Peregrinación por la defensa de la vida y la paz

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Peregrinación por la paz desde el departamento del Meta

Pastor Alape le aclara al país que la Peregrinación #PorLaVidaYPorLaPaz no es una acción politiquera sino una discusión de política pública para la paz

Carolina Tejada
@carolltejada

Desde la firma del acuerdo de paz, para la terminación del conflicto armado, quienes entregaron las armas, se fueron convencidos y convencidas de que la paz, no sería posible sin la voluntad de un gobierno que cumpliera lo acordado y que garantizara la vida de quienes, luchando en armas por ella, las entregaron como un gesto político que frenara el derramamiento de sangre. La vía política fue la apuesta y el partido de la rosa se convirtió en su trinchera. Pero, desde la llegada del gobierno de Iván Duque, la seguridad de esa paz completa, de la garantía de la vida para las personas firmantes del acuerdo, empezó a desmoronarse.

“El motivo principal por el cual se crearon las FARC, es el mismo motivo que estamos viviendo hoy, esas violencias del territorio, ese atropello de quien debería cuidarnos a nosotros que es el Estado”, comentaba Luz Marina Giraldo, excombatiente de la guerrilla de las Farc y firmante del Acuerdo de Paz en Colombia, en un encuentro con la Comisión de la Verdad, luego de que se conociera que, a su esposo Alexander Parra, igualmente firmante de la paz, fue asesinado el 24 de octubre de 2019. “En el comedor de mi casa, jugando ajedrez, ¡indefenso! ¡fue asesinado mi esposo!”, expresaba.

En ese diálogo con la Comisión, Luz Marina aseguró: “Nosotros los que vivimos la guerra en carne propia, estamos convencidos de que la guerra no es el camino. Y por eso, estamos firmes en este proceso. Sin embargo, ese miedo que sentíamos cuando estábamos en armas, uniformados, esperando que un enfrentamiento nos quitara la vida, es el mismo miedo que sentimos hoy, cada vez que salimos de nuestra casa. Y ese miedo se está extendiendo no solamente a nosotros, sino a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros hermanos”.

Este nivel de violencia y de impunidad sobre quienes firmaron la paz, es lo que ha motivado que el pasado 21 de octubre arrancara desde Mesetas una ‘peregrinación por la defensa de la vida y la paz’. Esta iniciativa surge luego de que se conociera un nuevo asesinato, en esta ocasión de uno de los hombres más comprometidos, desde el territorio de Uribe en el Meta, con el proceso de reincorporación.  Se trata de Jesús Monroy, más conocido como Albeiro Suárez, quien junto a su escolta Yeferson Mandela, igualmente firmante de la paz, fueron asesinados el pasado 17 de octubre.

Este excombatiente, calificado con la palabra “compromiso” luego de la firma de los acuerdos de paz con el gobierno, había salido en una avanzada hacia el territorio del Meta buscando un terreno fértil para arrendar. En su búsqueda había conseguido 36 hectáreas de tierra y en el mes de junio del 2018 las hectáreas de tierra ya estaban produciendo o en proceso de producir. Estos pequeños proyectos eran apoyados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y el Gobierno de Suecia. Como ocurre en varias partes del país en los espacios territoriales. Con el liderazgo del excombatiente, a mediados del mes de noviembre saldría al público una nueva marca de chocolate, producto del cultivo de cacao en el terreno arrendado y gracias a una procesadora para la producción del chocolate. El entierro de este líder político fue multitudinario.

En un comunicado público las personas marchantes aseguraron: “Frente a los ya sistemáticos hechos de violencia, persecución y estigmatización en contra de las y los firmantes de la paz, líderes sociales y defensores de derechos humanos, hemos decidido poner a caminar nuestras voces para recoger el sentir y el acompañamiento de la ciudadanía que cree que la paz es posible y exigir la defensa de la vida y el compromiso del Estado colombiano”. La jornada que inicia como un llamado a la sociedad, al gobierno nacional y a la comunidad internacional, también es, un homenaje, a “la memoria de 234 colombianas y colombianos comprometidos con la construcción de un Nuevo País, son ellos y ellas quienes nos motivan a continuar cumpliendo nuestra palabra”.

