Reflexiones desde la fe

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Padre Alberto Franco en acto de memoria con las víctimas del conflicto en el corregimiento Miravalles, municipio El Castillo, Meta. Foto Boris Orjuela.

Desde una visión religiosa, a propósito de la semana mayor y de la presente crisis social, el padre Alberto Franco expresa la necesidad de juntar lo que pasa con las protestas del año pasado y la gente que empezó a tomar consciencia y mirar cómo se tienden puentes y ayudar a ver que este sistema no resiste

Carolina Tejada
@carolltejada

La crisis social en el país no para. Cada día se agudiza más y las víctimas de las violaciones de derechos humanos, de crímenes de Estado ven la paz más lejana. Cada nueve de abril, las víctimas tenían la posibilidad de participar en unas audiencias que, de la mano de congresistas demócratas, se realizaban con el fin de que sus demandas fueran escuchadas y atendidas. Sin embargo, desde el 2019, las víctimas desistieron de seguir participando. Los congresistas más retardatarios, no solo las desestimaron, sino que eludieron sus reclamos por el incumpliendo de los acuerdos de paz.

Este año, con la crisis del Covid-19, las jornadas para conmemorar el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas cambió, pero las víctimas y la injusticia social siguen subiendo en el país. Persiste el incumplimiento del gobierno para garantizar la tranquilidad y la vida de la población. Las medidas económicas y sociales de Iván Duque han descargado la actual crisis sobre la clase trabajadora y humilde, beneficiando a la banca y a los grandes empresarios, lo que subirá los niveles de miseria y pobreza en el país.

El incumplimiento de la paz

VOZ, en el marco de la semana de cuaresma, dialogó con el padre Alberto Franco, quién hace parte de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz y quien, desde su fe, tiene un compromiso muy grande con la justicia social y la paz del país. El padre contó que persiste la preocupación por el asesinato de los y las líderes sociales, de exguerrilleros comprometidos con el proceso de paz, de líderes ambientalistas, de trabajadores por la paz y un ataque a la paz. Asegura: “Es muy doloroso ver que lo que se había dicho se podía evitar se está cumpliendo y lo doloroso es que esto se había podido evitar, y que hay un sector de la sociedad que no estaba interesado ni en evitarlo”

Una reflexión: “El punto 3.4 del acuerdo habla de la protección a los trabajadores de paz, a los y las líderes sociales y para eso se hablaba del desmonte de las nuevas estructuras criminales. En ese momento, considerábamos el desmonte del paramilitarismo y la protección, que luego es a lo que más duro le dan en la negociación del acuerdo, entre el que se dio en La Habana y el acuerdo del Teatro Colón”. Se refiere a las modificaciones después que un gran porcentaje de población en el país votó en el plebiscito en contra del acuerdo de paz, este tuvo unas modificaciones que se presentaron en el Teatro Colón, meses después.

Asegura que había un sector “interesado en que no ocurriera la protección y otro en que no se cumpliera el punto cuatro del acuerdo sobre la sustitución de cultivos de uso ilícito y abordar el tema de la producción, como un problema social y el tema del consumo con un problema de salud”. Entonces, lo doloroso, “es entender esa preocupación y luego entender que la mayoría de personas asesinadas estaban construyendo alternativas, denunciando, es gente que venía trabajando por una vida más justa y digna para sus comunidades, por reivindicar derechos”.

La reflexión desde la fe

El padre, que conoce muy a fondo la realidad del país, los territorios, víctimas del flagelo de la guerra y que conoce muy bien el dolor, dice: “Ahí viene mi reflexión desde la fe; pues a Jesús de Nazaret lo asesinan los poderes religiosos, sociales, políticos que veían en su manera de actuar, en su manera de proceder, una afectación a sus intereses, ¿cuáles intereses?, una estratificación social, un uso de la religión para su beneficio, una legitimación de la invasión romana”.

Movilización en defensa del acuerdo de paz. Foto Carolina Tejada.

En su reflexión, a propósito de la semana santa, recuerda: “Cuando Jesús propone una práctica distinta y coloca el ser humano por encima de la religión, coloca al centro a los seres humanos marginalizados por cualquier condición, trastoca, cambia el sistema social y empieza a generar una, si se quiere, conmoción social, valga la redundancia, que cuestiona y por eso la reacción de todos los poderes contra él, porque el dios que revela Jesús, es un Dios que quiere la libertad de los oprimidos, que quiere la justicia social, es el Dios de la justicia y en la Biblia la justicia es justicia social, distinto a derecho, porque con frecuencia en la biblia se habla de justicia y derecho”.

