¿Hay planes para atender depresiones y evitar suicidios?

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José Ramón Llanos

¿Quién es capaz de diseñar planes adecuados para atender los miles de colombianos con depresión profunda y evitar en lo posible que se disparen los índices de suicidios y cunda un caos mayor al existente?

Por supuesto, el presidente Iván Duque, no. Ni siquiera fue capaz de cerrar el país a tiempo para retrasar lo máximo posible la llegada del coronavirus, cerrando los aeropuertos, a los turistas y viajeros extranjeros, especialmente los provenientes de Europa y Estados Unidos y solo permitir el retorno de colombianos que estuvieran y recibirlos con las medidas de prevención máximas e irrestrictamente aplicadas.

La vicepresidenta es la más incapaz de identificar soluciones efectivas para problemas sociales complejos y mucho menos con asuntos como el actual en que no solo hay que atender cuestiones de infección. También hay que visionar afecciones psicológicas presentes y futuras.

Precisamente, la vicepresidenta acaba de emitir unas declaraciones que constituyen un valioso test sobre la aptitud de ella para valorar, mejor subvalorar, dos de los perfiles profesionales imprescindibles para ayudar a conjurar los estragos de una epidemia: psicólogos y sociólogos, tan necesarios como los infectólogos y médicos internistas.

La vicepresidenta en Medellín aconsejó a unas universitarias: «Tenemos demasiadas psicólogas, sociólogas, carreras que no les sirven para tener mejores ingresos”. Para que la exmodelo y ahora vicepresidenta, Marta Lucía, aprenda la importancia de los profesionales de ciencias sociales en casos de epidemias, debe leer el libro del antropólogo Barry Hewlett, Ébola, cultura y política: la antropología de una enfermedad emergente.

Para que se entere de la tragedia social que se está incubando en Colombia debe leer el artículo de Verónica Tucci, Nidal Moukaddan y Jonathan Meadows, La plaga olvidada: Manifestaciones psiquiátricas del Ébola, Zika y enfermedades infecciosas emergentes. Estos psiquiatras determinaron que un alto porcentaje de convalecientes de enfermedades infecciosas como el Ébola y el zika terminan afectados por depresiones que muchas veces conducen a intentos de suicidios.

Además, existen causas que pueden terminar afectando psicológicamente a numerosos compatriotas: la imposibilidad de hacer debidamente el duelo por el fallecimiento de hijos, padres y cónyuges, sin poder hacerle el tradicional velorio, la pérdida del empleo, la incertidumbre que causa el Covid-19 y el largo tiempo encerrado en sus residencias, no siempre adecuadas y sin el equipamiento que pueden hacer más soportable el asilo prolongado.

Angustia y depresión en Wuhan

La tragedia que nos espera debido a los probables afectados con problemas psicológicos, como secuela de las situaciones mencionadas en el párrafo anterior, más los traumatizados por haber padecidos los efectos del coronavirus, la podemos visionar en lo que está viviendo China.

Según la agencia china Xinhua, “Todo el mundo en Wuhan padece algún tipo de trauma” (…) «Muy especialmente, la gente que ha perdido a algún ser querido”. Además, una encuesta entre personal médico y paramédico involucrado en la atención del Covid-19, determinó que más del 50 por ciento tienen síntomas de depresión y más del 70 por ciento síntomas de angustia. Recordemos los médicos y enfermeras comprometidos con la atención a infectados con el Covid-19, que se suicidado en todo el mundo.

La Sociedad China de Psicología mediante encuestas identificó a un 42,6 por ciento de 18 mil ciudadanos, que padecían ansiedad y de otro universo de 14 mil encuestados, 16,6 por ciento padecían depresión de leve a severa.

Todos estos casos llevaron a la Comisión Nacional de Salud a publicar un Manual de Salud Mental dirigido a los ciudadanos sobre cómo actuar ante el estrés y otros problemas psicológicos. Asimismo, psiquiatras y psicólogos utilizan “plataformas en líneas para compartir acciones médicas para aliviar el estrés mental”.

Frente a la inoperancia del Gobierno, ¿qué hacer?

Debido a la impotencia e inoperancia del Gobierno duquista, ante la tragedia que pueden significar cientos de pacientes con problemas psicológicos desatendidos, evitemos la catástrofe social, inmediatamente  la academia, las sociedades de psiquiatras y psicólogos deben tomar la iniciativa y proceder a instalar las plataformas que permitan a  quienes necesiten atención urgente, comunicarse y recibir orientación profesional oportuna.

Entre tanto, dejar que el mandatario siga diariamente con sus maniáticas y estériles apariciones televisivas. A su vez la vicepresidenta Marta Lucía, debe dársele una licencia para que continúe su plañidera defensa relacionada con los presuntos negocios de su familia con narcotraficantes.

¿Y qué hacer con tanto desgobierno? Nada de rogativas ante las deidades extraterrestres, utilizar las redes orientadas por mujeres y hombres para afinar y potenciar las organizaciones sociales, especialmente los jóvenes, los sindicatos para que el Gobierno acepte la ayuda científica comprobadamente eficaz de la medicina cubana y equipos de protección para los médicos y formalización laboral.Y pasada la cuarentena exigirle rendición de cuentas al presidente Iván Duque. ¿Y para el futuro? Campañas bien organizadas para lograr un solo candidato progresista, que se comprometa a realizar desde la presidencia un programa de gobierno construido colectivamente con amplia participación popular.