Todos vivimos en un mundo “positivo”

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Carlos Motta

Manuel Antonio Velandia Mora

Las sexualidades son una construcción cultural con orígenes muy específicos basados en discursos morales, legales y de salud, a menudo no explícitos aun cuando si convertidos en el “deber ser”, sobre lo que es pecado, delito o enfermedad.

Los discursos heteronormativos sobre el sida convirtieron las prácticas homogenitales en estigma, en una huella impresa en la frente de las personas afectadas, no sobrenaturalmente sino socialmente; el erotismo, el deseo, el placer y la genitalidad se hicieron sinónimos de desliz, infracción, transgresión, maldad, vicio, imperfección, flaqueza, perversidad, vileza…

Los artistas inicialmente se negaron a hacer alusiones directas al tema como parte de su producción, pero pronto se dieron cuenta que era necesario romper las ataduras de la moralidad para expresar libremente sus temores, amores y vivencias. Entre la década de los 80´s y la época actual, en Colombia y el mundo, artistas de diversos campos de la creación se autorizaron a crear. El artista Carlos Motta y el historiador Pablo Bedoya recuperaron memorias y experiencias del vih y el sida, a partir de conversaciones con docenas de personas que han trabajado activamente en el tema desde distintos campos, de los años 80 hasta el presente y en diferentes regiones del país en su investigación “Hilos de sangre: historias y memorias del vih/sida en Colombia”.

Carlos Motta habla sobre la exposición “Virosis: arte y vih en Colombia” una muestra de arte que presenta obras de 30 artistas de Colombia que han trabajado en el tema, la cual se exhibe hasta junio en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO). Es egresado del Whitney Independent Study Program (2006), fue nombrado becario de la Guggenheim Foundation (2008) y actualmente es profesor en Pratt Institute Nueva York. Artista multidisciplinario cuya obra indaga en la historia política y social proponiendo contra-narrativas que reconocen grupos sociales, identidades y comunidades cuya voz ha sido suprimida por el poder dominante. Su obra ha sido presentada internacionalmente en Tate Modern, Londres; New Museum, Guggenheim Museum y MoMA, Nueva York; Museo de Arte del Banco de la República, Bogotá; Museo de Arte Moderno de Medellín; Serralves Museum, Oporto; Sala de Arte Público Siqueiros, México; Bienal Internacional de Cartagena de Indias; X Bienal de Lyon; X Bienal de Berlín y otros espacios públicos y galerías privadas alrededor del mundo.

-¿Hay una relación directa entre ser marica, producir arte e interesarse por el sida?

Claro, absolutamente. Evidentemente ser marica también tiene que ver con el arte y con el sida, hay intersecciones entre producir arte y la expresión de las sexualidades diferentes, y también porque hay conexiones entre la homosexualidad y el sida, son conexiones que se tienen que realizar. La historia del arte nos ha mostrado que esas intersecciones han creado grandes contextos de expresión social, política y cultural.

– Sexualidad, salud, arte y sociedad parecen ser temas recurrentes en su obra…

Pienso en contextos sociales interesantes que me han afectado y a partir de los cuales puedo crear reflexiones que se relacionan con estos contextos, pero también con otras cosas; los proyectos para mí son puntos de partida para pensar en procesos de exclusión, señalamiento, inclusión…

– Los procesos sobre los que nos hablas tienen que ver con que te presentas a convocatorias, a una bienal y a partir de ahí diseñas un proyecto…

– Esto puede ser así, pero en algunos casos no es necesario el vínculo institucional. A mí me encanta trabajar en proyectos colectivos, los proyectos surgen a partir de conversaciones, por ejemplo, antes de que hiciéramos esta entrevista, yo estaba hablando sobre el vacío, con referencia a la obra que hay en el segundo piso, yo dialogué al respecto con un arquitecto y con un historiador del sida, conversamos sobre cómo trabajar los tres para crear un monumento que sea una interpretación del presente y que rete las convenciones tradicionales de lo que es o se cree que es un monumento. Pensamos en una obra activada por las condiciones del momento, por ejemplo, habitar el espacio con cuerpos diferentes, utilizando temas de programación…

-Esto implica entonces pensar el arte también de una manera diferente…

– El arte puede crear objetos que estén en el espacio público, ampliando el entendimiento de lo que es arte.

– ¿Cómo llegas a la idea de la exposición “Virosis: arte y vih en Colombia”?

La investigación “Hilos de sangre” la iniciamos hace tres años, únicamente con el deseo de narrar una suerte de historia o de historias sobre el VIH sida, en conversaciones con personas por ejemplo como tú, Manuel Velandia que lleva muchos años trabajando en el tema en Colombia, desde el principio de la epidemia a nivel local y mundial. Una persona con la que he trabajado varias veces es un historiador de arte que hoy está vinculado con una organización que se llama “Mellon Foundation”, ellos están haciendo un ciclo expositivo en América Latina sobre el tema de la desposesión, la desposesión económica, étnica, sexual, la desposesión de todo tipo. Él me dijo que pensara en un proyecto y este era el proyecto perfecto para ellos, para “Penn Mellon Just Futures Initiative”. Le dije a Pablo que era necesario hacerlo porque había un dinero para ello, aun cuando una condición era que las becas no entregan el dinero directamente al artista como persona natural sino a través de una organización, una institución en América Latina. En paralelo, el curador del MAMBO, me había invitado para hacer una exposición de mi trabajo; así, entre una cosa y la otra, yo conté al museo que tenía el dinero y que ellos podían administrarlo; esta es la ruta por la que llegamos a presentar la exposición en Bogotá.

