Mujeres y hombres objetores del patriarcado se mueven por los derechos de las mujeres en Bogotá

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Manuel Antonio Velandia Mora[1]. PhD.

El 8 de marzo se conmemoró el día internacional de los derechos de las mujeres trabajadoras; pareciera que las mujeres trabajadoras tan solo son aquellas que van a la fábrica, a la oficina, a laborar a la institución de salud… Olvidamos que un alto porcentaje de mujeres trabajan en el hogar, probablemente en el trabajo más desagradecido y mal remunerado. Las mujeres son ampliamente diversas y también lo son sus campos de acción.

El 8 de marzo se extiende y este viernes 12 de marzo conmemoramos desde el COLMyG Comité Operativo Local de Mujer y Género, de Teusaquillo, el Día de la mujer trabajadora, lo hacemos en el Park Way. de 3:00 a 7:00 PM

La Mujer trabajadora es Cisgénero, No binaria, trans, bisexual, lesbiana, heterosexual, puede tener género fluido, ser agénero, género queer, ser o no ser transcuerpo, y algunas mujeres tienen pene.

Durante mucho tiempo nos dijeron que las mujeres eran seres emocionales y los hombres eran seres lógicos; el problema es que los hombres nos lo creímos. Sin embargo, los estudios sobre el cerebro demuestran que todos/as somos seres emocionales. Incluso, yo me atrevo a afirmar que somos seres emocionales que actúan y algunas veces piensan.

Los hombres debemos aprender de las mujeres la ganancia de asumir con tranquilidad las emociones. A los hombres les cuesta muchísimo trabajo compartir con una mujer que tenga desarrollos lógicos operativos mucho más amplios que los de ellos, porque los hombres no están mentalmente preparados para entender el mundo en equidad y mucho menos para ser subalternos de una mujer. El problema adicional es que, en general los hombres siempre ganan más que una mujer a pesar de que ella tenga la misma formación, la misma cantidad de tiempo de trabajo y la misma responsabilidad.

En la diversidad de mujeres que hay en nuestros territorios, y en el mundo en general, no todas las mujeres gozan de los mismos derechos. Por ejemplo, las mujeres que no son cisgénero, las mujeres que han transitado en el género y/o en el cuerpo no alcanzan los mismos niveles de escolaridad que otras mujeres. Aun cuando es más amplio el número de mujeres que ingresan a la universidad también es verdad que es menor el número de egresadas con titulación que el número de hombres que lo logran. Mientras no haya equidad en la escolaridad, las mujeres no podrán ser destacadas en las mismas condiciones en que se destaca los hombres que tienen una situación inferior en su desarrollo intelectual reconocido académicamente.

Los hombres No nacemos machos, ni las mujeres nacen inferiores. La cultura nos crea. La cultura es propia de cada ecosistema, pero nosotros y vosotras somos creadores de la cultura. Si la cultura es nuestra creación entonces nosotros/as podemos crearla de una manera diferente, el problema radica en que los hombres como seres culturales somos la resultante y el efecto de años y años de vulneración de derechos para las mujeres.

El machismo se ha vuelto parte de nuestro ADN y es muy difícil transformarlo, incluso en las relaciones entre personas del mismo sexo que son machos biológicos, el esquema machista permea las relaciones y las hace inequitativas.

Cuando se habla de nuevas feminidades, tenemos que darnos cuenta que la perspectiva de la explicación es diferente a la binaria y cisgénero. Existe un amplio espectro de formas de ser mujer. En este momento se discute si una mujer que no es cisgénero es realmente mujer; para mí esa es una discusión sin sentido de las Feministas Radicales Trans-Excluyentes TERF. Es políticamente necesario reconocer la amplia diversidad de las mujeres; no solamente las hay biológicas, también hay mujeres construidas, optadas y transformadas. Hay mujeres que son transgénero, algunas son transcuerpo, otras más son transexuales. No se puede restringir ser mujer a su carácter biológico; tener vulva no hace mujer a la mujer, porque hay mujeres con pene.

Vivir en una nueva masculinidad implica romper con la fortaleza patriarcal, aquella que nos niega la posibilidad de ser seres emocionales, aquella que nos impide ignorar y manifestar nuestros afectos a otros hombres. No es necesario tragarse la ternura, mucho menos es necesario transformarla en violencia física, emocional y verbal. No podemos transformar la violencia en ira y arrojarla como la llama de un dragón.Debemos tener respuestas genuinas al dolor que nosotros mismos experimentamos y al dolor que sufren las personas de nuestro entorno.

