Reina Pedraza: Una comunista dadora de vida y de alegría

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La acción política de la entrañable lideresa comunista constituye un valioso legado histórico, imprescindible para las nuevas generaciones

Adriana Vanegas Roldán – Magnolia Agudelo Velásquez

Fuiste y sigues siendo para nosotras las comunistas un legado histórico de compromiso político, de dignidad, esperanza, y alegría. Tejedora de redes de mujeres en la lucha por la paz, ejemplo de mujer independiente desde tu primera juventud; fortaleciendo siempre la emancipación y la libertad de las mujeres, a través de su independencia económica.

Gracias al legado materno, en Reina encontramos a la mujer trabajadora, quien sigue los pasos de su madre, Laura María Pedraza, aprendiendo el valor del trabajo y la independencia económica, en su lucha para educar y cuidar, también a sus seis hijos. Reina fue sindicalista, además, ejemplo de las luchas de las mujeres por el sufragio en los años cincuenta y de la paridad política por la reivindicación del conjunto de los derechos específicos de las mujeres.

Siguiendo sus orígenes, se inspiró y comprometió en el camino de su vida, desde Cachipay, Armenia, Barranca y Bogotá, a la lucha con las mujeres trabajadoras, inspirándose en Betsabé Espinal y en María Cano, la Flor del trabajo, fundadora del Partido Socialista. Asimismo, con mujeres campesinas, con las indígenas, con las maestras, con amigas de la academia, en las regiones y en los territorios del país, fundando y organizando comités femeninos y consolidando la lucha por la paz a nivel mundial.

El periódico feminista

Esta admirable revolucionaria contribuyó con el importante periódico de las comunistas, Nuestras Mujeres, en la lucha antifascista, después de la Segunda Guerra Mundial y fue también, fundadora de la Unión de Mujeres Demócratas.  Junto con el camarada y dirigente comunista Julio Posada, gran constructor del Partido Comunista, emprendieron la lucha contra la violencia desatada por el militarismo, perpetrada por los señores de la guerra en los años cincuenta, tras el asesinato de Gaitán.

Desde entonces, tejiendo con el trabajo colectivo de solidaridad con las mujeres comunistas y amigas, como, Victoria Fajardo de Silva, forjaron la resistencia de las mujeres y comunistas en la lucha por la libertad de los presos políticos, creando el Comité de Solidaridad de Mujeres, pues, se encontraban detenidos más de 26 comunistas, entre los cuales estaban Julio Posada y el líder sindical asesinado, Manuel Marulanda, quien muere torturado y asfixiado en la cárcel.

Con singular agradecimiento seguimos el compromiso de tu hijo, dirigente comunista, Leonardo Posada, por su clara comprensión y cariño hacia tu ser de madre y de comunista, quien, orgulloso de tu experiencia, y gracias a ti, se constituyó para nosotras en un ser indispensable para la lucha revolucionaria en Colombia, entregando su vida y compromiso a la defensa de los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de la juventud, de las y los oprimidos.

La casa, un lugar para debatir

Forjaste con entereza y sabiduría revolucionaria la vida de tu hija Fabiola, maestra y científica, la de tus hijos, de tus nietos, nietas, bisnietos, todos comprometidos, con el cambio social y la transformación política de nuestro país. Tu casa se convirtió para nosotras en una universidad de vida y de trabajo. En ella trazamos tareas, objetivos y mediaciones políticas, para impulsar el trabajo de las comunistas. Debatimos, almorzábamos, y esclarecíamos el difícil momento político del país, pero, ante todo, buscábamos, cómo mejorar y apoyar el trabajo con las mujeres, con la certeza de las grandes filósofas y activistas socialistas, Clara Zetkin, Inessa Armand, Alexandra Kollontai, ejemplos de la sabiduría de las socialistas, comprendiendo que la transformación de las mujeres era la vía para la emancipación de todas y todos.

Se convirtió tu casa, en nuestra casa, con ese gran grupo de mujeres comunistas, camaradas como Cecilia Vieira, Consuelo Ávila, Teresita Montealegre, Inesita y Matilde Mujica, Ismenia Silva, Flor y Orceny Montañez, Adela Dimas, Clara Niño, Rosalba, Roció Londoño, Marta Renza, Elizabeth Uribe, Magnolia Agudelo, Luz Marina Álvarez, Adela Dimas, Adriana Vanegas, Teresita Roldán, Gloria Flórez de Pardo, Gladys de Rodríguez, Gloria Inés Ramírez, Aída Avella, y tantas otras, consolidando resistencias políticas sobre la agenda de la Constitución del 91, del feminismo y de género.

Mediadora de vida

Valorabas las experiencias de las mujeres, sus palabras y prácticas políticas, incentivando nuestros deseos de libertad y de cambio. Fuiste para nosotras, ejemplo de lealtad y elegancia política, de mediadora indispensable, frente a los graves conflictos de las mujeres desplazadas, víctimas del patriarcado. Como gran mediadora de vida, orientabas con la mayor claridad y sencillez la lucha de la Cuba revolucionaria, impulsando la solidaridad con las mujeres y el pueblo cubano.

Acogías a las víctimas de la guerra fratricida, comprendiendo el cínico acomodo de las elites a la exclusión, todos ciegos frente a la desigualdad social, a la feminización de la pobreza, al feminicidio, al asesinato de líderes y lideresas sociales, frente al inacabable conflicto armado, que aún no cesa y nos amenaza a todas y todos.

Admiramos cómo con abnegación, claridad política, no solo asumiste el vil asesinato de tu hijo amado, la pérdida de tu hijo Edgar, de tu compañero y de tu entrañable hijo, camarada y amigo Nelson Posada. Nunca, nunca claudicaste. Te convertiste para todas nosotras en una guía de fortaleza, de fecundidad intelectual con los saberes, la escucha, las experiencias, prácticas políticas y de la verdad de las mujeres. Reina, tu partida nos duele aun, en nuestro ser de mujeres seguimos estupefactas frente al misterio de la muerte, y por el curso inclaudicable del destino de la existencia humana.

El compromiso con la paz

Todas compartimos contigo tu alegría y entusiasmo por la firma del Acuerdo de Paz, donde queda para siempre inscrito el sello de las mujeres y el enfoque de género, donde la organización internacional de mujeres FDIM se ha convertido en veedora del Acuerdo. Aprendimos de tu compromiso por el esclarecimiento de la verdad por el genocidio de la Unión Patriótica y el reconocimiento de sus seis mil víctimas.

Reina, tus ojos, como hermosamente los evoca tu nieta Fabiola León Posada, periodista, orgullo de tu ejemplo, nos recuerda ese rostro testimonio de vida y la figura resplandeciente de luz, de compromiso que está presente en todo lo que hemos amado y cuya tarea se hace más clara en medio del contexto social y político que se degrada y está constantemente amenazado por la guerra, el paramilitarismo que hoy inundan de pobreza la vida de miles de colombianas y colombianos.

Estamos seguras que hoy con tu compromiso y claridad política reivindicarías con fuerza ética y moral, el Pacto Histórico, capaz de contener a la derecha reaccionaria y al guerrero imperialismo. Gracias, querida Reina, ejemplo y figura política indispensable de las mujeres comunistas, de las mujeres, comprometidas con la paz, en la lucha de todas y todos por la reconciliación y el fin del conflicto hacia la creación de un país con justicia social, democrático y en paz.

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