Al llegar a Villavicencio el pasado 23 de octubre, en un acto político que buscaba vincular a la sociedad con el mensaje de la necesidad de rodear la paz y trabajar mancomunadamente para frenar la guerra, el excombatiente Pastor Alape, expresó en la plaza pública que “el asesinato de Albeiro ha sido un profundo golpe a la reincorporación a las esperanzas de paz. Nosotros seguimos, en esta jornada, en esta peregrinación, reflexionando, tratando de encontrar diálogo con las víctimas, en cada uno de los puntos que vamos pasando; y pues decirle al país que definitivamente la paz, es el camino cierto que tenemos para alcanzar a construir una sociedad verdadera”.

Firmantes de la paz rechazan el asesinato de excombatientes. Foto Verónica Luna

Hacerse oír en todo el país

El panorama de violencia que se viene agudizando en el país, marcado por los asesinatos selectivos, el desplazamiento forzado de comunidades enteras, el fortaleciendo de los grupos paramilitares en diversos territorios que fueron abandonados por las Farc y, la violencia institucional desde sus aparatos militares, es parte del panorama en el que se circunscribe el asesinato de excombatientes.  Las exigencias que surgen del partido de la rosa, son las de garantías en seguridad para la vida, así como para los territorios, y las personas que defienden los derechos humanos, con la finalidad de que, la noticia que se siga imponiendo en el país, sea la de la guerra y la muerte, en lugar de la paz con derechos para la población.

Y es que este año no ha sido fácil para Colombia. En lo corrido del año, hasta 16 de octubre, se encontraban registrados según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, 51 personas excombatientes y firmantes del acuerdo de paz asesinadas, y 237 líderes y lideresas asesinadas al 21 de octubre.

Otro de los territorios del país que ha sido marcado por la guerra, es el del Catatumbo, en Norte de Santander. Luego de la firma del acuerdo de paz, uno de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación que se crearon en el país, fue el del Negro Eliécer Gaitán, en Caño Indio. A esta vereda, elegida para iniciar la reincorporación de la guerrillerada del frente 33, llegaron unos 300 excombatientes. Pero ante los incumplimientos, hoy quedan pocas personas. Lucy, excombatiente de la antigua organización guerrillera en la que combatió al Estado por más de 24 años, y quien ahora actúa como consejera política del nuevo partido de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, en conversaciones con VOZ, expresó su preocupación por la situación humanitaria del país y en particular, con las personas firmantes del acuerdo en la región.

Comentaba que uno de los casos que conmovió a esta colectividad en el Catatumbo, fue el asesinato a manos del Ejército Nacional de Dimar Torres el 22 de abril del año pasado, quién había salido de la cárcel en 2017 con la amnistía que creó el proceso de paz para exguerrilleros de las FARC-EP. Dimar, una persona a la que describían como noble, convencido del proceso de paz y que, desde que salió de la cárcel “se hizo cargo de sus padres ya ancianos y se encontraba trabajando como un campesino común y corriente, asistía a las reuniones de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización” haciendo ver su palabra y compromiso con el proceso, comenta Lucy.

Pero este no ha sido el único caso, en la actualidad, la situación en torno a la seguridad y las garantías para la vida en la región cada vez se vuelve más complicada. “Mira”, comenta Lucy, “la situación de seguridad para las personas firmantes de la paz es complicada, y digo complicada, porque aquí en el departamento se han registrado ya 26 muertes; que se acompaña de una cantidad de personas que en estos momentos están amenazadas y otras que tuvieron que salir desplazadas, entonces no es nada fácil, de verdad, en ese sentido para los firmantes”. Recuerda que hasta hace tiempo se “creía que la situación era más llevadera y menos compleja; pero en realidad la Subdirección Especializada se ha encargado también de registrar uno a uno los casos que se han estado presentando tanto de amenazas como de personas que nos han matado en el departamento”.

