“¡Pónganse las pilas, lo que viene es candela!”

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Orquesta La 33. Foto Andrés Wolf

Sergio Mejía, director y fundador de la orquesta La 33, habla sobre el origen de la agrupación bogotana, la experiencia de tocar salsa en espacios nacionales e internacionales, el proceso creativo en medio de la pandemia y las expectativas ante la presentación que tendrán en el festival del semanario VOZ, que será el 28 de noviembre en el INEM de Kennedy en Bogotá

Mónica Andrea Miranda Forero
@Emedemoni_

¿Cómo empezó La 33?

-La historia arranca hace dos décadas con mi hermano, precisamente en esta casa, que queda en la 33 con 15 en Teusaquillo. Antes de La 33, yo fui un músico más de rock y de jazz, toqué en varias bandas y conciertos, incluso en Rock al Parque con un grupo que se llamaba La Sonora Cienfuegos. A medida que iba creciendo el rock, este se iba latinizando. Ya con la Sonora era más una onda tipo Los Fabulosos Cadillacs que tenía conga, que tenía sus pinceladas de salsa, paralelamente estaba en la universidad e iba a bailar salsa a los bares en el centro.

Cuando me fui a Canadá, tuve una revelación fuerte de que era latino y colombiano y estaba haciendo rock y estaba un poco desfasado. No tenía una identidad clara con respecto de dónde venía. Allá me dio la inquietud de volver a Colombia a estudiar los ritmos propios colombianos como la cumbia, el bullerengue, la música del Pacífico, la música de marimba. Sintiendo esa nostalgia en Montreal, con ese frío, la salsa era lo único que me calentaba.  Llegué a Colombia, me reencontré con mi hermano y fuimos armando un proyecto, más por diversión. Nos empezamos a enamorar de la salsa y así arrancó la cosa.

Este año se cumplieron 20 años de carrera ¿Cómo celebraron esta fecha tan importante?

-La verdad no lo celebramos, no hemos podido hacer la fiesta por esta situación atípica de pandemia, por lo que no nos ha dado el tiempo de cuadrarlo. Hemos hecho pequeñas fiestas, pero no para celebrar el cumpleaños de La 33. La dejaremos probablemente para el otro año.

“Rolos” tocando salsa

Cuéntanos una anécdota que te acuerdes con La 33

-Yo soy malísimo para contar anécdotas (risas), pero la que más me acuerdo fue cuando tuvimos una invitación para tocar en Cali. Estábamos en Quiebra Canto, en la 24 con 5 y salimos como a las cuatro de la mañana en un bus para Cali. Fue un viaje larguísimo, llegamos allá super cansados, sin fuerzas, sin energías.

Descansamos solo media hora para una agenda de tres conciertos en un día. Nos llevaban coleccionistas caleños de barrios populares, entonces, les tocó hacer un montón de cosas para tenernos. Llegamos a un barrio obrero de Cali a tocar y estábamos muertos del susto porque pensamos que nos iban a echar por eso de ser “rolos” tocando salsa.

Llegamos y la gente de una nos pedía fotos, autógrafos, nos aplaudieron un montón y esto nunca nos había pasado. Era increíble. Fue sentirnos por primera vez en la vida “famosos”. Había un reconocimiento especial hacia nuestra música y hacia nosotros y fue un concierto maravilloso. La energía de la gente nos subió también la energía a nosotros, entonces fue un momento muy bonito.

¿Eso en qué fecha fue?

-En 2005. Nosotros sacamos el primer disco en 2004. Siempre tocábamos era acá en los bares de salsa sobre todo en Quiebra Canto. Llevábamos como dos años allá metidos y el disco nos abrió las puertas por fuera de Bogotá. Nos empezó a mover nacional e internacionalmente. Fue un año de cambio, de estar metidos en un bar y empezar a dar vueltas por Colombia y por Latinoamérica.

Los ortodoxos de la música critican que La 33 es una banda bogotana haciendo salsa. ¿Qué le podrían decir a estas personas?

-Cada quien es libre de pensar lo que quiera y de tener las opiniones que quiera. Nosotros no nos creemos ni más ni menos que nadie, simplemente hacemos lo que nos gusta. A mucha gente le ha gustado, hemos podido viajar, dar vueltas por el mundo y esas cosas generan envidia que van más allá de solamente las opiniones. Pero que gracias por hablar de nosotros. Como decía Dalí, “Lo importante no es que hablen bien o mal, sino que hablen”.

Por el mundo

¿Qué se siente que la música que hacen esté sonando por todos lados?

-Es chévere. Es como la presencia nuestra en muchos lugares. Me acuerdo de un amigo que me decía que uno se moría, pero la música seguía estando ahí. Es una forma de seguir estando vivos en los lugares. Podemos estar en muchos espacios. Es nuestra alma conservándose en diferentes lugares.

¿Cómo se han sentido cantando en escenarios internacionales?

-Siempre nos sentimos llevándole un pedazo de Colombia a la gente que está en el exterior y a los latinos un pedazo de Latinoamérica. Hay mucha gente que está lejos de sus casas y al ver la música que hacemos y nuestra identidad, se sienten un momentico en Colombia teniendo en cuenta que se reúne la gente del país. Siempre nos reciben con nostalgia y emoción y eso se le prende a uno también.

¿En qué lugar del mundo no han podido tocar, pero les gustaría llegar con la música de La 33?

-Ya hemos estado en los cinco continentes. Hemos tocado un montón en Europa y en Estados Unidos, pero me gustaría ir a Puerto Rico que no hemos ido, a Cuba, en los países de Asia como China, que son países que tienen un montón de cosas que enseñar. Creo que lo más bonito de viajar es aprender de las culturas y la onda oriental me encanta.

Baile y alegría

Hablemos un poco de la pandemia en el marco del sector artístico ¿Para ustedes qué significó que hubiera un confinamiento mundial?

-Significó cancelar o posponer un montón de compromisos a nivel nacional e internacional. Nosotros igual seguimos tocando una vez al mes, más o menos en el marco de la pandemia, pero fue una crisis para el sector artístico. Aunque también tuvo sus cosas buenas. Nos dio tiempo para sentarnos a escribir nueva música, a crear, a pensar y reflexionar y eso es importante, tener tiempo para inspirarse. Salieron varias canciones que en algún momento la gente podrá escuchar.

¿Cómo se manejaba esto? ¿Se conectaban en una red social o se encontraban?

-Al comienzo que el confinamiento era tan estricto, fueron trabajos individuales. Cada quien haciendo en su casa cosas y compartiéndolas. Hicimos un concierto que se llamaba “La 33 en casa” que fue muy divertido porque era literal cada quien tocando desde su casa lo cual fue muy complejo sobre todo en cuanto edición audiovisual y pues cada quien grababa su parte y la enviaban y una persona las ensamblaba todas. Es el concierto más extraño que he tenido en mi vida, literalmente en la sala de mi casa, pero bueno, fue poder sobreponerse a la situación y continuar haciendo música de alguna u otra forma.

¿Qué expectativas tienen para esta nueva edición del FestiVOZ?

-Creo que principalmente divertir a la gente, hacerla pasar un momento agradable, poder generar un espacio de baile y alegría para todas las personas que asistan. ¡Pónganse las pilas, lo que viene es candela!