Pa’ qué zapatos

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Jaime Cedano Roldán
@cedano85

En estos días de pandemia y de sustos vale la pena acordarse de una frase cargada de amarga filosofía callejera que le escuchamos hace veintitantos años a uno de los actores de La vendedora de rosas, aquella exitosa película de Víctor Gaviria: “Para qué zapatos si no hay casa”. Y la frase salta cuando alguien habla o hace algún comentario, en medio de la pandemia, sobre determinadas ambiciones de cara a las próximas elecciones. Que fulanito quiere ser candidato presidencial y fulanita aspira al senado, y a la cámara perengano.

También surge la mentada frase cuando con el tiempo libre del confinamiento se oye de otros o de uno mismo planes de negocios, viajes, publicar un libro, comprar una vaca lechera, en fin. Quizás el tic tac del contador de muertos que en España cada día ha estado por el millar, nos vuelve pesimistas infinitos, y como quien vive una pesadilla de medianoche de esas de las que Becker no quería o no podía al otro día recordar, solo anhelamos que llegue el alba, la de Aute, para volver a pensar en un mañana.

Y la pregunta vital es sobre el tipo de sentido común que prevalecerá y de qué manera va a influir todo en esta dolorosa etapa en la conciencia de los pueblos. Es incierto el mundo pos-coronavirus. Por eso es acertado posponer eventos como el congreso del PCC, no solo porque saldremos bastante maltrechos económicamente de este trance, sino ante todo porque es difícil definir una estrategia certera para un escenario desconocido.

Claro, es cierto, existen principios y valores que serán identidad comunista en cualquier escenario y bajo cualquier circunstancia, pero ese no es el debate. La cuestión es la táctica a seguir y las prioridades del discurso, el programa, las alianzas. Y todo esto teniendo en cuenta el sentir de las grandes mayorías y no solo la opinión de iluminados, de visionarios o de caudillos de verdades eternas e incuestionables. Si la era pos-coronavirus nos acerca un poco a la humildad colectiva, habrá mejores posibilidades de salir adelante.

En medio de la crisis hay continuidad de los debates fundamentales entre la izquierda y la derecha. Para unos lo prioritario es la economía y para otros la gente, y especialmente la gente más desprotegida. Y también están los del medio, los tibios. Hemos visto que ante la hecatombe han corrido al paraguas estatal hasta los más radicales antiestatistas, pero pronto lo olvidarán.

También olvidarán que la civilización estuvo al borde del colapso, estuvo digo, si en el caso de Colombia la avaricia rentista llamada inteligente no nos conduce a abismos insondables. O a una guerra fratricida resultado de la pandemia mental que estremece a un Donald Trump enceguecido, que arrastra en su locura a un improvisado Iván Duque, testaferro de oscuros intereses. En España la derecha se ha desbocado a una guerra de bulos y blasfemias con oscuras intenciones, intentando sacar réditos electorales de una tragedia que no tuvo la ocurrencia de anunciarse.

Quien nos iba a imaginar recordando en estos duros momentos a Álvaro Gómez llamando a algo que igual podrá cada uno acomodar a sus intereses, personales, partidistas o de clase, llamando a un acuerdo sobre lo fundamental.

Y lo fundamental ahora es derrotar a la pandemia y sobrevivirla.

Y lo principal, la gente.

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