Presidente, rompa la cadena de desatinos

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Alocución del presidente Iván Duque objetando la Ley Estatutaria que reglamenta la JEP. Foto Presidencia de la República.

Nadie nunca pensó que pudiéramos tener un presidente que fuera capaz de superar los desatinos y metidas de patas del errático Guillermo León Valencia. Sin embargo, una vez más, nos hemos convencido de que todo aquello susceptible de empeorar, empeora. Pero en el caso nacional, por partida triple, ahora superaron a Valencia, tres altos funcionarios: presidente, canciller y el ministro de Defensa. Están empeñados en establecer cuál de los tres comete más yerros en cada nueva actuación.

Primeramente, se estrenaron en los errores cometidos, creyendo que utilizando las bravuconadas del envalerianado Álvaro Uribe, podían manejarse las relaciones con la ONU y los países garantes, Cuba y Noruega, en el pacto firmado con el ELN y el Estado colombiano, para trasladar a la isla Caribe a los negociadores y retornarlos a  Colombia. Todavía siguen haciendo el oso a nivel internacional: olvidando que los pactos son para cumplirlos con  prontitud, debido a que están implicados como garantes de cumplimiento la ONU y los países  mencionados.

Posteriormente, decidieron aceptar las imposiciones de Álvaro Uribe, contra la paz y la JEP y el presidente presentó el proyecto de ley con las objeciones a la JEP, seis en total. Proyectos importantes para el Gobierno se empantanaron por darle prioridad a un intento contra la JEP, que todos los políticos sensatos y conocedores de las cuestiones jurídicas, sabían que eran esfuerzos inútiles, menos los obtusos del Centro Democrático, su líder máximo y el presidente Iván Duque.

Ahora, como si la imagen del país no estuviera suficientemente deteriorada por tantos errores, se presenta el problema con el manejo de las denuncias del periódico estadounidense The New York Times, en relación con las órdenes de los comandantes del ejército que, según el artículo publicado por el medio mencionado, recrean las condiciones que propiciaron los crímenes de ciudadanos,  que cometieron soldados y los  presentaron como guerrilleros dados de baja en combate,  con encubrimiento de oficiales de alta graduación, incluso generales.

El titular del diario mencionado, lo dice todo: “Las órdenes de letalidad del ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles”. El titular y su contenido causaron desequilibrio mental en todos los funcionarios del Gobierno, empezando por el presidente. Después de leer: “NY Times apoyó impunidad, crecimiento narcotráfico del Gobierno Santos e ignora la realidad de los grupos criminales heredados”, twiter del líder Uribe Vélez, enloquecieron y empezaron a errar nuevamente. El ministro Botero comentó: “ese artículo está lleno de inconsistencias”; de “algunas fechas que no coinciden o no son precisas”. Se comprometió con el Presidente que no va a permitir “que enloden su gobierno con unos comentarios, que estoy seguro serán desvirtuados en su totalidad”.

El presidente, el canciller y el ministro de Defensa le respondieron al New York Times que el artículo de Casey “muestra una visión tendenciosa, parcial y distorsionada de los esfuerzos que el Estado colombiano y su Ejército hacen para estabilizar los territorios y consolidar el orden y la seguridad, como también para proteger a la población y los derechos y las libertades”.

Para que no queden dudas sobre las inconsistencias y errores del gobierno: a pesar de todas las protestas contra el artículo tantas veces mencionado, decidió cambiar el formato criticado por el periódico para “evitar malas interpretaciones”. Más desatinos no puede cometer ningún otro gobernante.

Sin embargo, el presidente Iván Duque no ha tomado las decisiones que lo consagrarían como el gobernante que logró eliminar toda posibilidad de crímenes de Estado, encubiertos con la denominación de falsos positivos: no ascender a ningún militar que tenga la más leve mención de haber participado en violación de derechos humanos. Pasará a la historia como el dignatario que eliminó toda posibilidad que propicie la comisión de delitos por miembros del Ejército. Sea valiente, presidente, sacúdase del mentor malsano que tanto lo perjudica. Por el bien del país y su imagen, hágalo.

Cumpla plenamente con todos los puntos del Acuerdo de La Habana y Colombia toda se lo agradecerá. Consulte con exdiplomáticos colombianos de trayectoria, sobre su errada decisión relacionada con los negociadores del ELN, que permanecen en la capital de Cuba. Por favor, corrija tanto entuerto.

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