Reflexión y práctica pedagógica

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Inéride Álvarez

Desde que me involucré con las y los profesores universitarios mi preocupación ha sido alrededor de las prácticas pedagógicas. Con el tiempo, he identificado que la comprensión debe partir del reconocimiento de que, las acciones en el aula y fuera de ella, superan la simple transmisión y se inscribe en escenarios de construcción de sentidos y posibilidad, es decir, que se hace necesaria una mirada que comprenda que, la educación a través de sus prácticas pedagógicas, trabaja y construye un ideal de sociedad y de sujeto, lo que se corresponde con intereses sociales, políticos, económicos y culturales, inscritos en un contexto particular; reconociendo además, a cada sujeto que enseña y que aprende (se trata de sujetos históricos).

Pues bien, sucede que en la Educación Superior poco se habla de pedagogía y menos de la reflexión sobre la práctica pedagógica. El tema es algo reciente y varias universidades han incorporado dependencias que apoyan a las y los profesores en ejercicios de asesoría pedagógica; sin embargo, la forma en que se organiza el tema y los responsables demuestra un nivel de comprensión y de compromiso diferente en cada una de las instituciones.

La idea es que cada uno de estos espacios contribuya a la construcción de conocimiento docente y responda a los intereses y demandas de las y los profesores, buscando hacer de la reflexión pedagógica una práctica para el ejercicio de la docencia universitaria.

No es un secreto que un buen porcentaje de las y los profesores universitarios llegan a enseñar su disciplina sin los conocimientos suficientes (o ninguno) sobre didáctica, formulación de objetivos de aprendizaje, criterios para seleccionar la metodología más apropiada para la enseñanza de su disciplina, selección o construcción de los recursos de apoyo (incluyendo las TIC) y, el uso de las diferentes formas y propósitos de la evaluación.

¡Atención, no es que esto sea una catástrofe! las y los profesores son expertos en sus disciplinas; lo que sí resulta ser una incoherencia, es restarle importancia al tema, no ofrecer los apoyos necesarios, pretender que las y los profesores lo sepan todo y, de paso, esperar altos estándares de calidad de su desempeño y un papel transformador en sus prácticas.

Una investigación realizada por el Centro de Estudios para el Perfeccionamiento de la Educación Superior, CEPES, de la Universidad de La Habana, afirma que esta profesión se desarrolla mediante diversos factores, por ejemplo: el salario, la demanda del mercado laboral, el clima laboral, la promoción dentro de la profesión, las estructuras jerárquicas, la carrera docente y, por supuesto, por la formación inicial y la permanente a lo largo de su vida profesional; por lo que cada una de ellas pueda impedir o posibilitar el progreso de las y los profesores en el campo de la enseñanza.

Valdría la pena revisar cómo estamos, qué tenemos, qué es necesario cambiar y cuáles serían pues, las acciones que (por el momento) cada uno o en colectivo puede emprender.

Resulta importante entonces, que las y los profesores cuenten con un apoyo para resolver preguntas en torno a la enseñanza y aprendizaje, que puedan compartir sus ideas, recibir una opinión sobre lo que están haciendo, etc. Saber que pueden acudir a estos espacios siempre que lo necesiten es muy importante, ya que, entre otras, ayuda a establecer un espacio de apoyo, intercambio y construcción en el campo de la reflexión y la práctica pedagógica universitaria.