Revolución molecular disipada: Lavado neonazi de cerebro

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Según esta pseudoteoría, las manifestaciones ciudadanas son un plan urdido por redes ocultas hasta derrocar el orden establecido. Por ello, no deben ser atendidas con política, sino de forma militar. Foto Nelson Cárdenas

La más reciente pseudoteoría presentada por Uribe no es una broma de mal gusto. Explica la brutal reacción policial contra el pueblo durante el Paro

Roberto Amorebieta
@amorebieta7

No puede negarse que las teorías de la conspiración son apasionantes. Es muy entretenido pasar horas y horas en una biblioteca o frente al computador indagando por los detalles de alguna explicación rocambolesca a fenómenos que han sucedido frente a los ojos de todos, pero que según estas teorías, realmente ocultan la verdad. Así, es fácil encontrar historias sobre el montaje cinematográfico que hizo creer a la humanidad que Estados Unidos puso dos hombres sobre la superficie lunar cuando, según la teoría, todo fue una muy bien lograda producción realizada en un estudio de grabación aquí, en la Tierra.

Existen algunas de estas teorías que son francamente atrayentes e incluso tienen tantos visos de verosimilitud que casi dan ganas de creer en ellas. La de los Illuminati es una de ellas. Según esta, el mundo está gobernado desde la sombra por una poderosa logia masónica que mueve los hilos del poder, de la economía e incluso de la cultura, a la que pertenecen los grandes líderes mundiales, desde la reina Isabel de Inglaterra hasta los presidentes de Estados Unidos.

Si bien esta teoría es una simplificación absurda de una versión global de la lucha de clases, lo cierto es que la existencia de foros como el Grupo Bilderberg, las fraternidades como Skull & Bones de la elitista Universidad de Yale a la que han pertenecido varios presidentes estadounidenses u organizaciones como la Trilateral -alianza entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia, creada tras la Segunda Guerra Mundial-, son insumos para que aficionados de todo el mundo den credibilidad a estas teorías.

De risa

Existen, por el contrario, numerosas teorías que son sencillamente risibles y que la mayoría de las veces terminan convirtiéndose en un meme. Es el caso de la teoría de la Tierra plana. Según esta, en realidad la Tierra no es una esfera, es plana y la Antártida no es otra cosa que una barrera de hielo que impide que el agua del mar se desborde por los márgenes.

Hay otras que por lo risibles no dejan de ser preocupantes porque son compartidas por muchas personas que las ponen en práctica en su vida cotidiana y con ello corren un grave riesgo. Por ejemplo, la teoría de los antivacunas. Según esta, las vacunas son un invento de las multinacionales farmacéuticas, no tienen ningún efecto sobre la salud humana y es mejor no vacunar a los niños sino garantizarles una buena alimentación y un fuerte sistema inmunológico. Afortunadamente, en algunos países se ha comenzado a penalizar estas prácticas e incluso se ha llegado a quitar la patria potestad a los padres que no vacunan a sus hijos.

La pandemia ha dado para toda suerte de teorías de la conspiración. La “Plandemia” fue una de las primeras. Esta sostenía que en realidad la pandemia era un macabro plan de los chinos, Bill Gates y la CIA para inocularnos un microchip con la vacuna y así controlar nuestros pensamientos, sentimientos y monitorear nuestros movimientos. Quienes aún defienden esta teoría olvidan que, de hecho, todos llevamos en el bolsillo un dispositivo de comunicaciones que cumple exactamente esa función, de modo que el famoso chip sobraría, pero ¿quién los convence? Y por supuesto, la discusión sobre las vacunas del covid-19 está llena de apreciaciones equivocadas y de paranoias conspirativas. ¿Por qué la vacuna se obtuvo tan rápido? ¿Sí están inoculando de verdad o solo fingen? ¿Nos haremos comunistas si nos inoculan la vacuna rusa?

