Otoniel: dudas razonables

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Presentación pública de Otoniel ante la prensa. Foto Ejército Nacional

Para una gran parte de la opinión pública colombiana la captura del máximo líder de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, AGC, no pasó desapercibida, y no precisamente por la significancia de esta en la lucha contra el paramilitarismo y el narcotráfico.

A pesar de que la gran prensa sigue vendiendo la captura de Otoniel como un golpe trascendental contra el crimen organizado asestado por una heroica fuerza armada, no son pocas las sospechas sobre la caída del jefe paramilitar. La imagen de un Otoniel bien arreglado, con botas pulcras mientras luce una sonrisa que expresa calma, arroja todo tipo de dudas sobre la versión oficial de los hechos, pues por ningún lado da muestra de ser una persona que llevaba cercada seis meses y que cayó después de un combate que implicó a 500 militares y 22 helicópteros de apoyo.

Además, el hecho de que no se reportara la captura o muerte de otros paramilitares y la publicación de una fotografía del supuesto campamento donde se produjo el operativo pero que terminó siendo el cambuche de un soldado profesional común y corriente, no hace sino generar más preguntas.

Pero más dudosa resulta la captura de Otoniel si consideramos los hechos políticos que la rodean. La cabeza visible de las AGC cayó dos días después de la visita a Colombia del secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken. El presidente Duque aprovechó el encuentro para atacar nuevamente al gobierno venezolano valiéndose del problema migratorio. Pero resultaron menos publicitadas las palabras del alto funcionario estadounidense sobre el proceso de paz y el narcotráfico.

Aunque Blinken reconoció que en la lucha contra el narcotráfico debe haber una mayor acción para reducir la demanda en los Estados Unidos, exigió a Colombia un trato más duro para quienes incurran en este ilícito. No podemos olvidar que el tema del narcotráfico ha sido un punto polémico en la relación entre la administración Duque y los Estados Unidos aún desde el gobierno de Trump.

La administración de Trump como la de su sucesor, Joe Biden, han señalado el aumento de cultivos de coca en Colombia reclamando una mayor acción de las autoridades. Además, Blinken expresó el compromiso de su gobierno con el proceso de paz, mientras que se refirió a los hechos de vulneración de derechos humanos de la fuerza pública durante el paro nacional, señalando que la impunidad no debe prevalecer en estos casos.

Las palabras de Blinken se dan en un momento en que senadores demócratas liderados por Jim McGovern vuelven a replantear el financiamiento de su país al ejército y policía colombianos, al tiempo que critican el abandono del Acuerdo de Paz por parte de la administración Duque.

Las imágenes de Otoniel luego de su captura hacen pensar que en realidad se trató de un acuerdo entre el paramilitar y el Estado colombiano, cosa que tendría mucho sentido. En primer lugar, para nadie es un secreto la relación estrecha que ha existido entre los grupos paramilitares y el Establecimiento.

Este hecho incluso ha sido ratificado recientemente por documentación desclasificada de agencias de inteligencia norteamericanas, en la que se evidencia la existencia de un vínculo estrecho entre paramilitares de extrema derecha y la fuerza pública colombiana en operaciones de persecución y exterminio de los movimientos sociales. Y en el caso específico de las AGC no son pocas las denuncias de cómo este grupo ha operado en zonas como el Chocó con la aquiescencia del Estado.

De esta forma, un acuerdo entre las AGC y el Estado resulta mucho más viable. De otro lado, la casi consumada extradición de Otoniel también apunta hacia un acuerdo para su entrega. Así las cosas, de hacerse realidad la extradición, el líder paramilitar, responsable de crímenes atroces y asesinatos de líderes sociales, en Estados Unidos solo respondería por el leve delito de narcotráfico.

También es claro que la caída de Otoniel no puede desligarse del escenario internacional. La buena sincronización entre la visita de Blinken y la operación contra el líder de las AGC no es simple coincidencia. Podemos pensar que esta responde a los esfuerzos de Duque por congraciarse con la administración Biden. El actual gobierno colombiano, que ha resultado ser una pieza clave en el entramado internacional del narcotráfico, no ha sido precisamente “santo de la devoción” del actual mandatario norteamericano. Y para la élite colombiana no hay mayor pecado que disgustar al amo del norte.

En cualquier caso, la captura de Otoniel no terminará aportando a la construcción de la paz en Colombia. Su detención no significará la desarticulación de este grupo paramilitar, que sigue amenazando a periodistas, liderazgos sociales y a la población en general en buena parte del norte del país. Y al ser extraditado, será muy difícil conocer la verdad sobre los crímenes que este cometió en el marco del conflicto armado. De tal modo que la impunidad sobre el accionar de los grupos paramilitares seguirá siendo la nota imperante.