domingo, junio 16, 2024
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Primero de mayo: “Reivindicamos el programa agrario del cambio”

Las organizaciones agrarias no solo son herederas de la lucha campesina, son acumulados que dan identidad al campesinado como sujeto político y como componente de la clase trabajadora

René Ayala

En el mundo entero, menos en EE.UU. donde acontecieron los hechos, se conmemora el primero de mayo como el día de la clase obrera, al recordar la huelga de Haymarket en Chicago que exigía la jornada laboral de ocho horas, la masacre contra los trabajadores y luego en el juicio amañado a sus dirigentes que llevó a cinco de ellos a la horca.

El apóstol de nuestra América José Martí, testigo de excepción del infame montaje, recordaría la voz de los condenados y su destino, “Spies grita: «la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…”.

En Colombia, el movimiento obrero celebra por vez primera este acontecimiento en 1914 levantando la bandera de los tres ochos (8 horas de trabajo, 8 horas de estudio, 8 horas de descanso), irrumpía la clase obrera y su conciencia.

Campesinos, proletarios del campo

Pero este nuevo proletariado que se movilizaba con la memoria del ejemplo de Chicago, también nacía en el campo. La lucha contra el viejo régimen de la hacienda y la aparcería, desarrolló una nueva dimensión de sujeto político que rompía el modelo del campesinado semifeudal instalado por el régimen colonial. Este fenómeno maduró las condiciones para desarrollar una conciencia de clase en el mundo campesino, apegado hasta entonces a lógicas retardatarias del modelo de propiedad sobre la tierra y la influencia ideológica de la iglesia y el conservadurismo.

Entonces nacen las primeras organizaciones sindicales campesinas, ligas agrarias y expresiones políticas agraristas. En la región del Tequendama y Sumapaz, las correrías de Erasmo Valencia dieron paso a la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, formación que enarbolaba las banderas del campesinado, la lucha contra la hacienda y por el derecho a la tierra, donde se forjó el dirigente agrario Juan de la Cruz Varela. En Córdoba, liderazgos como el de Julia Guzmán, trabajadora campesina del tabaco, impulsaron la creación de las Sociedades obreras del departamento en 1920.

Estas experiencias de lucha campesina fueron un componente del movimiento obrero en ascenso que desemboca en el Partido Socialista Revolucionario, PSR, en 1926, donde jugaron un papel protagónico los dirigentes indígenas campesinos Eutiquio Timoté y José Gonzalo Sánchez, quienes a la postre serían la primera fórmula presidencial de la izquierda en 1934.

Las luchas del proletariado agrario se traducen en la Ley 200 de tierras de 1936, sancionada en el gobierno de López Pumarejo, primer intento de reforma agraria en el país que se desvaneció por la violencia política desatada por terratenientes contra el campesinado. Estas luchas sociales avanzan hasta desembocar en los sesenta en la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, que coincide también con la radicalización de un importante sector campesino que deriva en la irrupción de la resistencia armada agrarista en el Cauca, Huila y Tolima, que evoluciona, producto de la guerra y el terrorismo de Estado, en las FARC.

Entre tanto el campesinado de la periferia, resultado de la intransigencia y segregación terrateniente, tuvo que desplegar el fenómeno de colonización de baldíos, esto no transforma su dimensión como trabajadores del campo, ya que transforman inmensas regiones, convirtiéndose en un caso único en América Latina, corolario de la postergada reforma agraria, de la guerra y, por qué no, de la traición de la clase política.

Organización e identidad campesina

Hacienda Cobaló, Cauca. Foto Jorge Silva, 1974

La ANUC, destacamento de lucha agraria y dimensión del campesinado como trabajador de la tierra, es golpeada y dividida en el despreciable Pacto de Chicoral en 1972. Pero la tradición de lucha y convicción de sectores de elevada conciencia de clase construida desde los años veinte, permite el florecimiento de una organización que represente los intereses de los trabajadores del campo y el campesinado, golpeados por la segregación y exclusión terrateniente.

En 1976, nace la Federación Nacional Agropecuaria, FENSA, recomponiendo el movimiento campesino y generando la confluencia de sindicatos agrarios de producción agroindustrial y pequeños campesinos para evolucionar en 1987 a FENSUAGRO, Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, un indiscutible referente del movimiento campesino y obrero y componente de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT.

FENSUAGRO y otras expresiones del movimiento campesino, asociaciones por las zonas de reserva, etc., no solo son organizaciones herederas de la lucha campesina, son acumulados que dan identidad al campesinado como sujeto político y como componente de la clase trabajadora, ya que son inherentes a la transformación material de la tierra, son asalariados marginales como en zonas donde trabajan al destajo o por reducidos jornales, no son dueños de los medios de producción (la tierra) y están en disputa contra quienes los explotan, que mediante el terrorismo paramilitar reproducen la acumulación primaria de su capital.

Campesinos y obreros, una misma clase

EL campesinado conmemora el primero de mayo como suyo, así lo reafirma Nury Martínez, presidenta de FENSUAGRO, “Nos movilizamos el 1M por la dignidad del campesinado, respaldamos las reformas, marchamos por sus derechos y por la participación en las instancias del sistema nacional de reforma agraria”. La dirigente reivindica el papel del trabajador campesino en esta jornada, “Luchamos por el movimiento sindical agrario, la soberanía territorial y las zonas de reserva.

» Reivindicamos el programa agrario del cambio, el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, la reforma laboral, la jornada agropecuaria y la pensión que nos reconoce como trabajadores del campo”.

Las certezas de Nury Martínez evidencian ese entronque histórico de clase, y al campesinado como fuerza que transforma el mundo, como obreros, herederos de los mártires de Chicago que entregaron su vida por un mundo nuevo y cuyas voces son hoy más fuertes, construyendo futuro.

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