Sector automotor, en vía de extinción

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En diez años la industria automotriz colombiana desaparecería, como consecuencia de la apertura económica. El desmonte del aparato productivo colombiano debe llamar a las centrales obreras a unificar esfuerzos para plantear un modelo económico que retome como meta la industrialización del país.

Emsambladora de carros

Iván Posada P.

La industria automotriz en Colombia está representada básicamente por tres ensambladoras: Colmotores, la primera por producción con el 25% del mercado doméstico; Sofasa-Renault con su planta en Envigado, recientemente ensanchada con miras a surtir parte del mercado latinoamericano, y la Compañía Colombiana Automotriz (CCA), que produce los vehículos Mazda. Dentro de la industria manufacturera el sector automotor representa el 2,7% de personal ocupado y el 6% del PIB industrial y el quinto productor de automóviles en Latinoamérica.

La CCA, que lleva 30 años operando en el país, con una producción de 60 vehículos al día, lo que representa el 30% de la capacidad instalada, a partir de mayo de este año suspenderá su actividad ensambladora. México sería la nueva sede de la planta para producir el Mazda 3, en la perspectiva de mano de obra más barata y de reducir al máximo los demás costos de producción.

De concretarse el cierre de esta planta, cerca de 500 trabajadores serían enviados a “vacaciones forzosas”. En el subsector de llantas, el Ministerio del Trabajo autorizó el despido colectivo de los empleados de las plantas de Cali y Sibaté (Cundinamarca).

En el marco del sector industrial, el automotor es de los más dinámicos por la mano de obra calificada y por la permanente innovación tecnológica. En Colombia este sector representa el 4% del PIB, en empleo, entre la actividad propiamente de ensamble y de autopartes genera cerca de 25 mil puestos de trabajo.

En 2013 la producción industrial de vehículos cayó 19,5%, fenómeno explicado parcialmente por la disminución de las ventas al por mayor y al detal en un 7%, mientras las matrículas cayeron 5,6% con respecto al 2012. Parte de esta pérdida ha sido compensada parcialmente vía exportaciones a otros destinos como México, Ecuador, Perú y Argentina. En efecto, en 2013 se exportaron cerca de 25 mil unidades a estos países. Aun así, este sector clave de la industria tiene serias dificultades para subsistir.

La crisis

A futuro, las expectativas del sector son inciertas a causa de las condiciones internas y por el entorno internacional. En lo interno, esta industria presenta problemas estructurales entre las cuales cabe mencionar: volúmenes de producción por planta muy bajos que apenas surten un mercado local muy pequeño; plantas ubicadas lejos de los puertos para su exportación; una infraestructura vial sumamente atrasada, que eleva los costos de transporte y, por último, altos costos energéticos.

En lo internacional, la máxima amenaza del sector la constituyen los tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y Corea del Sur. Sobre todo este último que contempla la importación de las marcas Hyundai y Kia. Corea produce al año cuatro millones de unidades, en tanto Colombia tan solo ensambla 300 mil vehículos. Esta multinacional tiene proyectado instalar en Colombia una ensambladora de donde se exportaría la producción hacía Sudamérica. Igualmente se está gestionando un tratado más de libre comercio con China, con un fuerte componente en la línea automotriz, lo que quiere decir que estaríamos importando grandes cantidades de autos chinos a menor costo que los producidos en el país.

El modelo alternativo

Así las cosas, en aproximadamente diez años –por el desmonte gradual de los aranceles- la industria automotriz colombiana desaparecería del mercado nacional. Es la aplicación de la globalización en el marco del modelo neoliberal. Las economías de las naciones de la periferia se deben acomodar a los intereses de las potencias del centro, que controlan la economía mundial.

El cierre de esta emblemática planta es un nuevo escalón en el proceso de desindustrialización, consecuencia de la apertura económica que se viene implementando en el país desde los años 80 del siglo pasado.

El actual proceso de desmonte del aparato productivo colombiano -empezando por el sector automotor- debe llamar a las centrales obreras a unificar criterios y esfuerzos organizativos con miras a plantearle a la sociedad colombiana un modelo económico que retome como meta la industrialización del país, condición indispensable para generar empleo digno y estable, por un lado; y, por el otro, asegurar a futuro el crecimiento y desarrollo, garantía de la auténtica soberanía nacional.

Iposada47@hotmail.com