Teófilo Forero Castro: un hombre, un rostro, una historia…

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Ilustración de Yuldor Lizarazo.

Semblanza del dirigente comunista intachable, carismático, fraterno, incansable y disciplinado que entregó su vida por la clase trabajadora y la lucha por los más necesitados

Andrea Forero

Un lunes 27 de febrero de 1989, después de asistir a un pleno del Partido Comunista Colombiano, a sus 52 años, Teófilo es asesinado junto a su compañera Leonilde Mora, José Toscano, conductor y dirigente viviendista, y Antonio Sotelo quien era miembro del Comité Central de la colectividad revolucionaria y dirigente regional de Córdoba. Los hechos ocurrieron en el Asadero la Brasa Roja del barrio Santa Isabel en Bogotá. Teófilo recibió 28 impactos de bala. Él entregó su vida a los trabajadores, a los obreros, a la lucha popular y a la búsqueda incansable de los caminos de la paz.

Pero detrás de Teófilo se esconde una historia de luchas y resistencia. El dirigente popular nació el 10 de diciembre de 1937, la misma fecha en que la comunidad internacional celebra el Día de los Derechos Humanos. Nació en el Municipio de Natagaima, Tolima, al oriente de la Vereda Tinajas, territorio que hoy sigue siendo de difícil acceso, pues el único medio para ingresar se hace por el río Magdalena en una barca (planchón) y, luego, se toma la trocha que apenas demarca levemente las líneas de ingreso, y a mitad de camino, en uno de los caseríos, atraviesa la quebrada que cuando llueve hace imposible el acceso a la vereda.

La historia

De extracción campesina y rasgos indígenas pijaos, sus padres fueron Florencio Forero y Ana Julia Castro, siendo el quinto de siete hermanos; ingresó a la Escuela Rural Tinajas donde cursó hasta segundo de primaria, mientras la violencia arreciaba por esos lares. Los pájaros y chulavitas tenían el dominio de los campos tolimenses.

La familia Forero Castro creció en medio de la abundancia, de la lucha y de la resistencia campesina, la guerra era permanente y por estas circunstancias, Teófilo decide marcharse de su tierra junto a su hermana Lucy, con quien tenía una gran camaradería. Llegan a Bogotá a vivir en una habitación, donde logra incorporarse en la industria metalúrgica y empieza a inquietarse por las labores sindicales y obreras que se tejían.

Dirigente comunista

Ingresó al Partido Comunista en los años sesenta. Su argumento siempre era: “es necesario cambiar los caminos capitalistas de nuestro país y dirigirnos hacia las sendas populares, para el pueblo y por la vida”. Pasó de ser un obrero metalúrgico a ser dirigente sindical, fue allí donde fundó la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia, CSTC, fue presidente de la Federación Sindical de Trabajadores de Cundinamarca Festrac, y delegado de la Organización Internacional del Trabajo, OIT.

Su espíritu revolucionario, infatigable y disciplinado lo impulsó a ser el promotor del primer Paro Cívico Nacional el 14 de septiembre del 1977, cuyo pliego de peticiones estaba encaminado a mejorar las condiciones salariales, a la suspensión del Estado de Sitio y a la congelación de los precios de los productos de primera necesidad y de las tarifas de servicios públicos. Su empeño popular lo impulsó a ser concejal de Bogotá por varios periodos y también diputado a la Asamblea de Cundinamarca.

Un padre revolucionario

Luego, pasó a ser el secretario nacional de organización del Partido Comunista Colombiano, donde siempre se caracterizó como un ser humano intachable, carismático, fraterno, incansable y disciplinado. Era tan comprometido con su labor como comunista que visitaba a sus compañeros en las horas de la madrugada para verificar el cumplimiento de las tareas partidarias.

Tuvo tres hijos: Galia, Mario Alexander, y Ruby Andrea. Fue un padre amoroso, comprometido y ejemplar, transmitió a sus hijos la virtud de la solidaridad, la humildad, la sencillez y la lucha por los más necesitados. Poseía una gran característica, su sonrisa amplia y sincera.

Y, aunque era consciente del riesgo que corría su vida, nunca dejó de lado la lucha popular ni su accionar político, democrático y revolucionario.