Mujeres en guerra

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Jineth Bedoya. Foto Fundación Heinrich-Böll-Stiftung

El país despertó el 26 de mayo del 2000 con la noticia de que la periodista había sido secuestrada por los paramilitares frente a la cárcel La Modelo. Durante las horas de su rapto fue golpeada, torturada y después violentada sexualmente. 21 años después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el caso, convirtiéndose en un fallo histórico para las mujeres periodistas

Sofía Ariza
@Sofiaariza01

Las mujeres siempre hemos estado en guerra. Como prueba de ello hay un sinfín de hechos que demuestran que nosotras -a pesar de ser la mitad de la población mundial- estamos en condición de vulnerabilidad frente a los varones, y esto lejos de deteriorarse con el paso de los años, se ha ido reforzando con el tiempo.

Sin embargo, suceden momentos históricos en los que parece que los ladrillos que componen el patriarcado se estremecen, como el pasado 18 de octubre cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, condenó al Estado colombiano como responsable de los crímenes cometidos contra la periodista Jineth Bedoya.

El país despertó el 26 de mayo del 2000 con la noticia de que la periodista de El Espectador había sido secuestrada el día anterior frente a la cárcel La Modelo donde se encontraría con una fuente. Fue torturada y luego abandonada en un paraje cercano a la ciudad de Villavicencio, Meta. Las primeras notas de los medios indicaban que durante las horas de su secuestro había sido golpeada, poco después se confirmó que no solo había sido víctima de dichas agresiones, sino también, de violencia sexual.

El rápido actuar de la Fiscalía con la ayuda de uno de sus colegas que se encontraba con ella minutos previos al secuestro, lograron que Jineth saliera viva de sus horas en cautiverio, aunque el daño físico y emocional ya estaba hecho.

“Ese día me mataron”, comenta Jineth en la entrevista de la W Radio del 2017 y recalca que la situación por la que ella pasó es la historia de muchas mujeres en Colombia. Y es que para el 10 de septiembre del año 2020 ya se reportaban un total de 179 feminicidios, 86 tentativas de feminicidio y 160 casos en verificación en el país, según el observatorio de la fundación Feminicidios Colombia.

Aunque Bedoya desde los eventos acontecidos aquel 25 de mayo ha luchado por visibilizar la violencia que se ejerce hacia todas las mujeres, tiene un objetivo específico en su agenda: exhibir la violencia sistemática hacia las periodistas.

Ser periodista

La lista es larga cuando se trata de amenazas de muerte en Colombia. Tanto activistas sociales, políticos, abogados, profesores y periodistas, como cualquiera que se atreva a romper el silencio en este país, es amenazado diariamente. Ahora imagínese que no solo es parte de esa población en riesgo que se atreve a hablar, sino que además es mujer y periodista.

Por un lado, usted ha sido oprimida sistemáticamente a lo largo de la historia y por el otro, su oficio tampoco es bienvenido por un Establecimiento que ante cualquier oposición a sus ideas responde con balas. Imagínese que usted, como centenares de mujeres, vive lo que es la prohibición del derecho a la libertad de expresión, y que, además, no solo se enfrenta a la censura sino también al riesgo de sufrir las distintas violencias a las que estamos expuestas las mujeres.

La idea masculinista de la resistencia es típica: hombres fuertes con cicatrices, anécdotas dignas de una película de acción, miles de comentarios aduladores por su valentía y una necesidad enorme de convertirse en héroes, en mártires. Para las mujeres siempre ha sido distinta la definición de resistencia.

Esto lo explica la periodista y escritora Svetlana Aleksiévich en su libro La guerra no tiene rostro de mujer: “en lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay, lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar: cómo unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente las vencen […] En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana”.

A lo que se refiere Svetlana es que nosotras a diferencia de los hombres, no tenemos esa necesidad de convertir a las víctimas en mártires, en individuos que sacrifican con desdén gran parte de su vida, sino en lo que son, seres humanos que son víctimas de una guerra. Esa es nuestra forma de resistir porque a diferencia de los varones a nosotras nos interesa construir, pensar desde el dolor y no desde la gloria trastocada y egocéntrica que inunda el corazón de los hombres.

Ser una mujer periodista es tener cicatrices que nadie ve; es esperar veinte años para que haya justicia por una violación masiva; es escuchar y leer comentarios revictimizantes tanto de colegas como de desconocidos; es contar una y otra vez la historia que nos arruinó la vida; es que nuestros cuerpos sean botín de guerra; es que amenacen a tu familia; es reconciliarnos con nosotras mismas múltiples veces porque nos enseñaron a culpabilizarnos; es no pedir perdón por romper el silencio.

El fallo

Después de veinte años de espera, Jineth Bedoya conoció el fallo que, aunque no le da fin a su caso sí marca un precedente, no solo para ella sino para la historia del país. La CIDH responsabilizó al Estado colombiano por el secuestro y la violación de la periodista, además de exigirle una reparación que va desde la sanción de los responsables, hasta la creación del centro investigativo en el que Jineth ha trabajado durante estos años.

Ahora lo que queda para el Estado colombiano es cumplir con las exigencias del alto tribunal internacional, comprometerse a la no repetición y reparar a la periodista después de todo un proceso tan dilatado que aún hoy en día sigue fallando por el encubrimiento de los autores intelectuales del delito, pues para nadie es un secreto (mucho menos para Jineth) que su caso tiene gran influencia con personajes públicos y poderosos del país.

La investigación que llevaba a cabo para entonces era sobre el tráfico ilegal de armas con nexos entre las fuerzas armadas, la policía, los paramilitares y las élites del país, entonces no es sorpresivo que para las mentes detrás del crimen, la periodista haya sido vista como una piedra en el zapato.

Sin embargo, este es un paso más para que Jineth Bedoya obtenga justicia por su caso en medio de un país lleno de impunidad y corrupción.

Resistir

La lucha de Jineth, como de miles de colombianas, es por la garantía de una vida digna para todas y todos. Nos enseñó, entre muchas cosas, que hay que luchar, que nuestro frente de resistencia no debe ser desde el heroísmo, sino que por el contrario, desde la construcción, abrazándonos unas a otras en este camino tan doloroso que es vivir siendo mujer en un país en guerra, enfrentándonos a un país machista, fascista y racista que nos impide vivir en libertad. Después del fallo, hoy más que nunca entendemos aquellas estrofas que se interpretaban en el 2019 gracias al colectivo chileno Las Tesis en la canción Un Violador en tu Camino. Al fin y al cabo, el Estado opresor es un macho violador.

Esperamos que nuestra emancipación esté cada vez más cerca de obtenerse, porque como escribió la historiadora marxista Gerda Lerner en su libro La creación del patriarcado: “Una visión feminista del mundo permitirá que mujeres y hombres liberen sus mentes del pensamiento patriarcal y finalmente construyan un mundo libre de dominaciones y jerarquías, un mundo que sea verdaderamente humano”.

Mientras tanto nosotras seguiremos en pie de lucha, narrando desde la empatía y alzando la voz cada vez más fuerte, porque si algo aprendimos de toda la opresión que hemos vivido es que no es hora de callar.