Así, entre las teorías de la conspiración encontramos algunas que causan risa por lo absurdas, otras provocan curiosidad por la buena construcción del relato -algunas veces llevado a la literatura, como el libro El Código Da Vinci, de Dan Brown- y otras se convierten en francamente peligrosas por las consecuencias que su credibilidad puede tener en la vida práctica. Una cosa es creer que la Tierra es plana y otra muy distinta es no vacunar a los hijos.

Pseudoteorías y debate político

El problema es que estas teorías han dado el salto al debate político, contribuyendo a su deterioro como se ha podido percibir en los últimos años. En efecto, la derecha ha convertido en una de sus principales herramientas la fabricación de versiones mentirosas que buscan desmoralizar a sus oponentes y movilizar a los suyos. Los ejemplos son abundantes y no los tenemos tan lejos.

En 2016, millones de personas en Colombia votaron contra el Acuerdo de Paz porque se iba a “entregar el país a la guerrilla”, nuestros hijos se “harían homosexuales” y otro tipo de mentiras por el estilo. La forma de hacer política del Partido Republicano en Estados Unidos en los últimos años ha gravitado sobre las acusaciones falsas de fraude electoral, la supuesta militancia “socialista” de Joe Biden, la falsa nacionalidad estadounidense de Barack Obama o su confesión al Islam. Todas mentiras, pero todas convertidas en munición electoral para un partido que aumentó en casi cinco millones de votos entre 2016 y 2020. Es decir, parecen un chiste pero claramente no lo son.

La última de esas pseudoteorías es la que recientemente expuso Álvaro Uribe en uno de sus trinos: la “revolución molecular disipada”. Como toda teoría de la conspiración, esta idea mezcla verdades con exageraciones para dar la apariencia de verdad, cuando en realidad se trata de una farsa.

El concepto proviene del filósofo francés Félix Guattari, quien en 1977 acuñó el término Revolución Molecular. Años después, un neonazi chileno resolvió ponerle el apellido “disipada” para elaborar una paranoica pseudoteoría que nada tiene que ver con la sesuda propuesta de Guattari, que podrá compartirse o no, pero que no puede ser acusada de superficial. Lo del neonazi chileno podría parecer un delirio, si en la práctica no estuviese inspirando la brutal reacción de la policía en las calles de Colombia ante el paro nacional.

Pseudoteoría neonazi

Según esta pseudoteoría, las manifestaciones ciudadanas no son una expresión legítima de descontento sino un plan urdido por redes ocultas que provocan desestabilización hasta derrocar el orden establecido e instaurar el comunismo. Por ello, no deben ser atendidas con política, es decir, con diálogo y negociación sino de forma militar, de la misma forma como se enfrenta un ejército invasor.

El propio presidente de Chile dijo en medio de las protestas juveniles de 2019 “estamos en una guerra”. Duque no dice nada, ya lo sabemos, pero la acción de la policía se asemeja mucho al tratamiento de guerra que dieron los carabineros chilenos a las manifestaciones en aquel país. No es casualidad, además, que el neonazi chileno sea un consuetudinario conferencista de la Escuela Superior de Guerra. No se pide que nuestros militares estudien a Deleuze o Lyotard, pero al menos que no sean adoctrinados por mediocres neonazis.

Lo más preocupante de todo esto es la masiva respuesta violenta que ha dado la policía a la manifestación pacífica y cómo puede explicarse. Sería todo más sencillo si fuese como gritan las barras bravas del América y del Cali, hermanadas por el paro, “Quién dio la orden, la puta que los parió”. Pero parece que no. Al parecer a nuestra fuerza pública no hay que darle la orden porque viene adoctrinada desde las escuelas de formación en que la protesta es subversión, la manifestación es desorden y la ciudadanía ejerciendo sus derechos es terrorismo.

Solo así se entiende tanta sevicia y tanto ensañamiento contra la ciudadanía. Les tienen el cerebro lavado con pseudoteorías nazis. Lo más complejo es qué vendrá después. Porque aquí no bastarán “abrazatones”, ni “besatones”, ni tampoco que se imparta la orden de no disparar. A este paso, la única solución será que el próximo gobierno desmantele la Policía y, por supuesto, renueve el pénsum en las escuelas de formación.