El patriarcado oprime a los hombres, pero aun en la opresión los hombres machistas suelen conservar intactos los privilegios que les otorga ser los machos biológicos de la especie humana.

Son muchas las situaciones que nos permiten hablar de nuevas masculinidades; sin embargo, mientras no se transforme la educación será imposible transformar la vivencia de la masculinidad. Aun cuando es verdad que el mayor número de personas encargadas de la educación son mujeres, también es cierto que los hombres juegan un papel fundamental en la educación. Las feministas no son responsables de educar a los hombres. La educación no solo se recibe en la escuela, también se recibe en la familia, las iglesias, las relaciones de la vida cotidiana y especialmente, en los medios de comunicación masiva. El poder en los medios no lo tienen las mujeres, es de los hombres. Por tanto, los hombres juegan un papel fundamental en la transformación de las masculinidades, el problema radica en que a los dueños del poder esto no les interesa precisamente el tema porque temen perder su poder.

Las nuevas masculinidades son el ejercicio relacional de un pequeño número de hombres; ya sabemos que las minorías. En las masculinidades tradicionales los hombres prefieren creer que las feministas son amargadas, resentidas y combativas, esta es una excusa que les favorece para no establecer el diálogo en equidad. Para evidenciar una nueva masculinidad hay que desarrollar la escucha, el respeto y la solidaridad.

Reconocer a la mujer como una auténtica otra conlleva asumir que cada uno de nosotros es único, irrepetible, trascendente, evolutivo, dinámico, histórico y prospectivo, y que por supuesto cada una de las mujeres también lo es. Si somos únicos nuestras vivencias, nuestras emociones y nuestras explicaciones también lo son. No puedo esperar que nadie, mujer u hombre, explique el mundo como yo, sienta el mundo como yo y experiencie el mundo como yo; porque si somos permanentemente dinámicos, entonces también cambia nuestras explicaciones, nuestras emociones y nuestras vivencias y en tal sentido, esa unicidad que es un valor incalculable, es también el germen de la inequidad cuando no se comprende que es un derecho de las demás personas ser reconocidas como únicas/as/ques.

Feministas o no, las mujeres han sido criadas en un modelo patriarcal, bien lo afirma Cecilia Winterfox: “estoy socializada para responder positivamente a las alabanzas y aprobación de los hombres”. Me parece supremamente importante darse cuenta que el cambio en las relaciones no depende solamente los hombres, sino que también depende de las mujeres.

La opresión macha mantiene su posición, evade la responsabilidad por sus acciones y pone en manos de las mujeres la construcción de las relaciones. Es de vital importancia recordar el mensaje de Cecilia Winterfox: “Mi consejo a los hombres que genuinamente quieren aprender sobre feminismo es el siguiente: leed y escuchad las voces de las mujeres cuando ellas os explican cómo se siente en la piel la misoginia y como ésta funciona”.

La violencia machista ha creado el ideal del cuerpo femenino, las mujeres han asumido este juego como: abro comillas, algo natural, cierro comillas. La construcción de lo femenino le exige a ellas ser delgadas, bellas, serviciales y al mismo tiempo, en un precario equilibrio, virginales y follables.

La construcción de lo masculino obliga a los hombres a demostrar y re-demostrar constantemente que son hombres; como bien lo tenían claro los dirigentes paramilitares en este país: ser hombre es no ser mujer, razón por la que también se asesinó y se sigue asesinando a un alto número de hombres homosexuales y mujeres trans.

Hombres y mujeres vivimos constantemente apegados al modelo de cómo deberíamos ser. Ellos deben ser sinónimo de fortaleza, valor, independencia, demostrar su habilidad como proveedores y su sentido de la protección; atributos que se idealizan constantemente, que, por supuesto también aprenden las mujeres a través de los medios masivos de comunicación y que inconscientemente también esperan de los hombres, así estos se asuman en una nueva masculinidad.

Los impactos de la COVID-19 evidencian y acentúan las desigualdades de género, generando también aumento de riesgos de violencias hacia las mujeres, hacia todas las mujeres sean cisgénero o no. Las mujeres han perpetuado su rol en el trabajo de cuidadoras, eso implica que aun estando enfermas tienen que preocuparse porque la comida esté en casa, de ganar para traerla, y seguir con los cuidados del hogar y de los miembros de la familia. Las mujeres se han visto más afectadas en la garantía de sus ingresos y medios de vida, es mucho más alto el nivel de desempleo en ellas que en ellos. Ser cuidadoras incrementa su riesgo y vulnerabilidad, pues en la medida en que tienen que salir de su vivienda, su riesgo de exposición se aumenta. El 70 % de quienes trabajan en los sectores sanitarios y sociales, son mujeres.

