¿Por qué los precios están por las nubes?

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La gran mayoría de quienes componen la cadena de producción y distribución de alimentos han reducido utilidades y los compradores, bajado el consumo. Foto J.C.H.

Comerciantes y un analista explican las causas de la carestía y hacen propuestas para regular los altos precios de los alimentos

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@Aurelianolatino

Eran horas de la mañana de un día entre semana. La plaza de Paloquemao, ubicada en una zona céntrica de Bogotá, asombraba por su bajo número de compradores que contrastaba con la multicolor oferta de productos del campo. Caminé entre sus puestos buscando comerciantes para hablar sobre los altos precios de los alimentos.

Rápidamente se hizo evidente que los precios son más bajos si se comparan con los pequeños supermercados de barrios, pues muchos de ellos se surten en Paloquemao o Corabastos. Aun así, siguen siendo muy altos.

Y es que no solo en Colombia se sufre precios elevados en los alimentos, pues la mayoría de los países con la emergencia sanitaria experimentaron un aumento impetuoso en estos productos. Es así como el último informe sobre el índice de precios de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO por su sigla en inglés), se situó en septiembre de 2021 en un promedio de 1,2% más que en agosto y un 32,8% más que en el mismo mes de 2020.

Cambio climático

Luego de unas vueltas y unas pequeñas compras logré hablar con Wilson Gutiérrez para encontrar elementos que permitan entender las particularidades de la situación en Colombia.

Este comerciante tiene un pequeño puesto y lleva frutas directamente del campo a Paloquemao. Acerca de la carestía de los alimentos cree que este año el clima ha sido un factor determinante: “Puede durante dos semanas llover mucho y luego por otras dos, hacer mucho sol. Eso hace que los productos no salgan en la misma forma de antes ni en la misma cantidad”.

Sabe de primera mano que las cosechas son menos productivas por los cambios bruscos de temperaturas y que los campesinos cultivan menos para evitar pérdidas. “Además, los fertilizantes y los otros químicos necesarios para las frutas y las hortalizas están muy caros y los aplican pensando que habrá buenas cosechas, pero el clima y las heladas no ayudan. Entonces, sale poca comida y la demanda sigue siendo alta. Por eso hay muchos pequeños campesinos quebrados”, refiere el experimentado negociante.

Por otro lado, señala que hay productos como el aguacate, la carne, el mango, el banano, la uchuva y la pitaya que son exportados y que dejan poca producción y de baja calidad para el consumo interno.

Menos carne

Gustavo Morales es un comerciante de carne que tiene un puesto en el Frigorífico BLE de Bogotá. Declara que el alto precio en la carne de ganado vacuno se da porque la prioridad de los grandes ganaderos representados en Fedegán y con permisividad gubernamental, es exportar en pie, a países de Oriente como Catar y Egipto, entre otros. Negocios que benefician a muy pocos y poderosos ganaderos con poder político, en detrimento del mercado nacional. Expone que el resto se ve afectado porque para engordar un animal debe conseguirlo flaco con un costo del 40% más por la escasez.

“Han desabastecido el mercado porque exportan más de la capacidad que hay. En otros países se exportan los excedentes, pero aquí se exporta de todas las edades, pesos y tamaños y lo que queda para el consumo nacional son las vacas. Al sacrificar las vacas cada vez nace menos ganado y hay menos oferta. En los últimos dos años ha subido el 50% del precio al consumidor final”, señala.

Advierte que la situación se agravará porque no hay restricciones para la importación ni para el sacrificio, lo que aumentará el sacrificio de hembras. En consecuencia, “llegará el día en que una mínima parte de la población podrá consumir carne”.

Este comerciante ve como salida exportar la carne y no ganado en pie, porque al sacrificar el ganado se producirá empleo, “trabajan los frigoríficos, los que comercializan las vísceras, los que comercializan la piel, los que comercializan los subproductos”. Si a esto se suma un control del Estado, se puede repoblar el inventario ganadero, no matar tantas vacas y se obtendría carne de calidad y bajo costo para el consumo interno.

Huevo por carne

Ante los altos precios de la carne, para reemplazar esta proteína miles de familias han disminuido su consumo y optado por el huevo. Así me lo hace saber María de los Ángeles Alfonso, quien hace 25 años tiene un puesto donde los vende.

De manera amable me responde que no es cierto, como dicen a través de los grandes medios de comunicación corporativos, que el Paro Nacional fue responsable de la subida de los precios.

Aclara que el huevo sí subió en los días de las manifestaciones, pero no porque no se permitiera el paso de los camiones, sino “porque se deben importar alimentos como sorgo y otros para las gallinas, y como ha subido el dólar eso hace que esté más caro”.

Expone que el arrume de huevos, 10 bandejas, le cuesta 100 mil pesos y que hace unos meses pagaba 70 mil. Los precios sí afectaron el consumo de la familia, y aunque sigue vendiendo ha visto cómo algunos clientes disminuyeron la compra. Para poder vender, ha reducido parte de sus utilidades.

Por su parte, Wilson Gutiérrez identifica que no hay ayudas del Gobierno para superar la situación. “En otros países los gobiernos ayudan al agro, pero aquí es lo contrario y los préstamos de los bancos son peores, a usted le pueden prestar 10 millones para un cultivo, el clima no dio, no alcanzó a recuperar sino siete, debe tres que no puede pagar y el banco le quita la finca o la casa”.

También le pregunto acerca del alza de los precios por el Paro. “Cuando hubo paro los carros iban y venían, no los pararon, eso no tuvo nada que ver”.

Salidas de fondo

Luego de culminar la recolección de la información y la compra de algunas frutas y verduras fui al puesto de Janiris Meneses, en el que me costó siete mil pesos una pequeña ensalada de frutas y cinco mil un jugo en leche.

Me cuenta que nunca había visto un incremento tan rápido de precios en los alimentos: “Después de cuatro meses de la pandemia se subió el mercado”. Ejemplifica diciendo que antes de la crisis sanitaria compraba el guacal de melón a 25 mil pesos y actualmente lo paga a 65 mil. Asimismo, que el de papaya subió de 20 mil a 45 mil pesos y la guanábana, de 2.500 a seis mil pesos el kilo.

“Tuve que subir los precios de los jugos y las ensaladas en mil pesos porque no me estaba quedando nada, solo estaba sobreviviendo. La gente se ha quejado de los precios, pero yo les he dicho: ‘pero miren, es que está caro todo’”, declara y anota que hasta ahora se recuperan las ventas, pero que los altos precios afectan esa recuperación.

Desde otro punto de vista, Darío Fajardo, investigador en temas de tierra y paz, y quien en varias oportunidades ha sido consultor de la FAO, determina algunas razones del problema: “El precio de la tierra y del crédito; el precio de los insumos como semillas, fertilizantes, pesticidas que siguen creciendo en la medida en que los importamos; y el transporte es muy costoso”.

Agrega que se importan alimentos subsidiados que debilitan la producción. A lo que hay que sumar la destrucción continuada de comunidades campesinas, el control de la tierra para beneficiarse con la valorización y control de la población, mantener el sistema político, lavar ingresos del narcotráfico y evadir impuestos: “Todos estos elementos se conjugan y articulan en el poder político. Los partidos en el poder los combinan e impiden que se cambie el sistema agrario”, expone el analista, quien concluye que la salida a la problemática también comprende el cumplimiento o la implementación del punto uno del Acuerdo de Paz de La Habana.