“Nosotras siempre hemos estado, pero la historia oficial nos ha ocultado”

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Aida Quilcue, coordinadora nacional del CRIC

La lideresa indígena Aida Quilcue habló con el semanario Voz sobre su papel en la organización indígena del CRIC, que por estos días celebra los 50 años de existencia

Ana Elsa Rojas Rey

¿Cómo ha sido el proceso de tu liderazgo en el movimiento indígena?

-Soy pueblo Nasa, nací en Tierradentro Cauca, he surgido del proceso de la lucha indígena, porque el propósito es fortalecer nuestras raíces culturales, para tener un vínculo con la comunidad. Yo he sido autoridad, fui presidenta del CRIC en el Huila, consejera de Derechos Humanos y Paz de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, consejera del CRIC, hoy Coordinadora Nacional del CRIC Nacional.

Tengo una hija que me quedó, después del asesinato de mi esposo, Edwin Legarda. He enfrentado por más de cinco años el asedio y la persecución. Lo triste es que los autores del crimen hoy están libres, porque se acogieron a la JEP. Gracias a mi pueblo y la guardia indígena hoy estoy viva. A mi esposo le dispararon 116 tiros y 16 le llegaron a su cuerpo, el atentado era para mí, pero como no iba ahí, el Ejército Nacional no pudo asesinarme.

¿A qué edad se vinculó a la organización?

-Toda mi vida he sido de la organización, desde que nací, porque la organización no es el cargo, es el desarrollo de la vida comunitaria, desde que nacemos lo aprendemos, aprendí de mi papá y mi mamá el valor de la vida y la recuperación de la tierra. En 1994 empezamos con procesos más grandes con la comunidad.

¿Al interior de la organización, de acuerdo con la cultura, encuentran las mujeres tropiezos para destacarse como lideresas?

-Milenariamente las mujeres han jugado un papel fundamental en el desarrollo de las comunidades para sus acciones, sin embargo, no es un secreto para las comunidades indígenas, el país y para el mundo que existe esa práctica de invisibilización de las mujeres, pero esa práctica, no era nuestra, llegó del occidente, con otras ideologías en la que redujeron a las mujeres al sometimiento, discriminación , exclusión, e incluso a la no participación y ese ha sido una lucha para nosotras. Yo resalto mucho el proceso del Cauca, porque ha habido mujeres muy valiosas que han reivindicado a la mujer. Para mi caso, ha sido importante caminar en el marco comunitario y las comunidades van mirando nuestras características, nuestro perfil y nos eligen para que los representemos en este camino.

El machismo no es solo en los pueblos indígenas, sino en toda la sociedad. En mi experiencia, ha sido bonito caminar al lado de mujeres y hombres valiosos, que han contribuido en la formación de las mujeres indígenas, no solo en mi liderazgo, sino de muchas mujeres que hoy marcan, como consejeras, guardias indígenas, gobernadoras, y recuperadoras de tierra.

¿Para ustedes la participación de las mujeres es un asunto de oportunidad o capacidad?

-No lo veo como oportunidad, porque a veces esa oportunidad se puede convertir en otra cosa, se trata de participar, llegar con luz propia, respetando los disensos y los consensos, que no abra campo al oportunismo, llegar espontáneamente por un rato y ya, no es conveniente. No se trata de ser una más del montón, se trata de participar, tener carácter, poner nuestras posiciones y defender nuestro propio criterio.

¿Cómo es al interior de su organización la representación?

-Hay distintas formas de experiencias que han vivido las mujeres, algunas cuentan con el respaldo de la familia, si las mujeres no tenemos el respaldo de nuestro compañero, con quien convivimos, nos podemos ver limitadas, eso no quiere decir que nos quedamos ahí, al contrario, tenemos que afianzarnos en el marco de la sensibilización al interior de la familia. Yo tuve la fortuna del apoyo de mi compañero en todo, hasta el último momento.

En la representatividad está marcado el concepto que las mujeres son incapaces de liderar un proceso, pero no se trata de quedarnos en el lamento, tenemos que demostrar en trabajo real que somos esa sabiduría y ese tejido de vida, que somos capaces de conducir muchos procesos y que lo hacemos muy bien. Caminar juntos es el desafío para que nosotras sigamos trascendiendo. A las mujeres nos han atacado por lo moral, por lo más mínimo, y es ahí donde necesitamos ese respaldo, el de la familia y la organización.

¿Cómo es la construcción de la perspectiva de género en la organización?

-En sus inicios las mujeres fueron fundamentales, no aparecen en la prensa, ni en los folletos, porque incluso en las recuperaciones de tierras eran ellas quienes entraban, y los hombres las respaldaban, eso no se muestra. En la línea del tiempo de los 50 años de nuestra organización, nosotras hemos estado presentes, pero nos han invisibilizado, y ese es el reto, romper esa imposición que no era de nuestra cultura.

En el proceso de existencia del Consejo Regional Indígena, por primera vez llega una mujer a la representación, lógicamente yo nunca aspiré, me lo gané con el respaldo de las comunidades y les agradezco a estos pueblos por haberme dado el voto de confianza y para crecer en este proceso.

Hoy muchas mujeres siguen trascendiendo, mujeres muy jóvenes como la consejera Noelia, que se ha dado a la tarea de representar al Consejo Regional Indígena del Cauca por decisión de sus autoridades. En la constitución del CRIC, están las mujeres de los consejeros, porque si ellos fueron consejeros no quiere decir que la esposa no hubiera cumplido un papel fundamental. Las compañeras Blanca Andrade, Ana Tulia Zapata, que hoy viven y han orientado con sabiduría a la juventud Avelina Pancha que fue vicepresidenta del CRIC e ideóloga de la universidad Indígena del CRIC (reconocida como universidad pública para los procesos estructurales de los pueblos indígenas); Autoridad Cristina, asesinada en Tacuello, Rosalba Ipía, fue rectora universidad Indígena, hoy diputada del Cauca por el movimiento MAIS, Luz Elvia Montenegro, rectora actual de Universidad Indígena. Rosa Helena Toconas, una de las compositoras del himno del Hijo del Cauca, que lo cantamos con mucha alegría.

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A Aida Quilcue, el recuerdo de su inolvidable Rosa le quiebra la voz, sus lágrimas ruedan lentamente por sus mejillas, queriendo darle una vuelta al tiempo y hacer que la muerte no sea parte de la tragedia que las mujeres indígenas han vivido en todos estos años de violencia, lucha y resistencia.

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