La emergencia derivada de la COVID-19 ha provocado impactos específicos sobre las mujeres trabajadoras sexuales sean o no cabeza de familia y han profundizado las desigualdades de género existentes hacia las mujeres trans. Ya todos, todes y todas conocemos lo que sucedió con el “pico y género” en Bogotá.

La respuesta a las violencias de género con relación a la salud, implica la participación de las mujeres y sus organizaciones en la toma de decisiones, y, cuando digo mujeres hablo de todas estas mujeres, no solamente las cisgénero, y cuando afirmo organizaciones, por supuestamente hablo también de las organizaciones de mujeres trans, de mujeres lesbianas y mujeres bisexuales.

Las medidas de confinamiento y separación social buscan proteger la salud pública y evitar el colapso de los servicios de salud; sin embargo, su aplicación no es neutra desde el punto de vista de los géneros y sus diversidades. Los hogares se han convertido en el espacio donde todo ocurre: el cuidado, la educación de los niños, niñas y adolescentes, la socialización, y el trabajo productivo; lo que ha exacerbado la crisis de los cuidados. Ahora bien, si hablamos de la salud de las mujeres trans, de las mujeres lesbianas y de las mujeres bisexuales, sabemos que ellas en su conjunto son más vulnerables, esto es mucho más grave para las personas jóvenes, para quienes la convivencia dentro de lo que debería ser un hogar se ha convertido en la presión a permanecer en un espacio en que la exclusión social, la discriminación y la intolerancia, llegan al irrespeto, a la violencia física y emocional, y como ya es sabido, en algunos casos, al extremo de la violación correctiva.

Ahora bien, no todas las mujeres y en especial las mujeres trans, tienen un espacio de vivienda. Para quienes en este sector se ven obligadas al trabajo sexual, su situación se empeora por cuanto viven en el paga diario, condición que las ha arrojado a la calle por la falta de clientes y las ha expuesto a riesgos adicionales por la dificultad para utilizar barreras de protección, ya sean estas tapabocas o condón.

La cultura del cuidado es ecosistémica, al ser propia de un tiempo, de un espacio, de una cultura, de una sociedad, de un tipo de relaciones sociales, de un modelo económico la cultura se transmite de generación a generación. Ya sabemos que el cuidado es eminentemente femenino, ya sea que el cuidado se ejerza de manera profesional o en el ámbito del hogar. Los hombres no están preparados para cuidar, incluso ni siquiera están preparados para estar enfermos, ya que vivir una enfermedad los hace más dependientes que una mujer en las mismas condiciones. Los hombres aprendemos a ser hombres. No nacemos machistas, aprendernos a reproducir el patriarcado a través del sexismo, la homofobia, el falocentrismo, el binarismo y la heteronormatividad. Desde esta óptica, cuando los hombres son cuidadores se cree que necesariamente son homosexuales, o que no son forzosamente tan hombres como debiera esperarse, esta es una fuerte razón por la que hay tan pocos cuidadores profesionales y cuidadores en el hogar.

La violencia machista se puede desaprender, esta es una lucha político-sexual. Para Colombia ha sido supremamente difícil y es crítico el liderazgo en la igualdad y equidad de géneros. No se han incorporado los estándares de los tratados internacionales en materia de igualdad, no se cuenta con una alta participación política y económica de las mujeres, no hay medidas de soporte al cuidado y a las cuidadoras que atienden la violencia contra las mujeres y menos hacia las mujeres vulneradas, que evolucionan con políticas feministas hasta en las relaciones exteriores. Se requiere incorporar nuevos paradigmas para medir y combatir la pobreza.

La falta de políticas y la misma cotidianidad nos hace ser más desiguales y menos competitivos. De ahí la gran importancia que tiene la incorporación de las necesidades de las mujeres en la toma de las decisiones y de asumirlas como una prioridad en los tiempos excepcionales que estamos viviendo.

[1] Manuel Antonio Velandia Mora, Investiga sobre cuerpo, corporeidad y tránsitos identitarios. GESTOR comunitario y desarrollo de capacidades en la Subdirección LGTBI, CAIDSG. PhD Educación, PhD Enfermería y cultura de los cuidados. Sociólogo, Filósofo, Sexólogo. Cofundador del MLHC Movimiento de Liberación Homosexual Colombiano. ARTivista Marica