamente difundida por José Vasconcelos Calderón, quien en sus obras Raza cósmica. Misión de la raza iberoamericana, de 1925 y Bolivarismo y monroísmo, de 1934 buscó la reivindicación del mestizaje.

Durante el siglo XX prevaleció el nombre del Día de la Raza en los países americanos que acogieron el doce de octubre como fiesta nacional, pero en España se cambió esta denominación por Fiesta de la Hispanidad, en 1958, y posteriormente, por Fiesta Nacional de España, en 1987, apropiándose de ese modo de una conmemoración que la misma España, mediante la Unión Iberoamericana, propuso como continental.

Disputas en torno al “encuentro de dos mundos”

El 9 de julio de 1984 se reunieron en Santo Domingo las comisiones conformadas para la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América. En este espacio la Unesco y varios investigadores de este organismo multilateral defendieron la posibilidad de reinterpretar el sentido de esta fecha y consideraron que era importante construir un relato histórico en el cual no solamente estuviera la versión de los vencedores, sino también de los vencidos.

Según esta posición acogida mayoritariamente, la celebración del V Centenario debía mostrar las condiciones y consecuencias del encuentro de los pueblos y sus culturas; de sus influencias recíprocas, sus aportaciones mutuas y las transformaciones profundas que resultaron del encuentro para el destino global de la humanidad.

De lo transcurrido del siglo XXI la denominación oficial como Día de la Raza se ha mantenido en la mayor parte de América Latina, con excepción de Chile, donde se modificó en el año 2000 por Día del Descubrimiento de dos Mundos, y de Venezuela, donde el ministro de Educación Superior, Samuel Moncada, cambió el nombre y el sentido de esta conmemoración, y el Día de la Raza pasó a ser Día de la Resistencia Indígena, en 2002.

El decreto del gobierno venezolano argumentó que la categoría raza procede de un sistema colonial de dominación instaurado en América que no da cuenta de la diversidad cultural, por lo cual, a partir del reconocimiento del legado indígena que se derivó de los debates durante la Conmemoración del V Centenario “nuestros pueblos retoman su historia”.

Lo silenciado y olvidado

En Colombia, desde hace varios años también se viene dando una disputa por esta conmemoración, encabezada principalmente por el pueblo Misak, los cuales después de un largo proceso de reflexión, han realizado juicios históricos a Cristóbal Colón y Sebastián de Belalcázar, condenándolos por genocidio, despojo, acaparamiento de tierras y desaparición física de los pueblos que hacían parte de la Confederación Pubenence. Esto llevó a que tomaran la decisión de retirar los monumentos erguidos en honor a ellos, colocando así de nuevo sobre la palestra pública el debate sobre cuáles deberían ser las motivaciones de la conmemoración del doce de octubre.

Lo que está en disputa es el significado de esta conmemoración y la naturaleza pública de sus rituales que sirven de vehículo para transmitir esos significados. Esta fecha ofrece espacios para producir el impacto emocional de los testimonios y las narrativas propias, brinda la oportunidad de expresar lo silenciado y olvidado, de escuchar historias ignoradas hasta ahora, y de reconocer narrativas total o parcialmente negadas u omitidas de la historia oficial, recordándonos que toda lucha por la memoria es política.