Teoría marxista del valor a la luz del Manuscrito M

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Lo importante es aprehender el valor en el marco de la totalidad del sistema capitalista y no desde compartimentos aislados y sucesivos. Por ello, una mercancía deja de serlo en cuanto ha sido abstraída de su relación de valor

Miguel C. Espinosa Ardila

El Manuscrito M contiene la Einleitung (Introducción), y siempre se ha utilizado por sus consideraciones metódicas. Es oportuno decir que se ha asignado a los Grundrisse, así como queda plasmado en la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA) o la Marx-Engels Werke (MEW), conducta que ha seguido la edición de Siglo XXI; sin embargo, acogemos la postura de Michael Heinrich: “tal y como queda señalado también en el prólogo de 1859, es una introducción a una obra de carácter más general sobre la crítica de la economía política”1.

Aunque famosa, no siempre se ha atendido con la rigurosidad deseada en los apartados anteriores al método, por lo que nos proponemos abordar la teoría del valor a la luz de ella (en la medida que el espacio lo permite), pero en un sentido específico: respecto de las relaciones entre la producción, la distribución, la circulación y el consumo.

Pues bien, en febrero de 2019 publiqué en este medio un artículo2 defendiendo la interpretación de Heinrich en lo concerniente a la imposibilidad del contenido del valor y del trabajo abstracto en mercancías singularmente consideradas. Mi trabajo generó tres respuestas (Consideraciones sobre la ley del valor (I) y (II), de Reinaldo García, en abril, y Debates sobre la teoría del valor, de Alberto Maldonado, semanas después). Consideré innecesaria una respuesta dado que Maldonado, a quien en esa época no conocía, había precisado los puntos fundamentales del debate.

Falsa disyuntiva

Lo anterior lo retomo porque sobre ese supuesto trabajaremos, es decir, en escapar del debate de dónde “surge” el valor, si en la producción o en el intercambio. También señalé que era una falsa disyuntiva interrogarse ese “surgimiento”, porque olvidaba la forma de valor, y, esbocé que, metódicamente hablando, escindía en “esferas separadas a la producción de la circulación”. Este planteamiento es el que vamos a retomar, es decir: ¿cómo se determina el valor en un todo orgánico como la sociedad capitalista?

Marx señala que, como idea de la inmediatez, en la esfera de la producción los miembros de la sociedad hacen que la naturaleza satisfaga necesidades humanas; en la distribución, se determina la proporción en que los individuos participan de aquellos; en la circulación, cada individuo se apropia de los productos particulares de acuerdo con la cuota correspondida en la anterior; y, en el consumo, hay una apropiación individual3.

Sin embargo, más adelante comienza a analizar cada momento en relación con los demás: la producción es consumo, y con él se realiza el acto de producción; la distribución es un supuesto para la producción, aunque aquella sea realmente su producto, y que ésta sea lo determinante; la circulación es un acto incluido en la producción, pero en su sentido más general, es ésta la que determina el cambio.

Por eso, el resultado es que no son identidades inmediatas sino articulaciones diferenciadas de una totalidad; que la producción determina a las otras esferas; pero, al tiempo, la misma producción está determinada por los otros momentos. Marx ha protestado cuando se consideran esos momentos unilateralmente: “La rusticidad y la falta de conceptualidad yace, justamente, en relacionar de forma casual el todo que permanece orgánicamente unido, en correlacionar una conexión puramente reflexiva”4; y, también: “considerar a la producción prescindida de la distribución que ella se encierra es evidentemente una abstracción vacía”5.

Abstracción vacía

Ahora, no es que el valor “surja” en la producción y que luego se “realice” en la circulación, pues ello supondría considerar la producción, la circulación, la distribución y el consumo como identidades inmediatas, es decir, bajo la rúbrica que Marx colocaba a los economistas de su época. En ese sentido, no puede existir valor en una sociedad que no produzca para el intercambio, esto es, en una sociedad no-capitalista, y en ella se supone una forma de distribución: “Si no estuviese el trabajo determinado como trabajo asalariado, entonces la forma en la que toma parte el producto aparecería, no como trabajo asalariado, sino como, por ejemplo, esclavitud”6. Analizar el valor por fuera del supuesto de la distribución es una abstracción vacía. Por el contrario, el procedimiento de Marx es hacer abstracción de los supuestos, de acuerdo con la forma en que aparezcan críticamente las categorías de la economía política, a fin de no anticipar sus resultados, lo cual nos lleva a la idea de por qué no publicó este Manuscrito que comentamos.

Lo importante es aprehender el valor en el marco de la totalidad del sistema capitalista, y no desde compartimentos aislados y sucesivos. Por ello, una mercancía es sólo valor de uso en cuanto ha sido abstraída de su relación de valor, pero lo que aparece como una abstracción expositiva no sucede en la realidad: todo valor de uso ha sido producido, en la sociedad capitalista, para el cambio. Por fuera de esa condición, no es mercancía, ergo, no es valor.

Nuevas preguntas

Una sociedad que produzca enteramente para el cambio supone a la sociedad capitalista: “Si hubiésemos investigado más: bajo cuáles circunstancias adquieren todas o incluso la mayoría de los productos la forma de la mercancía, entonces se hubiese encontrado que esto solo ocurre completamente en un modo de producción específico, en el modo de producción capitalista”7.

Es sobre la base del capitalismo que encontramos unos supuestos que al analizar el valor estaban implícitos y sólo posteriormente se explicitan: que la producción determina los demás momentos, pero que ella al tiempo está influida por ellos; que si las mercancías no satisfacen necesidades humanas en la esfera del consumo, entonces, esos productos del trabajo no pueden adoptar la forma de mercancía, y por tanto, no tienen valor; que la producción tiene una forma de distribución supuesta; y, que la esfera del intercambio no es autónoma pero sólo en ella existe una objetividad del valor.

La conclusión no puede ser otra que abordar la teoría del valor por fuera del marco impuesto por una lectura tradicional, y el prerrequisito básico para ello es una vuelta a los propios textos de Marx. Nuevas respuestas para viejas preguntas ya no son suficientes; se requiere nuevas preguntas para respuestas obsoletas.

1 Heinrich, Michael. El Capital tras la MEGA: sobre discontinuidades, rupturas y nuevos comienzos. En: Sociología histórica, 2018, no. 9. p. 71.

2 Espinosa, Miguel. Crítica del enfoque sustancialista del valor. Recuperado de: https://semanariovoz.com/critica-del-enfoque-sustancialista-del-valor/

3 Marx, Karl. Einleitung zu den „Grundrissen der Kritik der politischen Ökonomie“. En: Marx, Karl; Engels, Friedrich. MEGA. Vol. II.1. Berlin: 2006, Akademie Verlag. pp. 20 y ss. Las traducciones del alemán corresponden al autor.

4 Ibíd. p. 25.

5 Ibíd. p. 33.

6 Ibíd. p. 31.

7 Marx, Karl. Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Erster Band. Hamburg 1883. Vol. II.8. Berlin: Diez Verglag, 1989. p. 185.