El rap como discurso político

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Movilización rapera en Bogotá el pasado 28 de mayo. Foto Luis Vargas

En el reciente Paro Nacional se evidenció que la referencia cultural más cercana a las vivencias, realidades y exigencias de la juventud es el rap como escena musical, artística y estética

Angie Chaparro

El rap llegó a Colombia más o menos en la mitad de los ochenta del siglo pasado. Durante los primeros años, mientras la industria cultural de la música, orientada por una élite clasista, estigmatizaba el género donde fue directamente relacionado con el vandalismo, la vida en la calle, lo criminal y la indigencia; la juventud lo fue consumiendo y enriqueciendo con las historias cotidianas que emergían en los barrios populares de las principales ciudades del país, al punto de volverlo increíblemente popular.

En el marco del reciente paro nacional que sacudió la realidad política del país, se evidenció que la referencia cultural más cercana a las vivencias, realidades y exigencias de la juventud que habita las periferias y que terminó siendo la protagonista de las movilizaciones, es el rap como movimiento artístico, musical y estético. Como ejemplo se puede citar los hechos de resistencia que se vivieron en varias localidades de Bogotá y que estuvieron acompañadas de distintas manifestaciones raperas.

Un breve repaso

Sin embargo, para entender este posicionamiento del rap como discurso político y forma de resistencia, es importante explorar la escena y las propuestas musicales que han salido de ella. En el país han surgido varios grupos y cantantes de rap que han llevado el movimiento a todos los escenarios nacionales e internacionales.

Solo por nombrar algunos están: La Etnnia, legendaria agrupación que emerge desde el corazón del barrio Las Cruces en el centro de Bogotá, consolidándose como uno de los grupos pioneros a nivel nacional y como uno de los referentes del rap bogotano. También son importantes agrupaciones que hoy son de culto, como Gotas de Rap, Engendros del Pantano, Crack Family, Todo Copas o Estilo Bajo. De igual forma, carreras como las de Ali A.K.A Mind o Yoky Barrios, han afianzado a varios raperos solistas en medio de la escena nacional.

De igual forma, la agrupación Alcolirycoz lleva 20 años demostrando que el rap que se produce en Medellín no solo es potente, sino fundamentalmente versátil: o Lianna, una de las mejores y más destacadas representantes del espacio femenino en el hip-hop colombiano. Estos y muchos otros proyectos musicales han salido de las lomas y las periferias a contar lo que la calle grita y que distintos “poderosos” callan.

Reconfiguración del discurso

En el reciente paro nacional que inició el 28 de abril, grupos sociales y jóvenes de las distintas localidades de la capital se reunieron en los diferentes espacios de resistencia para realizar tomas culturales de rap o micrófono abierto, que en su gran mayoría fueron intervenidas violentamente por el Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad, mediante el uso de la fuerza.

Estas intervenciones políticas y culturales confrontaron la idea general construida en los barrios del discurso político, asociada a ese acto producido únicamente desde un espacio estrecho, construido la mayoría de las veces con pretensiones electorales, donde los protagonistas son los políticos y no la gente.

Lo que ha caracterizado al rap es su condición de marginalidad, ya que surge a partir de una población oprimida y segregada que lleva sobre su espalda fuertes estigmas sociales. Por lo tanto, al estar inserto dentro de un marco sociopolítico desigual y en una constante lucha contra las injusticias creadas por el sistema, el género representa una forma de resistencia enfocada a la transformación de las realidades locales y globales, por medio de la palabra y las rimas.

Así las cosas, las liricas raperas cumplen la función de discurso político, de resistencia y crítica social que evidencia las condiciones precarias que enfrentan diariamente la juventud que habita esos territorios marginales.

Está en las calles

En muchos de los casos, el rap es la única compañía que han tenido muchos niños y jóvenes en nuestro país; en el país donde ellos son los olvidados, los nadie; donde hay ausencia de Estado, de familia, de alimentos y de vida, los samplers, los beats y las líricas crudas terminan convirtiéndose en la única motivación o refugio.

De ahí que los relatos sean tan importantes, porque nos permiten acceder al universo conceptual de estos jóvenes, porque las letras dan voz a algo que ellos necesitan decir, experiencias y vivencias que tienen que ser contadas; sus líricas adquieren un significado sociopolítico en una expresión reivindicativa y de protesta.

Este género musical representa una práctica de resistencia, un instrumento político para aquellos que se sienten excluidos por un gobierno y una sociedad que les ha dado la espalda. “Los canales de noticias no dan detalles, por eso el hip hop está en las calles”, recalca el grupo Desorden Social en su reciente tema S.O.S Colombia, agrupación con más de dos décadas de historia donde han sido parlantes de la urbe, del conflicto armado que los tocó desde sus inicios, de las injusticias sociales nacionales y demás males que azotan al país.

La experiencia de Bogotá

En el Portal Resistencia y el monumento a Los Héroes en Bogotá, se realizaron diferentes conciertos de rap con grandes artistas locales en pro de ayudar con alimentos e implementos de primeros auxilios a los marchantes, a las personas del rebusque y a las primeras líneas de las diferentes localidades de la capital.

Un ejemplo de este fenómeno, donde la música y la movilización social estuvieron de la mano, fue el evento “El RAP se manifiesta – Saquemos adelante esta vuelta”, organizado por el artista colombiano Ali A.K.A Mind en conmemoración al primer mes de paro. Ese 28 de mayo se movilizaron cerca de 15 mil personas a partir de las nueve de la mañana desde el Portal Resistencia hasta la calle tercera con carrera 50 en el barrio Galán.

En esa oportunidad el movimiento rapero de la ciudad salió a las calles y se unió a lo largo de este recorrido que atravesó el sur de la ciudad, siendo esta una de las movilizaciones más grandes que experimentó la capital durante las manifestaciones del paro nacional.

En cada barrio por el que pasaba la movilización, más y más jóvenes se sumaban a esta manifestación artística, una toma cultural como ejercicio de resistencia, que marchó por más de cinco horas de manera pacífica donde todo el mundo demostró su inconformidad no solo con un gobierno corrupto que carece de legitimidad en la barriada, sino especialmente con ese Estado que la mayoría de las veces los hace sentir como los nadie, los dueños de nada salvo de su música. La ciudad nunca olvidará ese día.