Pegasus, crimen internacional

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La productora NSO Group no vende esta tecnología sin contar con el visto bueno del Ministerio de Defensa israelí

Pegasus es un virus espía de grado militar, diseñado por la empresa israelí NSO Group y se descarga en un teléfono inteligente
sin el consentimiento del usuario

Alberto Acevedo

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet consideró “extremadamente alarmantes” las informaciones que dan cuenta del uso generalizado por parte de algunos gobiernos, y eventualmente sectores privados del software Pegasus, para espiar a periodistas, defensores de derechos humanos, activistas sociales y líderes políticos en varios países. Otros analistas consideraron sencillamente delictuoso el empleo de mecanismos de espionaje que vulneran la intimidad de las personas.

Según la dignataria, las revelaciones hechas por muchos medios de comunicación sobre la existencia del programa “confirman algunos de los peores temores sobre el uso indebido e ilegal de la tecnología de vigilancia para socavar los derechos humanos de las personas”, puntualizó Bachelet, quien agregó: “Estos informes con firman la urgente necesidad de regular mejor la venta, transferencia y uso de tecnología de vigilancia y de garantizar una supervisión y autorización estrictas”.

“Sin marcos regulatorios que cumplan con los derechos humanos, existen demasiados riesgos de que se abuse de estas herramientas para intimidar a los críticos y silenciar la disidencia”, precisó la funcionaria.

Sofisticación

Pegasus es un virus espía de grado militar, diseñado por la empresa israelí NSO Group, que se inserta en un teléfono inteligente, sin el consentimiento del usuario y sin que este se dé cuenta de que está siendo espiado. Puede recuperar mensajes, correos electrónicos, mensajería, fotos, contactos e incluso escuchar las llamadas de sus propietarios. El sistema exporta esta información hacia páginas de internet creadas por NSO.

Una vez filtrada la información de la existencia del programa y conocido el modus operandi, se constituyó una alianza de 16 grandes medios de comunicación con la asesoría de Amnistía Internacional y del colectivo de periodistas France Forbidden Stories.

El resultado de la investigación da cuenta que, a partir de 2016, fueron infiltrados al menos 50 mil teléfonos en 50 países. Hasta el momento se han identificado, como víctimas de las chuzadas, unos 180 periodistas, 600 políticos, 85 activistas defensores de derechos humanos y unos 65 empresarios. Entre los políticos objeto del espionaje se encuentran el presidente Francia, Emmanuel Macron, el de México, Andrés Manuel López Obrador, el de Irak, Barham Saleh, el de Suráfrica, Cyril Ramaphosa y el rey de Marruecas, Mohamed VI. Además, antiguos jefes de Estado de Bélgica y Libia.

Supera Estados Unidos

Según la empresa israelí que lo desarrolló, Pegasus fue creado únicamente para ser utilizado contra delincuentes, pero la investigación periodística reveló que los clientes de la empresa lo utilizan con otros fines. Muchos de los que adquirieron el software se concentran en diez países: Arabia Saudita, Azerbaiyán, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, India, Hungría, Kazajistán, Marruecos, México y Ruanda.

A diferencia del programa de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional, NSA, de los Estados Unidos, revelado en 2013, capaz de vigilar indiscriminadamente los registros telefónicos, el programa Pegasus permite a quienes lo han adquirido, fijarse en personas concretas, introducirse en sus teléfonos, captar sus contenidos e incluso activar el micrófono y la cámara de éstos.

Otra particularidad es que, en este caso, no se trata de piratas informáticos ni de gobiernos de potencias globales, sino de una empresa privada que vende un producto a los gobiernos, cuyos servicios secretos se dotan así de una capacidad fe espionaje que, de otro modo, solo estaría al alcance de los estados más ricos y poderosos.

Los tentáculos

No hay que perder de vista, sin embargo, que por tratarse de un software de categoría militar, la productora NSO Group no vende esta tecnología sin contar con el visto bueno del Ministerio de Defensa israelí, lo que supone una estrecha colaboración, por decir lo menos, entre la empresa y el gobierno sionista.

En realidad, esta empresa que aparece como base del escándalo, fue creada en el año 2010 y desde entonces mantiene relaciones muy estrechas con medios gubernamentales israelíes. El 70 por ciento de su capital pertenece a la sociedad norteamericana Francisco Partners, con sede en San Francisco, California. La megafirma cuenta con 24 mil millones de dólares de capital y se define como “una de las mayores y más activas empresas de capital privado en el mundo, centrada en la tecnología”.

De acuerdo con la firma Bloomberg Bussinessweek, Francisco Partner está relacionada con el destacado fondo de capital de riesgo de Silicon Valley Sequoia Capital, y ha trabajado con el fon do de cobertura Elliott Management Corporation. En 2018 Francisco Partner anunció que el banco de inversión y uno de los más grandes tenedores de vivienda del mundo, Blackstore, y el banco Goldman Sachs, adquirieron una participación minoritaria en la empresa.