Personalmente ¿cómo te ha afectado el sida?

Me remonto a la primera pregunta de esta entrevista, yo soy de una generación que surgió justo después del sida, para nosotros una relación genital era como un equivalente de la muerte, yo no pude pensar una relación sin pensar en la muerte; es un tema que compartí mucho con mis amigos. No solamente tenía que ver con usar el condón, sino que el placer, el deseo, el erotismo estaban ligados a esa idea de la muerte. En la constitución de mi subjetividad, en la relación con el placer, en las relaciones con los otros, ya sean sexuales, sociales o amistosas, siempre está presente el tema.

El sida le hizo ver a las personas que eran finitas y que la finitud empezaba a estar marcada por el erotismo, por el placer y con el deseo… ¿Usted ha tenido parejas que murieron a causa del sida?

No he tenido parejas que hayan muerto a causa el sida, pero sí amigos. Yo soy una persona que vive en el mundo, en la sociedad, comparto con grupo de artistas y no artistas, estoy en lugares como los bares, las saunas, las discotecas y otros espacios en los que el tema es un punto de conversación. Es algo en lo que he pensado permanentemente y en ese sentido yo no soy, digamos “positivo”, pero soy una persona que ha estado completamente consciente de la realidad; y, aun cuando sé que hay una diferencia entre tener un diagnóstico “positivo” y no tenerlo, en términos físicos, psíquicos y médicos es una realidad que afecta y que me puede afectar.

– Este diálogo sucede en el MAMBO, cuando una persona viene a ver la exposición puede notarse que hay tres espacios, en una está la línea de tiempo, al otro extremo están las obras de los artistas invitados y en medio hay un gran vacío. A mí, poéticamente, me parece una gran forma de presentarlo. Cuando tu presentabas la exposición decías que este espacio de la línea de tiempo no es en sí mismo arte, evidentemente es fundamental para comprender lo que está sucediendo y ha sucedido

La idea de la línea de tiempo cultural es anclar una parte de la investigación en el templo del arte, en el museo, y usarla como una guía sobre cuáles fueron las diferentes expresiones culturales más sobresalientes. Lo más importante no era identificar las obras de arte, por ejemplo, el gran “Caballero”… Es ver cómo se utilizaron las estrategias artísticas y los usos culturales que se hicieron de ellas, cómo circularon. La línea de tiempo ayuda a tener una mirada más informada, asumiendo que puede haber públicos que no conocen nada de nada. Para un experto como tú, es más como una reafirmación de lo que conoces.

Esto es una novedad, usualmente los museos no se interesan por el sida, menos van a dedicar todo un piso al sida y la sexualidad en general suele ser un tema tangencial. ¿Tú crees que ha habido un cambio en la lectura museística o posiblemente fue porque había dinero y era posible hacerlo?

Afortunada o desafortunadamente muchas veces yo logro instrumentalizar el museo a partir de mi capital cultural como artista, esta no es la primera vez que sucede, porque por cualquier motivo yo he tenido la posibilidad de tener un nombre, un prestigio e internacionalmente haber tenido plataformas reconocidas, eso me ha generado precisamente el capital cultural que me lo permite. Yo creo que al MAMBO no le interesa mucho el sida aun cuando le intereso yo. En vez de sentarme a cosechar los frutos, para mí ha sido muy importante generar una instrumentalización del museo y que haya una conversación pública sobre los temas de mi interés.

 

– Hay una exposición tuya que se llama “Estigmata” en la que hay un número amplio de imágenes polémicas y en algunas de ellas evidentemente se nota que “te cabe mucho mundo en el cuerpo”… ¿Tú crees que la gente está preparada para una experiencia que puede ser una disputa con las ideas más tradicionales sobre el cuerpo y las corporeidades?

Cada persona tiene una experiencia diferente con el arte y con el cuerpo. En la reunión con los mediadores, que son chicos jóvenes artistas, fue muy interesante poder resolver algunas “duditas”, ellos mismos tenían vacilaciones sobre cómo hablar al respecto.

Conversaciones en los museos

 En Colombia, como en otros lugares del mundo, las personas y los museos deben prepararse para acercarse a los temas de la vida cotidiana; el cuerpo y sus dolencias son algunos de ellos. Los museos deben generar conversaciones que son necesarias, esta exposición es una importante manera de analizar modelos de gestión política, social y cultural que la crisis del sida desató en la sociedad y en los artistas en particular.

Como afirmara hace 15 años Rut Martín Hernández de la Universidad Complutense de Madrid (España): “El gran impacto y repercusión de la epidemia de sida en la sociedad contemporánea han impulsado unas manifestaciones artísticas con unas preocupaciones comunes. Obras que parten de unos planteamientos conceptuales e iconográficos que inciden en la necesidad de acabar con la representación que, desde las primeras etapas de la epidemia, ha estigmatizado a enfermos y seropositivos. El cuerpo se convierte así en el espacio privilegiado a través del cual plantear cuestiones de índole identitario, social y político para romper con las imágenes que, todavía hoy, siguen estando presentes en el inconsciente colectivo”.