Señor Bongó

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Roberto Roena

El mundo despide al sonero del pueblo, al bailarín, al bongosero mayor de la salsa: Roberto Roena

Carolina Tejada
@carolltejada

“Debo informar que el gran padre del Museo de la Salsa acaba de fallecer”, escribió la noche del jueves pasado Carlos Molina director de esta institución ubicada en el conocido barrio Obrero de la sucursal del cielo a la que Roberto Roena, el bailarín y bongosero mayor, apadrinó por varios años luego de que Cali, la capital de la salsa le robara un pedazo de su corazón. Roena, “se mudó al otro barrio”, como decía Rubén Blades cada que despedía a un amigo, en la noche del jueves en Puerto Rico, producto de un paro cardíaco a sus 81 años de edad. Así se lo hizo saber Brenda, hija del artista a Carlos Molina y quién junto a su hermana lo acompañaron hasta los últimos momentos.

Un hombre integral

Esta leyenda de la salsa desde niño demostró sus habilidades para el deporte, para el baile y la música. Pero su mayor inspiración la puso en el lugar desde el que hoy el mundo de la salsa lo despide. Tenía 9 años cuando empezó como bailarín, tirando paso entre rutinas de mambo y chachachá al lado de su tío Aníbal “Andy” Vázquez, bailarín profesional y quién fue también su maestro, y de su hermano “Cuqui” Lebrón, en la Sultana del Oeste, a los dos los conocían como “Los Mambo Flashes”.

A los 14 años y luego de verlo en un programa de televisión como bailarín, Rafael Cortijo se comunica con su mamá para que lo deje bailar en su orquesta, entre los años 1954 a 1955. Es con Cortijo con quien aprende de percusión, mientras están trabajando en “El Show de Cortijo y su Combo” al lado del cantante Ismael Rivera, en un programa semanal de televisión. Ese sería el picante que le faltaba al artista para que tiempo después se ganara el apodo de “señor bongosero”, el promotor de la música afroantillana, de las historias cotidianas de la población más pobres y de los rincones más negados, en particular de su Puerto Rico eterno.

El señor Bongó, luego de su paso por el Cortijo, de donde salió luego de disgustos por situaciones en las que se vieron involucrados integrantes de la orquesta, se reúnen en la sala de su casa, en sus propias palabras “era el único soltero del momento y también el más joven” así que ese fue el epicentro de las reuniones que dieron como resultado el Gran Combo de Puerto Rico.

Se armó una junta en la que él era el secretario, y en colectivo se tomaban las decisiones sobre la agrupación.  Luego se vinculó al sello Fania All Stars a inicios de los años 70, con quienes, a pesar de las diferencias que la historia musical de este género va a conocer con quienes dirigían el sello, se mantuvo dando sus mejores espectáculos a nivel mundial “soy el único que no he faltado a un concierto de la Fania” decía, mientras argumentaba que la música era la música y esa era parte de su respeto por lo que hacía.

Uno de esos eventos que marcaría para la historia su paso por la Fania, sería el concierto que dieron en África en 1973. Sonaba la canción Ponte Duro, no pasaron dos minutos de iniciado el tema y tan pronto acabaron los coros en los que estaba Héctor Lavoe, el Bongó de Roena se ganaba las miradas del público, los demás artistas en la tarima lo rodearon mientras lo seguían con las palmas, y al ritmo de su son calentó el ambiente por un poco más de tres minutos.

Espectáculo que no termino ahí, pues luego de hacer una seña al timbalero para que siguiera el ritmo, Roena con sus zapatillas blancas estaba “brillando baldosas” en el escenario, haciendo piruetas al mejor estilo del bailarín y lo que podría asociarse al “break dance’. “Los anormales” atacaron esa noche cada uno con su instrumento y estilo, como Rey Barreto con su conga, pero el espectáculo fue de Roena.

El sello Roena: “con los pobres estoy”

Roena, conformó su propia orquesta «Los Megatones» y dos años después retirándose definitivamente del Gran Combo, y desmarcándose de varios estilos creó Apollo Sound, nombre que le dio a la agrupación por la coincidencia del primer ensayo que tuvieron con el lanzamiento del cohete a la Luna, el 16 de julio de 1969. El primer disco que lanzó Roberto Roena con su orquesta Apollo Sound dejó varios éxitos para la historia «Tú loco loco y yo tranquilo», «El escapulario» y «El sordo».

De las grandes orquestas recogió experiencia, perfeccionó su son y por sobre todo comprendió que lo que quería era imponer su propio estilo. Mientras las orquestas de salsa como las del sello de la Fania en New York mantenían una estructura que consistía en sonoras, trombones, o combinaciones de trompetas y trombones, Apollo Sound estaba formada por dos trompetas, saxofón/flauta y trombón. Combinación que al inicio le costó irrumpir con su nuevo estilo que además combinó con elementos afrocaribeños, llevando con mayor contundencia la latinidad al mundo.

Personas expertas en el género y seguidoras del artista aseguran que talvez fue ese el motivo por el cual fue el único que formó parte, en su momento, del sello Fania Internacional, un sello diferente a la Fania Records y sus afiliadas. En cabeza de Jerry Masucci, el sello de la Fania, favorecía a los músicos que vivían en EEUU.

No fue solo música y baile lo que dejo en su vida artística. Su profundo compromiso social quedó marcado en sus entrevistas y sus notas musicales, tarea en la que lo acompañó su amigo Tite Curet Alonso. Esas mismas letras que se cantan hoy en cualquier pista de baile le denominaron la ‘Salsa protesta’, sentimiento que el rebelde de Roena sostuvo hasta el final. Lamento de Concepción, es una de estas canciones:

“Oiga, el que yo sea de abajo

nadita tiene que ver

yo también tengo derecho

de mis hijos mantener y comer.

No importa que los de arriba

no te quieran ayudar”

En la voz de Adalberto Santiago, quién se unió a Roena en 1982, para el álbum «Super Apollo 47:50», también sonó Vigilándote:

“Yo no creo en dictadores que arruinen la vida mía

Y que nos quieran dejar

Sin nada camara, sin nada

Simplemente no entiendan las intenciones

De mis palabras el mensaje de mi voz

De alguna forma hay que salir del mentiroso

Y para eso el coro de mi canción

Vigilándote vengo como el águila

Como el águila vengo vigilándote”

Con su cuestionamiento a la sociedad indiferente, surge Con los pobres estoy. Un tema profundo y que recoge su compromiso por su lugar de origen, y del respeto por “los de abajo”, a quienes como él conocieron de la desigualdad social. Esta letra, como muchas que acompañan a este género musical, lleva atravesada en sí una prosa que algún poeta dejó para ser canción. Mientras se grababa:

“Búsquenme en los arrabales que abundan por la ciudad

Para mí en esos lugares, solo hay felicidad

Orgullo no va conmigo, por doquiera que yo voy

En cada pobre un amigo, a ese la mano le doy

Agüita de ajonjolí

Para los pobres soy

Al fondo y con una voz tajante una prosa del poeta José Martí se dejaba escuchar: Con los pobres –hasta la muerte- quiero yo mi suerte echar”.

En ese camino social se ubica Roena en Cali, apadrinando el Museo de la Salsa y patrocinando iniciativas para los nuevos genios de la música. Cali y muchos rincones de Colombia recordarán su talante y sus letras que reivindican a su gente, lo originario y la creatividad de la identidad popular latinoamericana. Su estilo fue o es único y seguirá vigente en cada rincón, en cada arrabal en donde su música suene para hacer vibrar a las nuevas generaciones del campo o la ciudad.