“No vamos a entregar la Revolución”

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El Pueblo cubano se tomó las calles y rodeó al gobierno revolucionario, en rechazo a los intentos provocadores e injerencistas norteamericanos

Alberto Acevedo

Lo que menos hubo fue espontaneidad en la ‘espontánea’ protesta social en Cuba del pasado domingo 11 de julio en La Habana y otras ciudades de la isla, que los grandes medios occidentales, en armonioso coro, calificaron como “estallido social”.

En realidad, lo que se produjo fue un intento desestabilizador contra el gobierno de la isla, en momentos en que se conjugaron no pocas adversidades, provocadas en líneas generales por el recrudecimiento del criminal bloqueo económico, a lo que se sumó un pico de contagios y fallecimientos por la extensión del coronavirus.

Y detrás, de manera oportunista y perversa, desde los Estados Unidos se montó una malévola operación de redes sociales, generosamente financiada por las agencias de desarrollo (mejor, de inteligencia) norteamericanas, que de nuevo pensaron -¡ilusas!- que le había llegado la hora final a la revolución socialista en la mayor de las Antillas.

La mayoría están vacunados

El mismo día en que se dieron las protestas, el presidente Miguel Díaz-Canel viajó hasta la región de Artemisa, epicentro de las movilizaciones, dialogó con la gente y denunció que en las inéditas manifestaciones de ese domingo hubo una intromisión de Estados Unidos con la intención de “legitimar la idea de que el gobierno cubano no puede controlar el coronavirus”.

El jefe de Estado dijo que la marcha de cientos de personas en varias ciudades de la isla, que criticaron en especial el accionar del ejecutivo en el manejo sanitario de la pandemia “son acciones de desestabilización política históricas que tienen lugar contra Cuba y que se han intensificado particularmente durante la pandemia”.

La realidad de lo que la administración cubana ha hecho frente a la pandemia es contundente. A pesar del recrudecimiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados, que llegó a impedir de manera brutal que los cubanos tuvieran acceso a jeringas para vacunar, el gobierno revolucionario no solo desarrolló cuatro proyectos de vacuna, sino que inoculó ya a más de tres millones de ciudadanos y traza planes para administrar una tercera dosis.

A retomar las calles

La idea de que el libreto de la protesta fue escrito en un centro de poder foráneo, es el contenido de algunas de las consignas lanzadas: “que se vayan, abajo la dictadura”. Inclusive, como en los recientes hechos de Hong Kong, donde se reprodujo un libreto similar, algunos manifestantes desplegaron banderas de los Estados Unidos y reclamaron la intervención extranjera.

“De manera muy sutil, esos que nunca se han opuesto al bloqueo, ahora han incentivado campañas que buscan legitimar la idea de que el gobierno cubano no puede controlar el coronavirus”, dijo el presidente cubano. “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución en todos los lugares”, puntualizó el gobernante.

El mandatario no ocultó las dificultades. Reconoció incluso que, por la falta de recursos materiales, agudizados por el bloqueo, se han producido apagones en el servicio eléctrico, que causan molestias a la población.  “En medio de todas estas restricciones, con las reservas que ha creado el país, con lo poco que hemos logrado adquirir en este año y medio, es que hemos enfrentado todos estos retos y todos estos desafíos y lo hemos hecho con valentía”, destacó.

Impacto de la pandemia

Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla dijo que, en Cuba, el domingo 11 de julio no hubo un estallido social; hubo distribuidos, desorden, causados por una operación comunicacional que se preparó desde mucho tiempo antes.

“El domingo pasado se manifestó en Cuba el impacto combinado de un aumento de un pico de casos y fallecimientos causados por la pandemia del covid-19. La tensión creciente sobre el sistema nacional de salud, su efecto en la vida de todas las personas, miles de ciudadanos cubanos y sus familias y también de las carencias económicas, especialmente en estos dos años agravados sensiblemente por la intensificación deliberada del bloqueo contra Cuba, y el impacto de la pandemia en la situación económica internacional”, dijo el titular de Exteriores cubano.

Frente al operativo detrás de las protestas del 11 de julio, Rodríguez Parrilla dijo que “ha sido un intento deliberado, cruel, oportunista, de aprovechar las condiciones de una pandemia para intentar estrangular nuestra economía”.

Fomento de una inútil oposición

“Se conoce que el gobierno de Estados Unidos ha dedicado históricamente, pero en particular en los últimos años, cientos de millones de dólares para interferir en los asuntos internos de Cuba, para hacer injerencia en ellos, para intentar inútilmente fomentar una oposición política al precio incluso de generar desorden, inestabilidad, con el fallido propósito de fracturar el orden constitucional, el consenso social, las condiciones de estabilidad, tranquilidad seguridad ciudadanas, armonía, en que vive nuestro pueblo”, puntualizó el funcionario.

Julián Macías Tovar, un analista español de redes sociales, dijo que entre el 10 y el 11 de julio se produjeron alrededor de dos millones de tuits en los que se usó el ‘hashtag’ #SOSCuba, que incluyó la participación de cuentas recién creadas y bots de utilización de imágenes falsas sin contrarrestar, que recorrieron redes sociales de varios países.

Respeto por la soberanía cubana

El hashtag enfatizó los retuits, poniendo más de cinco mensajes por segundo. Uno de los cerebros de esta campaña es el argentino Agustín Antonetti, miembro de la ultraderechista Fundación Libertad y que ha participado en campañas anteriores en otros países, en un típico caso de sicarito moral, como es la expresión de moda.

La campaña magnificó las cifras de la pandemia y buscó el apoyo de artistas famosos, que solicitaran ayuda, por falta de insumos médicos. La mayoría de cuentas que respondieron, se habían creado en las 48 horas anteriores al llamado.

En el combate global contra la pandemia, en Estados Unidos se produjeron 185 muertes por cada cien mil habitantes; en Brasil, 252; en la India 29; en Perú 605; en Colombia, 222. Y en Cuba, 12.39 víctimas mortales por cada cien mil personas. Esta es la realidad de la infame campaña mediática, a la que evidentemente no le importa la salud del pueblo cubano, sino el pretexto intervencionista y desestabilizador que, por cierto, ha merecido el rechazo de gobiernos y pueblos del mundo, que reclaman respeto por la dignidad y la soberanía del pueblo cubano.