Tal vez en la próxima década

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Pablo Arciniegas

1984, la novela de George Orwell, está escrita en pasado. En algún punto ―el lector jamás lo sabe―, el régimen del Gran Hermano acaba. Al parecer, el autoritarismo, la burocracia y la propaganda conocen su límite, y por alguna fuga los ciudadanos del imaginario continente de Oceanía lo desobedecen. Me pregunto, a muy pocas horas para comenzar el 2021, si en algún año de la próxima década llegará ese momento para Colombia.

Después de todo, aquí también llevamos casi 370 años bajo el régimen del empobrecimiento, que no da luces de tambalear ni desaparecer. Hago cuentas desde 1650, porque en esa época aparecieron los resguardos indígenas en los documentos oficiales de la Corona. Supuestamente, con ellos iban a evitar que la población nativa desapareciera, pero más bien sirvieron para que las familias que concentraban el poder se quedaran con sus tierras, y pudieran utilizar a la gente que moría de hambre como mano de obra barata y como una masa ciega y obediente.

A pesar de ideas como la paz, la democracia y la igualdad, que están hasta consignadas en nuestra Constitución y en los discursos de los gobernantes de todos los partidos de toda nuestra historia, el proyecto de Estado colombiano no ha apuntado a algo distinto más que esto: a que haya más pobres. Y si no me creen, vean como la administración pública huele a esta ideología.

Las vacunas para el COVID del próximo año, concentrémonos en ellas. Iván Duque ha dicho que habrá para todos ―menos para los venezolanos no regularizados, lo cual tiene muy poco sentido, si de verdad quiere bajar el contagio―, pero jamás va a decir que las millones de dosis con las que saca pecho son una especulación. Es decir, todavía no existen, no se han producido y, en algunos casos, hasta están todavía en fase de desarrollo.

¿Llegaran? es la promesa con la que los políticos tradicionales van a actualizar su portafolio para el 2022. Mientras tanto, un 2021 de más despidos, más necesidad, más crimen y violencia y más políticos, de nuevo, prometiendo mejorar la seguridad y la educación (¡carreta!), y más brutal la Policía y el Ejército, si es el caso. Pero los más satisfechos serán los dueños del poder que administran este país como una hacienda. Dichosos porque el valor de la mano de obra se mantuvo por debajo de lo que se necesita para comer.

Otra joyita: las irregularidades que se hicieron públicas sobre Hidroituango, donde la EPM, el Consorcio CCC Ituango y la gobernación de Antioquia se amangualaron para recortar hasta del presupuesto de los tornillos de la represa, que por negligencias de este tipo se vino abajo en 2018 y sepultó ―o mató, mejor dicho― al río Cauca con sus ecosistemas y con la economía de veinte municipios. Ya quiero escuchar las insípidas explicaciones que les tienen preparadas a las miles de familias empobrecidas por esta catástrofe para el 2022.

De modo que estamos congelados en el tiempo. Pero, paradójicamente, también estamos a la puerta de una década donde Colombia o camina a su propia destrucción o realmente se transforma, no hay centros ni más matices. Porque a desafíos como la despenalización de las drogas y su entrada a los mercados, el cambio climático, las pandemias que vienen y vendrán, y la escasez del combustible y del agua que ya está cotizando no se les puede dar una solución de hace tres siglos.

Es hacer ficción sobre la ficción pero me da esperanza saber que aunque la obra de Orwell se anticipó a las aterradores formas en cómo hoy somos gobernados, también es un mensaje claro de que el poder no es eterno. ¿Cuándo será el turno para que se acabe el régimen del empobrecimiento en Colombia? Ojalá sea pronto, tal vez en la próxima década.

Epílogo

No siempre vamos para atrás. Thoreau decía que el progreso lo consiguen los ciudadanos y no los gobiernos. Esta, mi última columna del 2020 está dedicada a ellas, ellxs y ellos: la sociedad civil, los líderes sociales, los periodistas independientes y los profesionales y artistas que hacen oposición. El poco progreso que gozamos se los debemos a su tiempo, y en Colombia, a sus dolorosos sacrificios.