El papa dice sí y Guaidó, no

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Aspecto de la reunión del Grupo de Contacto, en Montevideo, el pasado 7 de febrero.

Violando los protocolos de la ayuda humanitaria, como lo advirtieron las Naciones Unidas, Washington, está concentrando productos en regiones de Colombia, haciendo amagos de que va a forzar su ingreso por tierra, sabiendo que esto es una actitud injerencista

Alberto Acevedo

El recientemente constituido Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela, GIC, creado por iniciativa de los gobiernos de México y Uruguay, reunido en Montevideo el pasado 7 de enero, expresó al término de la reunión, “su disposición para trabajar junto con el Mecanismo de Montevideo con  el propósito común de lograr una solución pacífica y democrática”, para la crisis venezolana.

En un primer borrador del documento, el GIC admitió la existencia de “posiciones políticas diversas” en torno a Venezuela, aunque todos los integrantes “comparten un mismo objetivo”, que consiste en “alcanzar un enfoque internacional común para apoyar una resolución pacífica, política, democrática y de los propios venezolanos a la crisis”.

“El Grupo expresa asimismo un compromiso para movilizar más asistencia en áreas que sean requeridas para aliviar la situación humanitaria en Venezuela”. La reunión de Montevideo hizo un balance de la situación en el país bolivariano y “discutió, como el grupo podría colaborar de la mejor manera para encontrar una salida pacífica y democrática a la crisis venezolana”.

Frena planes intervencionistas

La iniciativa de constituir el Grupo Internacional de Contacto fue diseñada inicialmente por los gobiernos de México y Uruguay. En las horas siguientes se sumaron todos los países que constituyen la Comunidad de Países del Caribe, Caricom. También anunciaron participación voceros de las cancillerías de Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Alemania, Francia, España, Holanda, Italia, Portugal, Gran Bretaña y Suecia.

Y aunque la toma de posición confirmó la fragmentación del continente latinoamericano y de Europa en torno al asunto venezolano, constituye un elemento estratégico positivo que apunta a la solución  pacífica y negociada de la crisis en ese país, sin la injerencia de potencias extranjeras y aleja los planes de intervención militar alentados por el Pentágono norteamericano.

En efecto, el compromiso de los participantes en el GIC por alentar un diálogo entre las partes en Caracas, constituye un revés para los plantes inmediatos de intervención militar en Venezuela por parte de Estados Unidos y sus aliados. Para la comunidad internacional es impresentable una aventura militar intervencionista, en momentos en que un grupo de países ensaya una carta de diálogo, y el presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, apoya la iniciativa.

Fisuras en el frente intervencionista

Varios países latinoamericanos, miembros de la OEA o del Grupo de Lima, se apartan de la línea intervencionista y abogan por un diálogo entre las partes en Venezuela. Lo mismo sucede con la Unión Europea, que en bloque reconoció a Juan Guiadó como presidente encargado de Venezuela, pero ensaya también una diplomacia de diálogo, que contó con la presencia en Montevideo de la representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini.

Si a esto se agrega que el propio Grupo de Lima, oficialmente descarta una intervención militar; que en el Consejo de Seguridad de la ONU no prosperó una condena a Maduro, y menos un reconocimiento a Guaidó, como lo solicitaron, entre otros, el canciller colombiano Carlos Holmes Trujillo, y que varios países europeos reculan en su condena a Maduro y le apuestan a una salida negociada, podemos ver que los planes intervencionistas no marchan como por un riel.

Cuatro pasos

Por su parte, Nicolás Maduro ha venido reuniendo nuevos apoyos, como el que recientemente le expresaron todos los países africanos. Es significativa en este sentido, la voluntad del Vaticano de intervenir como mediador, a condición de que ambas partes se lo soliciten. El presidente Maduro dijo que aceptaba complacido una mediación del Vaticano, pero el flamante “presidente encargado”, Juan Guaidó, dijo que no aceptaba ninguna intermediación que no partiera de la renuncia inmediata del presidente constitucional al cargo.

Con el rechazo a una intermediación de buena voluntad de un numeroso grupos de países, Guaidó lo que hace es mostrar que no tiene ninguna capacidad de procesar una iniciativa propia, y sigue al pie de la letra el libreto de Washington. En efecto, pocas horas antes, el vocero de la Casa Blanca, Elliott Abrams, afirmó que “el tiempo para un diálogo con Maduro ya pasó”, y desestimó cualquier esfuerzo de la comunidad internacional en esa dirección.

Sin renunciar a una aventura intervencionista, Washington, violando los protocolos de la ayuda humanitaria, como lo advirtieron las Naciones Unidas, está concentrando productos en regiones de Colombia, próximas a la frontera con Venezuela, haciendo amagos de que va a forzar su ingreso por tierra, sabiendo que esto, sin el consentimiento del gobierno en Caracas, es una provocación, un actitud injerencista, que ambienta la intervención militar, como advirtió el gobierno de Maduro.

En contraste con esta actitud, el Grupo Internacional de Contacto, tras su reunión en Montevideo, dijo que su estrategia se orienta agotar “cuatro pasos”, consistentes en un diálogo inmediato, inicio de la negociación entre partes, un paquete de compromisos, y una etapa de implementación de los mismos.