Peor el remedio que la enfermedad

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En la ciudad de Patras, durante los días 6, 7 y 8 de julio se llevó a cabo el 27 campamento antiimperialista, convocado por la Juventud Comunista de Grecia, que inundó de banderas rojas esa ciudad. En el acto central intervino el secretario general del Partido Comunista Griego, Dimitris Koutsoumpas, quien denunció la política antiobrera y antipopular del gobierno de Syriza.

La Unión Europea reproduce el mismo recetario de sacrificios y de ajuste social que el país ha venido aplicando desde 2010 y que resultó ser un fracaso

Ricardo Arenales

Después de casi una década de ajustes, de desmonte de la seguridad social, del régimen pensional, de desempleo, y de salarios de hambre para la población, la Comisión Europea ha anunciado que para el próximo año llegará a su fin la política de ‘rescate financiero’ de la economía griega, y que partir de ese momento el país podrá insertarse de nuevo en la economía internacional, encontrar nuevos caminos de financiación de su déficit, e iniciar una etapa de prosperidad económica y de inserción en el mercado, particularmente europeo.

De esta manera, a partir del próximo mes de agosto entra en vigor el tercer ‘plan de rescate’, que concluirá en 2019, sin  que el país haya salido de la crisis. El gobierno griego llegó a un acuerdo “final” con la troika europea, que son sus acreedores, que se basa en borrar los efectos sociales de 10 años de austeridad, buscar nuevas perspectivas de desarrollo económico que hoy son absolutamente inciertas, y quedar bajo la mirada vigilante de la banca internacional, al menos por cincuenta años más.

Con el nuevo plan de ‘rescate’, Grecia recibirá un préstamo por 15 mil millones de euros, para un total de 288.700 millones recibidos en casi diez años de “ayuda” de la banca europea para paliar la crisis, impuesta por la misma Europa para que el país respondiera por su abultada deuda pública y con la banca internacional.

Crecimiento irreal

A cambio de esto, Grecia se obliga durante casi cincuenta años a mantener un superávit fiscal primario, lo que se traduce en que el Estado impondrá cargas tributarias de forma permanente, que retribuirá a la población en servicios y prestaciones públicas. Lo que se recaude de más se destinará a pagar la abultada deuda pública, que en la actualidad equivale al 4.2 por ciento del Producto Interno Bruto, PIB.

La Comisión Europea propone un crecimiento económico progresivo para Grecia hasta del 2.6 por ciento en 2020. De la misma manera, que el denominado excedente primario alcance el 35 por ciento del PIB, cifras irreales después de una década de recesión.

El analista económico Michel Husson, señala al respecto que no es posible alcanzar tales metas por cuanto Grecia es hoy un país -tal vez el único en el mundo- en el que la productividad horario del trabajo retrocede a un ritmo de un punto por año. Esto por varias razones: una tercera parte de la mano de obra calificada, representada en jóvenes de 15 a 29 años, con alguna formación profesional, abandonó el país ante el elevado índice de desempleo y la hambruna.

¡Ni para unas vacaciones!

El desmantelamiento del régimen de pensiones, impuesto por la banca internacional, ahuyentó la mano de obra. El número de nacimientos bajo la crisis disminuyó, imponiendo un desequilibrio demográfico. En estas condiciones, cualquier índice de crecimiento conduciría a un nuevo déficit, por el grado de dependencia de Grecia, en particular de bienes de inversión. En  un contexto semejante, los capitales extranjeros no van a financiar el déficit, no lo han hecho en el pasado, y no lo van a hacer ahora.

Como producto del ajuste fiscal impuesto por la troika europea, hoy el 43 por ciento de las familias griegas no cuenta con recursos para pagar la calefacción de sus viviendas. El 55 por ciento de las familias, debido a sus precarios ingresos, dice que no tendría como asumir gastos superiores a 500 euros. El 49 por ciento de los hogares dice además que no cuenta con recursos para pagarse una semana de vacaciones, en un país que vive del turismo.

En una encuesta reciente, seis de cada diez entrevistados admitieron que han estado desempleados más de dos años. Y sólo el 10 por ciento de los desempleados actuales confirma que recibe un subsidio de desempleo, que equivale a 360 euros mensuales.

Una falacia

Y si a alguien le resulta que este cuadro es dramático, las proyecciones económicas que propone el Eurogrupo para Grecia son peores. El documento de acuerdo con el actual gobierno helénico reproduce el mismo recetario de sacrificios y de ajuste social que el país ha venido aplicando desde 2010 y que resultó un fracaso.

Por ejemplo, no se propone una política de aumento de las exportaciones, que podría aliviar la economía. Las proyecciones se basan en sucesivas cuotas de endeudamiento, y como aseguran algunos analistas, no es posible que ningún país del mundo pueda sobrevivir, entregando a otras naciones el 2.2 por ciento de su PIB en pago de deuda pública e intereses.

La anunciada mejora en servicios y prestaciones públicas, es una falacia, porque lo real es que las contribuciones de las nuevas tasas de tributación que se impongan, van a parar, con toda seguridad, a los acreedores financieros. En estas condiciones, la Unión Europea, en un verdadero latrocinio, seguirá exprimiendo al pueblo griego, mientras le venden a la opinión pública la idea de que el país ha comenzado una etapa esperanzadora.