El reto de la inclusión

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Foto Julián Flórez en Unsplash.com.

Hay más acceso de mujeres a la educación y al mercado laboral, pese a que subsisten marcadas discriminaciones salariales. El 36,5 por ciento de ellas, según el DANE, asisten a instituciones de educación superior

Alberto Acevedo

El universo de datos revelados por el último censo de población, el pasado 4 de julio, indica que el 51,2 por ciento de los habitantes del país son mujeres. No es en realidad una cifra sorprendente, que en general se manejaba entre analistas. Lo que sí llamó la atención es que el registro de participación de mujeres es seis puntos porcentuales por encima de los estimativos del censo anterior de 2005, que consideró ese crecimiento en 50,6 por ciento.

Como en la nota anterior sobre el envejecimiento de la población, es de esperarse que en el caso de las particularidades de la presencia de las mujeres en la sociedad colombiana llame la atención sobre la necesidad no solo de actualizar una política pública para su atención, sino una plataforma por parte de las organizaciones sociales y políticas interesadas en reivindicar sus derechos.

Una de esas particularidades indica que además de ser mayoría de habitantes, en el caso de ocho departamentos del país, la población femenina supera la media nacional, con una participación por encima del 52 por ciento. Tal es el caso del Valle del Cauca, Risaralda y Bogotá.

Crece el número de hogares

El 26,1 por ciento, son mujeres entre los 14 y los 28 años; disminuye la población de primera infancia, que en el 2005 ascendía al 10,5 por ciento y para 2018 representa solo el 8,4 por ciento. En cambio, en el periodo analizado, la población femenina mayor de sesenta años pasó del 8,1 al 9,1 por ciento.

Un dato, que incide directamente en el rol de las mujeres, es que en los últimos 14 años creció la cantidad de hogares, con una variación del 34,7 por ciento. No obstante, el 3,8 por ciento de los colombianos -entre ellos muchas mujeres- están sin hogar. El último censo da cuenta además de una importante migración hacia la formación de hogares unipersonales y de mujeres jefes de hogar. Muchas de ellas viven en un solo cuarto, en condiciones de hacinamiento, sin acceso a servicios públicos de calidad, ni de salud o de empleo estable.

Cuatro de cada diez mujeres en el país son cabeza de hogar, un fenómeno que los analistas del DANE califican de ‘incremento dramático’, un dato que llama la atención sobre la necesidad de diseñar una moderna política de cuidado del hogar. De hecho, para el censo de 2005, el 29,9 por ciento de las mujeres eran cabeza de hogar, en tanto para la medición de 2018 ya representaban el 40,7 por ciento.

Desempleo femenino

Hay otros problemas que, en principio, afectan por igual a hombres y mujeres, pero por ser éstas mayoría de población, los padecen de manera más intensa. Es el caso del desempleo. En el último año, 300.000 personas perdieron el empleo, y 600.000 más salieron del mercado laboral, al desistir de seguir buscando un puesto de trabajo. Se podría decir que la mitad de ellas son mujeres. Esto, en opinión de los economistas, deteriora la redistribución del ingreso y reduce el bienestar de los grupos sociales más vulnerables. En las principales ciudades del país, el desempleo femenino llegó a una tasa del 12,3 por ciento. El caso es que, como asegura Eduardo Sarmiento Palacio, mientras la economía siga creciendo por debajo del tres por ciento, no habrá manera de aumentar el empleo.

Hay un aspecto de movilidad que toca también a las mujeres. Teniendo en cuenta que la mayoría de ellas habitan en las cabeceras municipales, cerca de 562.000 colombianos, la mayoría mujeres, se movilizaron entre departamentos en el último año. Es un aspecto al que hay que ponerle atención. Seguramente influye en ello el conflicto colombiano que no cesa, las amenazas de grupos armados y en últimas, la pobreza.

El análisis de las cifras del DANE insinúa la existencia de problemas más “nuevos”, que afectarían a las mujeres. Uno de ellos, que paulatinamente adquiere notoriedad, es el de la salud mental. Se dispone de cifras globales: el 40,1 por ciento de la población entre los 18 y los 65 años, ha sufrido o sufrirá alguna vez en la vida un trastorno mental, dice el Estudio Nacional de Salud Mental. Este tipo de afectaciones van en aumento.

Violadores “sanos” mentalmente

Una de cada diez personas adultas, y el 12 por ciento de adolescentes, presentan algún problema de orden mental. Esto incide de manera directa en fenómenos como la violencia intrafamiliar, la falta de asistencia en la infancia, el alcoholismo, el tabaquismo, y en últimas, el feminicidio.

Aunque autoridades de policía admiten que la mayoría de las violaciones a niños, niñas y adolescentes son cometidas por personas “sanas”, que no tienen ningún trastorno mental.

Otro problema de reciente reconocimiento es la falta de acceso de las mujeres a la justicia. El Índice de Acceso Efectivo a la Justicia: Colombia 2017, del Departamento Nacional de Planeación, el último consolidado de que se dispone, indica que en una escala de 0 a 10, el país está en una media de 5,4 por ciento de acceso a la justicia. Pero el Grupo de Trabajo sobre Justicia, que reúne a 300 investigadores de todo el mundo, en un informe presentado en Bogotá, en la tercera semana de junio, dice que 5.100 millones de personas, al menos, no tienen acceso básico a la justicia. De estas, 253 millones, permanecen en condiciones de extrema injusticia.

Hay otros indicadores. El alfabetismo es más alto en la mujer que en el hombre. El de ellas es del 95,2 por ciento, el de ellos del 94,8 por ciento. La mujer viene adquiriendo un rol cada vez más protagónico en la sociedad colombiana. Hay más acceso de mujeres a la educación y al mercado laboral, pese a que subsisten marcadas discriminaciones salariales. El 36,5 por ciento de ellas, dice el DANE, asisten a instituciones de educación superior.

Con este panorama, como se insinuó al comienzo de la nota, la sociedad en general debería abogar por la actualización de políticas públicas de atención a la mujer. Pero las organizaciones sociales en general, los partidos democráticos y de izquierda, actualizar por su parte sus documentos programáticos frente a las realidades que afectan a la mujer. Sería muy saludable que ellas, mayoritariamente, fueran ganadas para la causa de las transformaciones sociales democráticas, la paz, el progreso, social y el fin de la violencia.

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