También asegura que esta mirada ayuda a entender que “cuando se cuestionan sistemas sociales hay una reacción violenta. Y en esa mirada de fe, también el asesinato de Jesús como un rebelde político, pero con causas y decisión de la gente religiosa, muestra una relación entre el poder político y el religioso para acabar con Jesús, que es el triunfo, si se quiere, momentáneo de ellos y ellas. Pero, la fe nos recuerda que ese Jesús que asesinaron, que colgaron en la cruz, es el Jesús que sigue vivo y que sigue afirmando que las causas de la justicia social, que la causa de la equidad, que la causa de la vida digna para todos sigue siendo válida”.

La paz: condiciones de vida digna

Luego del acuerdo de paz, ha habido movilizaciones y los sectores sociales han denunciado el incumplimiento de lo que se acordó en La Habana y en el Teatro Colón, por parte del gobierno nacional. Pues, tal y como lo menciona el padre Alberto, no existe ni protección a quienes han defendido la paz y los territorios de la incursión de los grupos paramilitares, que tampoco se desmantelaron, ni se ha cumplido con los compromisos económicos y sociales para la sustitución voluntaria de los cultivos de uso ilícito.

En esas mismas regiones del país, en donde creció la injerencia paramilitar, están los más extensos cultivos de coca, tales como Cauca, Pacífico nariñense, Putumayo, Catatumbo, Chocó, etc., y es allí, en donde hoy se concentran los principales desplazamientos forzados, asesinatos selectivos de líderes y lideresas, entre otros tipos de violencias. El padre Alberto comenta que hay un acuerdo para la terminación del conflicto armado, pero este no es la paz, porque la paz significa unas condiciones de vida digna para las mayorías, eso se tiene claro y más aún si está el tema religioso.

“Es decir -enfatiza-, la satisfacción de las necesidades básicas está al centro de los religiosos, y fundamentalmente de la paz. La paz bíblica es una paz que podemos llamar de la justicia social, donde garantiza que los más desprotegidos de una sociedad tengan lo mínimo necesario para vivir dignamente. Eso significa que la torta tiene que repartirse distinto, y los niveles de ganancia y las condiciones de vida digna tiene que mejorarse y hay que cuestionar una profunda acumulación que hace de Colombia el segundo país más inequitativo de América Latina y el séptimo en el mundo.

Se escuchó la corrupción

Para el padre Alberto, lo que ocurrió luego de la firma para la terminación del conflicto, y del silenciamiento de los fusiles, fue que salieron a la luz pública los niveles de corrupción invisibilizados u ocultados en el país. “Cuando se silencian los fusiles, como dice Jesús Abad Colorado, pues empiezan a aparecer otros ruidos como el de la corrupción y el de la injusticia. Entonces, luego vuelven a sonar los fusiles para que se silencie la corrupción. De fondo hay un sector que no está interesado en que las cosas cambien y no está interesado porque les ha ido muy bien con la guerra”.

Analizando el panorama del país, en el que también vincula las grandes movilizaciones del año pasado, expresa que estas, precisamente se dieron porque al callarse los fusiles, otros temas de interés salieron a la luz, y la gente se manifestó. “Es entendible, no justificable que haya un sector que no quiera la paz y van a hacer todas las declaraciones que quieran, pero si no hay guerra, la gente piensa y se da cuenta de otras cosas que no nos habíamos dado cuenta, como pudimos ver en las manifestaciones de final del año. La guerra nos genera miedo, la guerra no solo es un negocio por todo lo que se mueve en él, o por los uniformes o los fusiles, sino que, también es un negocio porque desvía la atención. Necesitamos como sociedad seguir viendo más de fondo y seguir despertando”.

Se profundiza la injusticia

Las medidas económicas que se han tomado desde el gobierno central para atender la pandemia del Covid-19, no solo han sido criticadas por el grueso de la sociedad, pues estas han privilegiado la banca, los grandes empresarios, es decir el mismo sistema capitalista, antes que a la humanidad. Se podría decir que en Colombia se ha profundizado una crisis civilizatoria en donde la banca lleva las de ganar, y en donde la clase media y los más humildes tienden a agudizar sus condiciones sociales, la pobreza, el hambre o morir por falta de garantías desde el Estado.

“Hay una preocupación, y es como el tiempo de la pandemia que estamos viviendo, del coronavirus pueda ser usado para profundizar las injusticias sociales y para que los platos rotos los pague otra vez el pueblo sencillo, el pueblo común y corriente y ya no solo los pobres, sino la clase media, incluso pequeños y medianos empresarios a los que no les vienen los grandes descuentos fiscales. Entonces, desde ese punto de vista es bueno tener en cuenta o entender lo que está pasando, sobre todo para seguir buscando una consciencia social que nos lleve a ver el problema donde está y no quedarnos en las ramas” asegura el sacerdote.

Movilización en defensa del acuerdo de paz. Foto Carolina Tejada.

