Operación Barbarroja

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Tanques y soldados alemanes atacan posiciones soviéticas en 1941. Foto Getty Images

El 22 de junio de 1941, Hitler decidió lanzar la operación militar contra la Unión Soviética. Para ello se diseñó la operación, cuyo nombre fue en homenaje al exemperador germánico Federico I Barbarroja. Según lo planeado, el plan de invasión debía culminar antes del invierno con la toma de Moscú. Así comenzó una “guerra de exterminio” en el frente oriental que cambió para siempre la correlación de fuerzas

Beatriz Guerrero
@laflormasroja

A 80 años del inicio de la guerra en Rusia, la canciller Angela Merkel reafirmó la responsabilidad alemana en los crímenes cometidos por el fascismo, y aseguró que el 22 de junio es una fecha que no puede ser olvidada, pues ese día los nazis abrieron “el siguiente horroroso capítulo” de la guerra.

El 22 de junio de 1941, un año después de la derrota de Francia, Hitler decidió lanzar una operación militar contra la Unión Soviética. Para ello se diseñó la Operación Barbarroja (tomando el nombre del ex emperador germánico Federico I Barbarroja), la cual, según lo planeado, debía culminar antes del invierno con la toma de Moscú. El Estado Mayor alemán consideraba que con un golpe al corazón del Estado soviético este se derrumbaría suponiendo el fin de cualquier forma de resistencia.

Tal planificación se basaba en los cálculos de una oficialidad invicta que subestimaba a los soviéticos. Desde 1939, el ejército alemán, la Wehrmacht, había ocupado sin mayor problema Polonia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Francia, Grecia y Yugoslavia. Además, cabe señalar que a los nazis les tomó 46 días someter a la poderosa Francia -apoyada militarmente por los ingleses-, en una batalla que se inició con la invasión de los Países Bajos, y concluyó con la ocupación de París.

Sin embargo, el Ejército Rojo resistió más de lo esperado, y la batalla por Moscú no se inició sino hasta octubre de 1941, y en esta las fuerzas nazis experimentaron su primera derrota. La lucha por Moscú marcó un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial. El expansionismo nazi fue detenido y continuó disminuyendo a partir de entonces.

Una guerra de exterminio

La decisión de los nazis de atacar la URSS no fue solo militar, sino también ideológica. Desde la década de 1920, Hitler había definido en Mein Kampf la necesidad de garantizar la existencia de la nación alemana mediante la conquista del espacio vital en el este. Solo con el sometimiento de Rusia, y la supresión de los eslavos -considerados como una raza inferior- los alemanes podrían conseguir las tierras necesarias para consolidar su desarrollo; pero la invasión de Rusia era una cruzada contra los principales enemigos de los arios: el bolchevismo, fuerza política concebida por el “judío internacional”.

Así pues, a fines de 1940, después de la rápida victoria sobre Francia, Hitler comienza a diseñar su guerra por el espacio vital, Lebensraum, en el este. Esta guerra buscaba el práctico exterminio de los eslavos, dejando algún porcentaje de población para ser esclavizado. Así las estepas deberían quedar vacías para que fueran colonizadas por campesinos alemanes. Y en este genocidio no solo se implicarían las fuerzas militares de élite controladas por el Partido Nazi, las Schutzstaffel (SS), sino también el ejército, que dispuso de unidades como la División de Infantería 707, encargada de ejecutar civiles en la retaguardia, la mayoría de ellos judíos.

El resultado de esta guerra de exterminio fue de 27 millones de ciudadanos soviéticos muertos, de los cuales 11 eran civiles, muchos asesinados en masacres selectivas cometidas por todo tipo de unidades militares. Además, 10 millones de soviéticos, entre prisioneros de guerra, judíos y civiles esclavizados, fueron asesinados en los campos de concentración.

Preparativos para la invasión

Para finales de 1940, muchos, incluida la dirigencia soviética, preveían que Hitler continuaría con la invasión de Inglaterra. Pero dado el fracaso de los combates aéreos en los cielos británicos, sumado a las dificultades que presentaba una operación anfibia, Hitler decidió aplazar sus planes para Inglaterra y concentrarse en la URSS.