Mientras las garantías para la vida y la seguridad de los territorios, de la paz, se desmorona en manos del gobierno de Iván Duque, la dirigente asegura, que el afán de este gobierno es desestabilizar. Como partido, es de gran importancia lo que viene sucediendo, “en la medida en que cada muerte, cada amenaza, cada desplazamiento, generan zozobra en el resto de población reincorporada. Esa situación no deja de preocupar a cada una de las directivas del partido, porque en el partido también, muy por encima de todo, así hallan exguerrilleros que no estén militando, para nosotros es muy importante hacer toda esa vigilancia y seguimiento al cumplimiento de ese tercer punto, lo que tiene que ver con reincorporación política, económica y social, razón por la cual esto nos preocupa muchísimo”.

También comenta que ella, como muchas personas firmantes de la paz, ya estaban preparadas para lo que venía con este gobierno. “Yo estaba preparada para varias cosas; una es los incumplimientos, yo creo que estaban dentro de esas cosas que yo preveía, lo que no llegué a pensar son tantas muertes; en verdad eso no me lo llegué a pensar, pero en verdad esta situación se torna cada día más preocupante”.

Estas son las razones por las que, desde el Catatumbo, inicia la peregrinación por la vida y la paz que al igual que las personas firmantes de otros territorios del país, pretenden llegar a Bogotá. Ha motivado la necesidad de la solidaridad, comenta Lucy, y, “como personas, comprometidas con la paz, como hemos estado; y de ver también quiénes han muerto, por ejemplo, es el caso de Albeiro, el caso de Mario y de otros compañeros, quienes estaban comprometidos en el tema de la reincorporación, en los acuerdos de paz en general, nos motiva, porque yo creo que la vida es lo más sagrado que tenemos nosotros y vale la pena hacer todos los esfuerzos para exigir que se nos garantice”.

Acto político por la paz en Villavicencio. Foto Verónica Luna

Un llamado al gobierno y a la sociedad

Desde la colectividad que hoy marcha desde el Meta, han convocado al país a sumarse a esta peregrinación: “Invitamos a la sociedad en su conjunto a rodearnos en la defensa en la implementación de los acuerdos y en la construcción de la nueva Colombia. Estamos convencidos que recibiremos de ustedes una sonrisa, una vela, una bandera blanca, un abrazo, un vaso de agua, o cualquier gesto de solidaridad”, organizaciones sociales, campesinas y de derechos humanos han recibido este llamado como propio.

Igualmente, comenta Lucy, desde el Catatumbo, las personas firmantes de la paz, inician su peregrinación el miércoles 28, hacia Bogotá. “Yo espero que luego de esta jornada de movilización, se haga una revisión de la situación actual, y que el Gobierno también acceda a sentarse con compromisos reales con la población reincorporada”. Y enfatiza, “el partido hace parte de esa reincorporación política de la cual habla el acuerdo”. También comenta que “yo sí creo que es necesaria una reunión de la dirigencia, de los reincorporados, y establecer así unos compromisos reales en materia de seguridad, porque creo que, si bien es cierto necesitamos la implementación completa del acuerdo, es necesario también tener muy en cuenta esos aspectos de seguridad y esos aspectos de seguridad abarcan a la población reincorporada, así como a los líderes y lideresas sociales”.

Finalmente comenta que “vale la pena hacer ese llamado, como partido hicimos esa interlocución ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, haciendo esas solicitudes, colocando presente también de que la población está en peligro, y en verdad esto ha sido por desidia total de Estado, aquí no podemos hablar con excusas y nada de Estado”.

Mientras tanto, en la plaza pública en Villavicencio, otro de los excombatientes que viene marchando desde Mesetas en medio de su discurso reflexionaba sobre la necesidad de unir esfuerzos como sociedad para construir la paz y reconocía: “Desde las hermosas planicies de Colombia, desde estas pampas de los llanos orientales, desde esta región tan martirizada, tan sufrida por la violencia, los firmantes del acuerdo de paz, les decimos al país, como lo reafirmamos en la décima conferencia, que nuestra única arma será la palabra y el único instrumento serán estas banderas blancas, estas banderas que simbolizan la espiritualidad que se está construyendo en esta comunidad firmante del acuerdo de paz”.

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