Todo un siglo de combate

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Un militante comunista vende ejemplares de Mundo Obrero tras la legalización del PCE en 1977

Cumple cien años el Partido Comunista de España, agrupación revolucionaria que encabezó la lucha antifascista y que fue fundamental para la superación de la dictadura en España. Desde las calles y desde el Gobierno, hoy el PCE continúa en la lucha por el socialismo

Roberto Amorebieta
@amorebieta7

El 14 de noviembre el Partido Comunista de España cumple 100 años de existencia. Ha sido un largo recorrido en el que miles de hombres y mujeres han dedicado su vida a la construcción de la sociedad socialista. En palabras del secretario general del Partido Comunista de Euskadi, Jon Hernández, el PCE tiene los mismos objetivos que se trazó cuando fue fundado: conquistar el socialismo, es decir, construir una sociedad sin clases donde no haya explotación del hombre por el hombre, o en palabras más actuales, de las personas por las personas.

Miles de militantes han dado testimonio durante el último siglo del empeño, disciplina y compromiso del PCE con la transformación social: Entre muchos se cuentan a la entrañable Dolores Ibárruri, Pasionaria, fundadora del Partido y figura imprescindible en la historia de las luchas sociales del siglo XX.

Pero también deben mencionarse los nombres de Antonio García Quejido, su primer secretario general; César Falcón, peruano, primer director del periódico Mundo Obrero fundado en 1930; Cayetano Bolívar Escribano, su primer diputado elegido en 1933; Enrique Líster, Valentín González (El Campesino), Francisco Galán y Juan Modesto, héroes de la Guerra Civil; Santiago Carrillo, quien orientó el paso a la legalización tras la dictadura.

Vicente Uribe y Jesús Hernández, ministros durante la II República; José Castro Veiga, el valeroso maquis o guerrillero antifranquista; Julián Grimau, el decidido jefe de los servicios de inteligencia republicanos y fusilado por la dictadura en 1965; Marcelino Camacho, fundador del sindicato Comisiones Obreras; Julio Anguita, fundador de Izquierda Unida y Enrique Santiago, secretario general desde 2018 y un incansable luchador por la paz de Colombia, quien como asesor jurídico de las Farc fue uno de los artífices del diseño de la JEP.

El catedrático José Luís Martín Ramos en su libro Historia del PCE sostiene que tres son los elementos que le han permitido al Partido permanecer vigente durante un siglo: primero, el carácter y razón de su fundación, segundo, la evolución no lineal que ha tenido y su capacidad de adaptación y de rectificación y tercero, su arraigo y capacidad de articulación con la clase trabajadora.

La fundación

Su fundación no fue únicamente producto de una escisión del PSOE, como lo sostiene la historiografía convencional. Si bien el Partido surge de la unificación entre las Juventudes Socialistas -esas sí, una escisión del PSOE- que forman el Partido Comunista Español en 1920 y el Partido Comunista Obrero Español fundado en 1921, la fundación del PCE en realidad fue el resultado de un momento político sumamente convulso en Europa y en todo Occidente.

Recordemos que por aquellos años la Segunda Internacional se hallaba en una crisis profunda debido al apoyo que los partidos obreros dieron a sus respectivos gobiernos en la Primera Guerra Mundial, mientras los sectores más radicales clamaban por el internacionalismo proletario y el antibelicismo.

La Revolución de Octubre, por su parte, había tenido un enorme influjo en las luchas sociales de todo el mundo pues demostró que el socialismo no era una utopía sino un proyecto posible; complejo sí, pero posible.

En 1917 por ejemplo, se llevó a cabo una importante huelga general en España, el movimiento republicano y los movimientos nacionalistas periféricos (vascos, gallegos y catalanes) estaban en ebullición, se convocaban juntas secretas entre los oficiales del ejército para conspirar contra la hegemonía de los oficiales superiores emparentados con la aristocracia y en general, España vivía una situación prerrevolucionaria que explica, en palabras de Mauricio Valiente, responsable de memoria histórica del Partido, que la fundación del PCE no fue una simple escisión sino la materialización de una realidad política emergente.

Rectificaciones y adaptaciones

En un principio, el PCE se llevó consigo a muchos militantes del PSOE pero sin duda tuvo un trasegar difícil, en especial en sus primeros años. Fue víctima de la represión oficial y de la ilegalización, que se presentó tres veces: durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), el bienio negro (1934-1936) y la dictadura franquista (1939-1977). En un principio, el PCE fue un partido pequeño y marginal debido, en buena medida, al sectarismo propio de la época.

Por ejemplo, la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, no fue acompañada por la dirección del PCE que se distanció calificando a la niña bonita de “república burguesa” y llamando a la conformación de soviets. No obstante, en el Congreso de 1932 hubo un cambio en la dirección, que comprendió la necesidad de superar el sectarismo y, en palabras de Pasionaria, “el infantilismo izquierdista”.

Se impulsó así una política amplia de convergencia que aprovechó las oportunidades democráticas que se presentaban y se desarrolló una nueva forma de trabajo político que buscó la conformación de una gran convergencia con todas las fuerzas de la clase trabajadora.

A causa de años de persecución, en 1931 el PCE era un partido pequeño y casi marginal que tenía unos mil militantes. Gracias a la legalización, logró crecer hasta los 9.000 y la política de masas de la nueva dirección logró que al año siguiente creciera hasta los 15.000. En 1934 volvió a la clandestinidad con 20.000 afiliados y en 1936 cuando el Frente Popular recuperó el gobierno contaba con 30.000. A finales de ese año, ya en el poder, había crecido hasta los 100.000.

Durante la Guerra Civil, el Partido prácticamente hegemonizó la resistencia antifascista siendo el eje articulador del Ejército Republicano a través del recordado Quinto Regimiento, asumiendo cabalmente sus responsabilidades en la administración pública y acertando en la propuesta estratégica: primero ganar la guerra y después hacer la revolución.

El arraigo

Durante la dictadura, el Partido encabezó la oposición al régimen de Franco y la lucha antifascista. Desde 1939, el PCE optó por la lucha guerrillera y clandestina, pero en 1960 fue elegido Santiago Carrillo como secretario general, quien propuso la política de “reconciliación nacional”, que no significaba perdón y olvido sino una estrategia para llegar al conjunto de la población y hacer que se sumase a la lucha antifranquista. A partir de ese momento, el PCE diversificó sus frentes de lucha, participando en movimientos feministas, de vecinos, espacios culturales, universidades y sindicatos.

La llamada “Transición” a la democracia tras la muerte de Franco fue un momento difícil para el PCE de adaptación a la legalidad, pues tuvo que dejar atrás su carácter jerárquico y casi militar -necesario para sobrevivir en la clandestinidad- y comenzar a afrontar debates y divisiones internas. Sin embargo, es innegable su aporte a la superación de la dictadura y a la construcción del Estado de bienestar en España.

Es cierto que no se logró todo lo que se pretendía, no se ha podido aún hacer la revolución, pero en palabras de Julio Anguita, “se hizo lo que se pudo”. Los avances en justicia social no han sido una concesión, han sido producto de la movilización social que derrotó a la dictadura y se ha mantenido desde entonces con el acompañamiento del PCE.

Hoy el Partido es una realidad en los movimientos sociales, los sindicatos y los gobiernos. Se ha reconstituido cuando ha debido pero ha sido coherente y sigue apostando por la transformación social. Muchas veces lo han dado por muerto pero sigue peleando y apostando por el socialismo.

Larga vida al PCE. ¡Salud y República!