Tras de ladrón, bufón

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Los “globos sonda” lanzados por el gobierno de Iván Duque evidencian su falta de liderazgo, su ineptitud para comprender las necesidades del país y además su inmensa frivolidad y arrogancia al ejercer el poder. Foto Presidencia de la República

Los inocuos anuncios del presidente Iván Duque son una fallida estrategia para comunicarse con la ciudadanía

Roberto Amorebieta
@amorebieta7

En ciencia política existe el concepto “globo sonda” para denominar un anuncio que hace el Gobierno con el propósito de medir la reacción de la opinión y saber cómo proceder en la definición de una política pública.

El procedimiento es más o menos el siguiente: El Gobierno hace el anuncio, los medios de comunicación lo difunden, la ciudadanía opina a través de las redes sociales o participando en los foros que abren los propios medios, una empresa consultora mide dicha reacción, la comunica al Gobierno y este decide qué parte de la decisión es de buen recibo y qué parte debe retirar.

Estos “globos sonda” son bastante frecuentes en los gobiernos en la actualidad. Se sabe que vivimos en un momento en el que la política pasa necesariamente por los medios de comunicación y que, si bien es cierto que el ejercicio del poder lleva intrínseco un innegable componente “escénico”, hoy podemos hablar de la “política espectáculo” como la forma preponderante de hacer política. Ello quiere decir que algo connatural al ejercicio del poder como es la forma en que este se “muestra” ante las personas, ha terminado por convertirse en la esencia de la política. El continente por encima del contenido, la forma como lo principal antes que el fondo.

Así es la política hoy en día, es algo innegable. Por ello los políticos, los partidos y los gobiernos invierten gruesas sumas de dinero en la contratación de asesores de imagen, firmas encuestadoras, campañas de mejoramiento de la imagen y cosas así. Antes se contrataba un técnico, un economista o un ingeniero que asesorara al gobernante. Hoy, este prefiere rodearse de publicistas, expertos en marketing electoral y estrategas de redes sociales porque saben que su prestigio depende no tanto de lo que hagan como de lo que el público perciba que están haciendo.

El maestro del engaño

Álvaro Uribe fue un maestro en el arte de venderse como un estadista. Hoy se sabe que buena parte de sus propuestas y de sus logros en sus ocho años de gobierno fueron de pantomima.

La tal “confianza inversionista” no fue otra cosa que el aprovechamiento de los buenos precios de las materias primas en el mercado internacional para conceder todo tipo de gabelas tributarias a las multinacionales que saquean el país y contaminan el medio ambiente, mientras las finanzas del país mantenían un comportamiento favorable.

La cacareada “cohesión social” consistió en la creación de programas asistencialistas que, en vez de ayudar a los pobres a mejorar su condición, se convirtieron en herramienta electoral que terminó perpetuando su pobreza. La mal recordada “seguridad democrática” no fue otra cosa que el asesinato sistemático de jóvenes para presentarlos como guerrilleros muertos en combate.

Y todo por el estilo. Lo interesante es que a pesar de que hay cada vez más evidencias de que el suyo fue un gobierno mediocre y criminal, millones de colombianos siguen creyéndolo el mesías, el “gran colombiano” y el hombre destinado a salvar a Colombia de la inminente amenaza del “castrochavismo”, hoy reencauchado en el “petromadurismo”.

Por supuesto, ninguna de sus banderas -llamadas de forma juguetona “los tres huevitos”- tuvieron el éxito que él sigue atribuyéndose, ni el castrochavismo existe, ni se le entregó el país a las Farc, ni se recuperó el país de ser un “Estado fallido”. Pero no importa, a pesar de todas las evidencias, sus millones de seguidores siguen repitiendo como un mantra que fue el mejor gobierno de la historia. Todo un mago, sin duda, un prestidigitador, un experto en trucos y engaños.

El alumno mediocre

El punto es que su pupilo, el actual presidente, no tiene ni el carisma ni la experiencia ni la malicia que tenía Uribe para engatusar a la opinión y crear un halo de prestigio como el que en su momento él logró construir.

Por ello, su obsesión por lanzar “globos sonda” para cualquier decisión controversial ya parece el patético intento de alguien desesperado por conectar con la ciudadanía. Lo de Duque no es solo demoscopia, es decir, leer la opinión para actuar en consecuencia. Es, por el contrario, una enorme muestra de debilidad, de ausencia de capital político y de incapacidad para establecer una verdadera interlocución con el pueblo.

Un breve repaso a estos anuncios nos puede dar una idea del tamaño de su incapacidad para tomar decisiones y su ausencia total de liderazgo. Por ejemplo, el contenido de las tres reformas tributarias que nos ha regalado en estos tres años, primero fue filtrado a los medios de comunicación antes de conocerse en el recinto del Congreso y luego de agrios debates en la opinión pública, se decidió retirar buena parte del articulado y modificar el alcance de las propuestas. Por supuesto, ello explica que hayan sido insuficientes, no solo por su contenido regresivo sino porque no se diseñaron según criterios técnicos sino al vaivén de la opinión.

Hace un par de meses surgió la propuesta de ampliar el periodo del presidente y del Congreso hasta 2024 para hacerles coincidir con los periodos de las autoridades regionales, con la excusa de ahorrar recursos para destinarlos a atender la pandemia. La propuesta fue hecha por dos lagartos profesionales, alguno de ellos incluso defensor del paramilitarismo, y luego fue radicada en el Congreso por un grupo de ilustres desconocidos, quienes no tienen que responder ante la opinión porque sus votos obedecen al clientelismo más burdo y manzanillo. Por supuesto, la avalancha de opiniones desfavorables hizo que discretamente, uno a uno, los congresistas proponentes desistieran de su idea y la cosa quedó en nada.

La avionada

Finalmente, tal vez el más escandaloso “globo sonda” es el de la compra de 24 aviones de combate F-16 a un costo de 14 billones de pesos, que equivalen a media reforma tributaria. Si bien se ha dicho que el negocio se estaba adelantando tiempo atrás y que el anuncio solo se hizo hasta ahora, es decir, que el compromiso de esos recursos nada tiene que ver con las lesionadas cuentas fiscales a causa de la crisis económica derivada de la pandemia, el anuncio no pudo caer en peor momento.

El ambiente en la opinión se ha caldeado a tal punto que prácticamente nadie se atreve hoy a defender la compra de los aviones, excepto por supuesto el locuaz y servil ministro de Defensa. Ya veremos en qué termina el episodio, pero es perfectamente probable que la compra se reverse argumentando “sensibilidad social”, “responsabilidad fiscal” o cualquier otra tontería.

Lo cierto es que el Gobierno de Duque ha llevado los “globos sonda” a su máxima expresión, convirtiéndolos en su manera predilecta (o la única) de comunicarse con la ciudadanía. Ello por supuesto, solo evidencia su absoluta falta de liderazgo, su incapacidad para llegar a acuerdos con las distintas fuerzas políticas, su ineptitud para comprender las verdaderas necesidades del país y además su inmensa frivolidad y arrogancia al ejercer el poder.

Es normal que los gobernantes estén pendientes de la opinión, más en tiempos de política-espectáculo, pero Duque ha convertido la demoscopia, las encuestas, las campañas de imagen y el uso de “globos sonda” en su principal (se insiste, si no la única) manera de identificar el pulso de la opinión.

No solo tenemos un Gobierno inepto e irresponsable. Además, es vanidoso, arrogante y necesitado del aplauso permanente de los ciudadanos. Es decir, tras de ladrón, bufón.

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