Al hablar de este tema con el padre Alberto, comentamos una columna del obispo Juan Carlos Barreto, de Quibdó, publicada en otro medio nacional y en el que el obispo hacía referencia a la corrupción. Además de expresar lo oportuno de que un hombre de fe como el obispo desde su territorio tan golpeado por la guerra, hable sobre estos temas en los medios, el padre Alberto menciona: “La cosa es muy simple, es que la gran corrupción ha Estado en función del gran capital, o sea Reficar no quedó en manos de los pobres, la Ruta del Sol no quedó en manos de los pobres, el robo de la 26 en Bogotá, pues quedó en los Nule, pero la otra gente quedó silenciada, la que tenía con ellos negocios en distintas partes del país”.

En la presente crisis le preocupa la corrupción del sector de la salud, y comenta que “la salud no se la robaron los pobres, cuántos billones se han robado otros y hoy la angustia que tenemos es que se acabó con el sistema de salud para volverla un negocio, dejó de ser un servicio. Creo que valdría la pena una comisión de la verdad sobre quiénes se han enriquecido con la salud y quienes la han quebrado y siempre el Estado ha ido a salvar las empresas particulares, acabando con la salud pública” y una analogía con lo que sucede en la sociedad: “Entonces, la gente se cuela en Transmilenio, pero la gente a veces no tiene un peso, yo he conocido gente que no podía salir a buscar trabajo porque no tenía un verraco pasaje. Y, nos rasgamos las vestiduras por los colados y no nos preguntamos, oye y ¿a dónde va aparar la plata de Transmilenio? **

Además de estas preocupaciones que menciona el padre, también relaciona las mafias que existen detrás de las campañas políticas, de los grandes grupos económicos, o la existente a cuenta de los llamados secretos de Estado, por ejemplo: “lo que ha salido a la luz pública es una pequeña muestra, entonces esa otra reflexión tendría que llevarnos a todos los sectores de la sociedad más o menos a pensar; el problema dónde está. A veces mucha gente se vende por unos pesos y no se da cuenta que refuerza la cadena que lo empobrece y que podríamos ganar mucho más discutiendo a fondo una justicia social, que coloque al Estado al servicio de todos y que construyamos una sociedad, como diríamos más en clave cristiana, una sociedad en la que todos quepamos y en la que todos comamos”

El sentido de la vida

Dentro de las reflexiones profundas que expresa que se deben hacer, está la de “cuál es el sentido que le estamos dando a la vida, cuál es la sociedad que venimos construyendo, si esta es la sociedad que queremos, la “normalidad” a la que queremos volver o, como decía un cartel, pues “lo que estaba bien delicado era lo normal y por eso no queremos volver a esa normalidad”. Entonces, más allá del mundo religioso, necesitamos mirar cuáles son los valores que mueven mi vida, cuáles son los miedos que tenemos y con los que me manejan, qué escucho y cómo lo asimilo. Pero, esta reflexión profunda puede llevarnos a qué escala de valores tengo, podríamos preguntarnos también: ¿yo he colaborado con construir esta sociedad?

En su análisis, llama al conjunto de la sociedad a preguntarse, pero también a las organizaciones sociales y a quienes denomina como los sectores más críticos, “¿nuestra manera de actuar ha sido coherente con lo que decimos? alguien diría, ¿es realmente una ética revolucionaria? o tenemos unos discursos que dicen unas cosas y hacen otras y en la práctica nuestra, en las relaciones con las otras y los otros, en las relaciones con la justicia social, de equidad de género, en las relaciones con el medio ambiente, etc. Qué pasos estamos dando y cómo hablarle hoy a la sociedad, y la pregunta que uno se hace, y la hago con todo respeto y también me la hago, cómo es que teniendo razón en lo que hablamos, no tengamos eco en las víctimas de ese sistema. ¿No será que algo nos falta y no habría que decir que todo es el sistema?

Él insiste en la necesidad de que todos los sectores críticos, “a los que VOZ les llega porque es la voz de los sin voz”, asegura, para que, según él, se cuestionen sobre lo que está pasando en este momento, en medio de la cuarentena, de los incumplimientos del acuerdo de paz, de la sistemática violación de los DD.HH., de la falta de empatía social, pero también del despertar de otros y otras, para “salir de aquí y juntar lo que está pasando hoy con las protestas del año pasado y la gente que empezó a tomar consciencia y mirar cómo se tienden puentes y construir, y ayudar a ver que este sistema no resiste. Es decir, esto nos va a acabar, el planeta no aguanta, la especie humana está en riesgo, solo por contaminación ambiental mueren millones de personas, además de la muerte por hambre. Como diría el papa Francisco, este sistema no aguanta y hay que cambiarlo”.

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