La fuerza de invasión estaba compuesta por un ejército de más de tres millones de soldados alemanes y 650 mil finlandeses y rumanos, formados en 151 divisiones, organizadas en tres grupos de ejércitos, el Norte, Centro y Sur. Sus objetivos eran tomar Leningrado, Moscú y Kiev, respectivamente. Además, los alemanes contaban con unos 4.000 tanques (de los cuales 1.400 eran los modernos Panzer III y IV), de 2.770 a 4.389 aviones (correspondiente al 65% de los recursos de la fuerza aérea, Luftwaffe), así como 7.200 piezas de artillería. Estas eran tropas comandadas por oficiales de entre 50 y 60 años, algunos de ellos veteranos de la Primera Guerra Mundial, que venían afinando sus tácticas de combate desde 1939.

Por su parte, el Ejército Rojo estaba en proceso de reorganización. Desde 1940 hasta mediados de 1941, se aumentó la tropa de 1.5 millones a 5 millones de soldados, pero no estaban bien preparados ni equipados. La oficialidad había sido seriamente afectada por las purgas de los años treinta, que se habían cobrado la vida de experimentados militares que promovían la modernización de las fuerzas armadas con miras a encarar la guerra mecanizada.

Los soviéticos habían formado tres líneas de defensa en el oeste que iban del Báltico al Mar Negro, y para junio de 1941 apenas comenzaban a movilizarse fuerzas hacia esta zona. En la primera línea se dispusieron 2.9 millones de soldados, que no encontraron fortificaciones adecuadas. A pesar de que tenían a su disposición unos 10 mil tanques, casi todos ellos eran modelos ligeros que no podrían hacer frente a los panzer, y además, no contaban con vehículos de suministros suficientes.

Inicio de la invasión

En la madrugada del domingo 22 de junio de 1941, las primeras unidades alemanas entraron al territorio soviético. El Ejército Rojo fue tomado prácticamente por sorpresa; cubría una línea de defensa muy extensa sin saber dónde concentraría el enemigo sus ataques. La información de inteligencia soviética no fue certera, y Stalin no les daba crédito a muchas de las noticias sobre la inminencia del ataque alemán. Creía que Hitler no atacaría con la amenaza británica en sus espaldas, y que por tanto la invasión alemana solo se daría hasta el año de 1942.

La respuesta del alto mando soviético durante los primeros días de la guerra fue lenta, y muchos de los oficiales en el campo contaban con poca experiencia, pues habían ascendido meteóricamente para llenar los vacíos dejados por las purgas. Estos no sabían cómo lidiar con un ejército que coordinaba a sus soldados, aviones y tanques en movimientos ofensivos rápidos. A esta incapacidad se agregaron las desventajas tecnológicas en tierra y aire, por lo que los alemanes lograron avances profundos, de hasta 150 km en territorio soviético, en unos cuantos días.

Durante las primeras semanas de la guerra, los nazis neutralizaron la fuerza aérea en tierra y eliminaron grandes contingentes de soldados en Ucrania y Bielorrusia, siendo Kiev el más grave caso, donde 532 mil soldados soviéticos fueron cercados y aniquilados.

Resistencia tenaz

Pese a todo, el Ejército Rojo mostró una capacidad de resistencia inesperada. En Brest, los soldados retuvieron a varias divisiones nazis durante dos semanas. En julio los soviéticos hicieron retroceder a los nazis y retomaron Velíkiye Luki. Y Kiev cayó solo hasta el 19 de septiembre.

En esta batalla terminaron interviniendo fuerzas blindadas destinadas a Moscú -donde debía asestarse el golpe fatal a la URSS-, lo que ganó tiempo valioso para la organización de las defensas de la capital. Así empezaba una guerra que según los alemanes no debía durar más de cuatro meses, y que estaba destinada a exterminar todo un pueblo. Sin embargo, en febrero de 1942 los nazis se verían obligados a renunciar a la captura de Moscú.