Hasta siempre al poeta

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Ernesto Cardenal sacerdote, teólogo y una de las figuras más visibles de la revolución Sandinista falleció en Managua, Nicaragua, a los 95 años

Luz Marina Silva

Tomás Borge, comandante de la Revolución Sandinista, afirmó una vez: “Hablar de Ernesto Cardenal es lo más fácil y lo más difícil”. Efectivamente, Ernesto Cardenal no admite simplificaciones. Cardenal, una de las figuras más visibles de la Revolución Popular Sandinista expiró este primero de marzo del 2020 en Managua dejando como certeza la importancia que tuvo y sigue teniendo su pluma para las ideas emancipadoras en Latinoamérica.

Su boina negra, barba blanca y gafas gruesas, son elementos visuales que juntos se convierten en una suerte de argumento caminante, una verdad histórica y latente que por asociación directa se enlaza con la Revolución Sandinista, aquella gesta que en su momento estremeció a una Latinoamérica que contemplaba conmovida a aquel pueblo materializando el sueño por el que a lo largo y ancho de la región, miles de jóvenes se encontraban dando la vida, poniendo el pecho por una causa que en Nicaragua se hizo verdad.

Poesía y revolución

Ernesto Cardenal en sí mismo encarna dos valores míticos de su patria: poesía y revolución, la primera en la pluma de Rubén Darío y la segunda en la lucha antiimperialista de Sandino, dos tradiciones, dos herencias de nación que vienen a presentar esa dualidad de un país que se ve y se entiende en sí mismo como una tierra de lagos y volcanes, donde un pueblo puede pasar de ser tan calmo, placentero y pacífico como un lago, a insurgente, rebelde y explosivo como un volcán.

Desde su dimensión religiosa, la participación de Ernesto en la teología de la liberación lo ubicarían al lado de la iglesia popular perseguida y masacrada de la Centroamérica de entonces, pero aquel compromiso tuvo un costo para el poeta, que en el contexto de una Revolución victoriosa se hizo evidente con la amonestación pública que le hiciera Juan Pablo II cuando visitó Nicaragua en 1983,  tanto por su militancia en la Teología de la liberación como por su participación como Ministro de Cultura de la Revolución. Los sectores reaccionarios de la jerarquía católica nicaragüense serían los sectores más interesados en que el vaticano sancionara a un sacerdote que en la práctica demostraba que entre cristianismo y revolución no había contradicción.

Contradicciones de un hombre instrumentalizado

Lamentablemente leer la política como antinomia y vivirla desde sus contrastes dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, como un ejercicio necesario para todo instrumento político, fue una idea que no maduró en Ernesto Cardenal. Era preferible contar con sus criterios como contrapeso a otras perspectivas que, verlo funcional a los enemigos históricos más que del FSLN, de la Revolución misma.

Su figura apoyando a Fabio Gadea, candidato de la derecha en el 2011, o su partido, el Movimiento Renovador Sandinista que celebró el golpe de Estado en Bolivia, son solo algunos elementos poco mediatizados más allá de las fronteras de Nicaragua. Dicho de otra forma, el Ernesto Cardenal que apoyó a la Revolución Bolivariana, en Venezuela, hizo coro con los enemigos de la Revolución Bolivariana para atacar al Frente Sandinista. ¿Esto anula su aporte? En lo absoluto, ¿Lo ubica a la derecha? Tampoco.

Pero es seguro que esa oposición de derecha oportunista, golpista, que estigmatiza a la Revolución como “la primera dictadura”, explotará – una vez más- otro símbolo de la Revolución, ahora en la figura del poeta, instrumentalizando al hombre al que en vida y en sus mejores años odiaron por su compromiso revolucionario. Pero aquí nos quedamos con el recuerdo del militante sandinista de izquierda y su aporte cultural a la historia rebelde de Nicaragua.