Sócrates, Antígona, Espartaco: obediencia y desobediencia a la injusticia

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Alegoría de Antígona.

Las tensiones entre la legitimidad y la ilegitimidad, individuo y Estado, la ley y la justicia, el derecho a rebelarse y la represión, la reflexión filosófica y el poder de la clase dominante, la tiranía y la libertad, la injusticia y la justicia.

Alegoría de Antígona.
Alegoría de Antígona.

Rubiel Vargas Quintero

El sujeto de la moral autónoma surge con la configuración de un “fuero interno” que se refleja en la realidad de la sociedad. En los momentos de crisis histórica, cuando la moral social aparece inadecuada, inservible o injusta, el hombre para salvarse, al menos como persona individual, acude a ese “fuero interno” refugiándose en la intimidad de su conciencia, provista de ciertos principios en virtud de los cuales rige su vida. Amolda su conducta a esos principios, teniendo así una base para formular juicios morales acerca de sí mismo y de cuantos lo rodean.

Obediencia y desobediencia al derecho

La antítesis entre la “moral social” y el “fuero interno” es vivida dramáticamente por Sócrates, quien no zanja la pugna de un modo individualista, sino que se mantiene como observante a la vez de ambas exigencias: la personal y la social.

Sócrates y la obediencia al derecho

A Sócrates se le sigue un proceso judicial, juzgado por 500 hombres designados para este caso, que termina con la pena de muerte. Los cargos que le imputaban eran los de “impiedad” y “corruptor de la juventud” por su filosofía callejera, mayéutica, irónica e inductiva de “solo sé que nada sé”. Critón, amigo de Sócrates, le propone un plan para realizar la fuga y de esta manera burlar la sentencia de muerte. Enseguida, a la mejor manera socrática, introduce “que la ley y la sentencia se deben acatar así resulten injustas, para evitar la subversión de la polis”. El interés general de la ley y la sentencia tienen mayor grado de validez y jerarquía que el interés particular del individuo.

Las tensiones entre la legitimidad y la ilegitimidad, individuo y Estado, la ley y la justicia, el derecho a rebelarse y la represión, la reflexión filosófica y el poder de la clase dominante, la tiranía y la libertad, la injusticia y la justicia son dilemas a los que las sociedades le buscan salidas. La sociedad y el Estado no podrían subsistir si el cumplimiento de la ley queda al arbitrio del individuo y no se reconoce la validez de las sentencias judiciales. Con Sócrates se introduce el criterio de la obediencia al derecho, así este sea injusto.

Antígona y la desobediencia

El profesor Hernán Ortiz R., en su texto “Obediencia al derecho, desobediencia civil y objeción de conciencia”, dice: “Razón tienen quienes califican a la ‘celestial’ Antígona como la figura más augusta que jamás pisara la Tierra”. Personaje de la literatura griega, portavoz de la tragedia de amor y dolor que encarna, al mismo tiempo, valores morales, políticos y jurídicos de plena actualidad.

Es bien conocida la trama de Antígona, hija de Yocasta y Edipo, en la corte de su tío Creonte, que subió al trono tras la desaparición de dos hermanos de ella, Polinices y Eteocles, quienes se dieron muerte luchando por el reino. Creonte decreta bajo pena de muerte no dar sepultura a Polinices, orden legal que desobedece Antígona, basada en las leyes divinas que están por encima de las humanas. Por razones filiales y el derecho inviolable de la sepultura. Antígona reconoce su “crimen piadoso” y prefiere ahorcarse antes que recibir la condena.

En la Antígona de Sófocles se presenta un conflicto trágico entre la ley del Estado y la conciencia; esta sucumbe ante el derecho estatal. Antígona se enmarca en la desobediencia al derecho, es objetora de conciencia, porque su conducta es una expresión individual, funda su desacato en la propia conciencia. No ejerce violencia, no tiene una actitud agresiva, sólo apela a la conciencia, la fidelidad a unos principios culturales, morales y religiosos.

Es una actitud privada; ejerce el derecho y se toma la libertad de rechazar una norma jurídica sin cuestionar el orden constitucional donde imperan las leyes divinas que se fortalecen en la conciencia. La “santa del paganismos helénico” se puede considerar como la figura literaria que plasma las características de la desobediencia civil y la primera objetora de conciencia.

La cultura pagana, tanto la oriental como la grecorromana, sacralizó el poder, considerando la ley como emanación divina, no dejando así lugar para la conciencia del individuo. En esta estructura irrumpe el cristianismo con un mensaje mesiánico que anuncia la total liberación del hombre, reivindicando firmemente la autonomía de la conciencia respecto al poder político. La nueva religión afirma la existencia de una divinidad que trasciende los límites de la ciudad y plantea que el hombre se compone de un cuerpo y un alma, y si bien el cuerpo está necesariamente sometido a la autoridad temporal, el alma depende sólo de Dios.

El ciudadano tiene dos vasallajes: uno, la autoridad civil y otro la autoridad religiosa o directamente Dios. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Es más justo obedecer a Dios que a los hombres; de allí que los primeros objetores de conciencia en sentido amplio fueran los cristianos, al rehusar el culto a los ídolos como cualquier acto no acorde con los principios religiosos.

Rebelión de los esclavos

El nombre de Espartaco se encuentra relacionado con la rebelión de los esclavos. Se alzaron en armas contra el mayor imperio del mundo, la antigua Roma. Los motivos que lo llevaron a rebelarse fueron las injusticias, la crueldad en las condiciones de vida que sufrían, la diferencia de clases marcada en la sociedad romana. La injusticia llevó a Espartaco a asumir y llevar a la acción el ideal de libertad contra las formas de opresión y tiranía.

Su deseo de ser libre, de liberarse de las cadenas de la esclavitud, de regresar a su patria que lo vio nacer y poder vivir sin pertenecerle a otro era su gran desafío. Por esto y otras razones se le ha considerado el líder de la gran rebelión de los esclavos. Su levantamiento ha sido el símbolo de la libertad. La rebelión es un derecho de los pueblos a levantarse contra el opresor y la tiranía.