Otros mundos, otras danzas

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Ensayo de El ruido del silencio. Foto Incolballet

Las danzas se tomaron la capital de la resistencia. Compañías artísticas de barrios populares y semilleros de bailarinas y bailarines reivindicaron las raíces culturales de la ciudad

María Libertad

Acaba de realizarse la quinta Bienal Internacional de Danza de Cali, con una programación interesante de alto nivel artístico. Este evento demostró que las compañías colombianas más relevantes tomaron como tema nuestra historia y nuestra realidad en las maravillosas puestas en escena.

El coreógrafo y bailarín Álvaro Restrepo, director del colegio del Cuerpo en Cartagena, recogió un texto de Álvaro Mutis, quien inspirado en el último periplo de Simón Bolívar por el río Magdalena, escribió el cuento El último rostro. Esta historia llamó la atención de Gabriel García Márquez, quien la complementó en su novela El general en su laberinto (1989).

Este acontecimiento dialéctico entre los dos escritores llamó la atención del coreógrafo y bailarín Álvaro Restrepo, quien a lo largo de su carrera ha adaptado la literatura al lenguaje del movimiento y la danza contemporánea, destacándose Dos volcanes y un laberinto, una obra de danza contemporánea que evoca la magia de Gabo, con bailarines muy nuestros, muy de la tierra, de una gran fuerza corporal, interpretando el texto que nos lleva a nuestras raíces y reflejando lo que somos.

El ruido del silencio

La compañía de danza contemporánea Incolballet, hizo su estreno mundial de El ruido del silencio, basada en la experiencia de la pandemia del covid-19 y el confinamiento, haciendo énfasis en los maltratos a que fueron sometidas las mujeres y la niñez. Una puesta en escena que denuncia el patriarcado hegemónico en el seno de la sociedad.

Con excelentes bailarines, se aprecia la formación recibida en el colegio de Incolballet, cuyo inicio fue asistido por Fernando Alonso, fundador del Ballet Nacional de Cuba, primer esposo de Alicia Alonso, quien vino a Cali invitado por la Casa de la Amistad con los Pueblos, para conocer la iniciativa de Gloria Castro, bailarina y pedagoga de baile quien tenía en sus manos el proyecto de crear una escuela de danza en donde pudiera estudiar la juventud de los barrios marginales de la ciudad, sin distinción de raza ni condición social.

Cuando me muevo

La presencia de la danza urbana ha tenido un peso muy fuerte en esta bienal. Cuando me muevo es un proyecto en asocio con la fotógrafa Carolina Navas, pieza artística que resaltó la dimensión humana de los y las bailarinas caleñas como ciudad en movimiento y, sobre todo, las diversas corporalidades que la habitan.

Jóvenes de los barrios populares como Juan Felipe Hinestrosa con 10 años de experiencia en danza urbana, hip hop, popping y krump se le reconoce como artista del distrito de Aguablanca; Robeiro Morcillo “Rollizo” y Fabio Andrés Canizales bailan break dance; Jhon Dennis del grupo Morir o Bailar, MoB, quien dice que mientras en su barrio lo único seguro es la muerte, él ha decidido bailar; o Yamilet Lozano Montenegro, profesora de danza tradicional y urbana, que trabaja en el proyecto social Acuérdate de mí enseñando en el asentamiento Brisas de Paz y Llano Verde de la ciudad, donde sus pupilos que hicieron parte de este proyecto fueron asesinados en la protesta social y popular que arrancó el pasado 28 de abril.

Capital de la resistencia

En los programas de En Cali se baila así y en Noches de Danza Urbana vimos los resultados de los ensayos, laboratorios, investigaciones y creaciones de danza urbana, no solo producidos en la capital del departamento, sino también en municipios como Jamundí, Palmira y Tuluá.

El Valle del Cauca es un caldero de culturas. La gente respondió a la violencia estatal con arte y cultura. Gran parte de estos artistas son del distrito de Aguablanca, complejo y poderoso semillero de bailarines y músicos. Cali bailarina, capital de la resistencia.