No más gobiernos ineptos y corruptos

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Posesión del actual ministro de Salud, Fernando Ruiz. Foto Presidencia de la República

La pésima gestión de Duque para enfrentar la pandemia ha agudizado la situación del país hasta tal punto que algunos piensan que nunca antes Colombia había estado en tan deplorables condiciones. Los trabajadores de la salud (médicos, enfermeras y paramédicos, entre otros) la política gubernamental los ha convertido en víctimas porque tienen jornadas de trabajo agobiantes, no cuentan con los recursos para atender a los pacientes a tiempo.

Una infortunada manifestación de esta ineptitud es el elevado número de médicos y paramédicos que han perdido su vida y de otros que abatidos por la situación están afectados emocionalmente, algunos incluso afectados por graves dolencias mentales con el ítem que ni siquiera cuentan con los salarios y las prestaciones sociales contenidas con el Código de Trabajo ya que son contratados mediante prestación de servicios.

El gobierno nacional desde los inicios de la pandemia ha sido altamente irresponsable en su manejo hasta el punto que ha tenido más en cuenta la cuestión económica y las utilidades empresariales antes que la salud y la vida de los colombianos. Por eso en las decisiones sobre la reactivación de las actividades económicas, sociales, deportivas, educativas y culturales, no se han tenido en cuenta la alta contagiosidad del nuevo virus, su letalidad y el alto nivel de ocupación de clínicas y hospitales. El nivel de mortalidad actualmente es tres veces mayor que el del mes de marzo del presente año.

A pesar del panorama actual y los riesgos de la variante Delta del coronavirus las medidas de protección se han venido disminuyendo progresivamente. Las decisiones de Duque no tienen en cuenta el peligro que representa esta mutación del virus por su capacidad de dispersión y de contagio, que puede convertirse en una sepa dominante en Colombia, como ha ocurrido en países como Singapur, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Portugal.

El presidente se ha negado a tomar las medidas de control necesarias para inspeccionar el ingreso de pasajeros procedentes de países donde la variante Delta ya está circulando, lo cual debería realizar en los aeropuertos y en las fronteras. Por ejemplo, lo que han hecho otros países, exigir la prueba PCR, y someter a cuarentena a las personas que ingresan procedentes de los países que ya han confirmado la existencia de la última variante.

Las decisiones del gobierno están dirigidas principalmente a normalizar la vida económica y a orientar el autocuidado a la ciudadanía, eludiendo la responsabilidad del gobierno y del Estado impuesta por la Constitución y las leyes de proteger la salud y la vida de toda la ciudadanía.

Duque no escucha las recomendaciones académicas, científicas y sociales, que exigen fortalecer el sistema de salud en los aspectos preventivos para el manejo de la pandemia. Por ejemplo, el desarrollo en todo el territorio nacional del Prass (Programa de Pruebas, Rastreo y de Aislamiento Selectivo Sostenible) lo cual ha sido efectivo donde se ha puesto en práctica, ya que identifica a las personas sospechosas de tener contacto directo con la covid-19, las cuales son aisladas y atendidas inmediatamente.

Sin embargo, el Prass es débil, principalmente por el control que hacen las EPS, que son las responsables de ponerlo en práctica para sus afiliados, es ineficiente y por la falta de recursos de las secretarías de Salud para garantizar que el programa tenga una alta cobertura y calidad en su implementación.

Los estudios que ha realizado el propio Ministerio de Salud demuestran que el programa puede identificar casos y ahorrar muertos. Para que el impacto del Prass sea mayor, se requiere de su masificación y generalización en todo el territorio nacional, especialmente donde se registran una mayor trasmisión del virus (ciudades). Pero la lógica del mercado en materia de salud ha dado como resultado: acceso deficiente, inequidad y corrupción.

A esta situación se suma la fracasada estrategia de vacunación que ha empleado Duque, su principal error consistió en la restricción de la cobertura y la carencia de vacunas. Es un enfoque errado desde el comienzo, pues no hizo una planeación y mucho menos una negociación que le permitiera adquirir la cantidad de vacunas necesarias para lograr la inmunidad de rebaño.

Además, no efectuó alianzas para la conformación de un bloque de países latinoamericanos que facilitara una mejor negociación con las farmacéuticas, tampoco apoyó la presión hacia las farmacéuticas y a la Organización Mundial del Comercio para retirar las patentes, así sea de modo transitorio, cuyo fin era garantizar las vacunas contra la covid-19 como un bien público para toda la ciudadanía en el mundo.

Por otra parte, no intentó impulsar la producción de vacunas a través de alianzas, o la invención de nuestra vacuna como lo han realizado países como Cuba. Colombia no produce nada, lo que nos obliga al abastecimiento y a pensar en un portafolio de vacunas diverso y masivo en ausencia de la producción de la vacuna. De este desamparo total solo nos salva la acción política unitaria para ponerle fin a tanto desgobierno. Afortunadamente contamos con el Pacto Histórico, seguro vencedor en el 2022.