Quieren hackear nuestra mente

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La mente humana se ha convertido en un nuevo campo de disputa

Ricardo Arenales

Se ha puesto de moda que, con relativa frecuencia, en uno u otro sitio del planeta estallen escándalos que revelan la existencia de proyectos secretos que involucran a los servicios de inteligencia de las fuerzas militares. Y en los que se juegan no solo oscuros negociados, que muestran las hondas raíces de la corrupción institucional, sino también verdaderas empresas criminales que atentan contra la libertad, la dignidad y la integridad física de los ciudadanos y que, a la larga, buscan contener la protesta social y los procesos de transformación democrática de los pueblos.

En Colombia, en pocas semanas la prensa se ha referido a una misión secreta de la inteligencia del Ejército, denominadas Neptuno, que revela el manejo irregular de los fondos reservados del Ejército, y que viene siendo investigada por la Fiscalía General de la Nación. También se mencionan perfilamientos ilegales de ciudadanos, falsos ciberataques en las Fuerzas Militares y hasta la complicidad de altos mandos militares con las actividades criminales del recién capturado capo Otoniel.

No obstante, los escándalos en Colombia son pálido reflejo de lo que viene descubriéndose en otras latitudes. Por ejemplo, poco a poco han venido deslizándose informaciones de prensa que dan cuenta de un proyecto secreto de la Organización del Tratado Atlántico Norte, OTAN, que pretende controlar las mentes humanas y hacer del cerebro un campo de guerra. Se le conoce de manera general como los nuevos métodos de guerra cognitiva.

Bajo perfil

El solo hecho de mencionar el proyecto llena de escalofrío a quienes se atrevan a digerir los alcances del temerario proyecto. Se define como Innovation for Defence Excellence and Security, IDEaS, o también Innovation Hub.

Se trata de un centro de experimentación de la OTAN, que no figura sin embargo de manera oficial en la lista de establecimientos de este tipo reconocidos por la alianza atlántica, como sí sucede por ejemplo con el Centro e Ciberdefensa Colectiva, de Tallin, o el Centro de Seguridad Energética, de Vilnius. Tal vez la OTAN no quiera llamar la atención sobre sus actividades y por eso decide que opere de forma ‘autónoma’.

Hay documentos de IDEaS, que hablan del trabajo ‘académico’ de las investigaciones que adelanta. Pero otros, no suficientemente conocidos, se refieren reiteradamente a una guerra cognitiva. El Centro publicó a finales del año pasado, en plena pandemia, un estudio del contralmirante francés François du Chuzel sobre el tema.

Escenario de guerra

En el prefacio, se dice: “La mente humana se ha convertido en una nueva esfera de la guerra. Debido al creciente papel que hoy desempeña la tecnología y la enorme cantidad de información producida, podemos decir que las capacidades cognitivas individuales ya no son suficientes para garantizar una toma de decisiones lo suficientemente informada y oportuna. Ha sido este problema el que ha llevado a la creación del concepto de Guerra Cognitiva, el cual se hace cada vez más recurrente en la terminología militar de los últimos años.

“La Guerra Cognitiva ha resultado ser un gran desafío, especialmente porque altera la comprensión y la reacción, de forma gradual y sutil, ante ciertos acontecimientos. Sin embargo, todo esto tiene efectos nocivos a lo largo plazo, ya que posee un alcance universal que afecta a los individuos, los Estados y las organizaciones multinacionales, nutriéndose en la mayoría de los casos de las técnicas de desinformación y propaganda que buscan agotar psicológicamente a los receptores de la información.

“Todo el mundo contribuye a ella en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente, y es por eso que desata una gran inestabilidad en todas nuestras sociedades, especialmente en sociedades abiertas como las occidentales. El conocimiento puede fácilmente ser convertido en un arma… Los instrumentos de la guerra informática van de la mano de las “neuro-armas” desarrolladas por la nueva tecnología, por lo que este campo se convierte en un frente de batalla del futuro. Todo esto se ve reforzado por los rápidos avances en las NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Informática y Ciencias Cognitivas), además de las investigaciones sobre el cerebro humano”.

Esclavitud colectiva

Otro documento ofrece toda una serie de definiciones sobre este asunto: “La guerra cognitiva es una guerra ideológica que busca erosionar la confianza sobre la que ha sido construida la sociedad… La desinformación se aprovecha de las vulnerabilidades cognitivas de sus objetivos, especialmente las ansiedades o creencias que predisponen a sus objetivos a considerar como verdadera toda clase de información falsa. Todo ello requiere que el agresor posea un vasto conocimiento de las dinámicas sociopolíticas de su enemigo, al igual que saber cuándo y cómo atacar con tal de explotar las vulnerabilidades de su oponente”.

El control mental se plantea también como la última meta de Facebook, según los planes anunciados el pasado 29 de octubre por su creador, Mark Zuckerber. El empresario asegura que al transformar a Faceboock en Meta, aspira a dar un paso gigantesco hacia la realidad virtual, el denominado ‘metaverso’, algo así como un espacio entre la realidad virtual y aumentada. Pero que puede también convertirse en un paso más en el control de masas, mediante el hackeo de miles de millones de mentes, con fines mercantiles, pero también políticos.

Es un proyecto que sepulta definitivamente la idea liberal de la libertad y el libre albedrío y vulnera la libertad individual nos conduce a la esclavitud colectiva. Una esclavitud masiva, estrechamente relacionada con las redes sociales, las tablets y con el potencial tecnológico de empresas capaces de hackearnos el cerebro y conducirnos al lugar que ellos quieran.

En este terreno, Facebook es la culminación del sueño norteamericano del control mental. Se crea un mundo en el que las empresas tecnológicas saben demasiado sobre nosotros. A través debe los perfiles que crean y mediante el uso de internet, conocen nuestros gustos, qué comemos, nuestros remotos orígenes. Saben tanto que han terminado por controlarnos. No solo con fines mercantiles (día sin IVA) sino políticos. Facebook se convierte así en una pieza esencial para dominar nuestras mentes.