Mujer y precariedad laboral

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Foto Carolina Tejada

Las desigualdades de clase y género no nacieron con la pandemia. En el capitalismo no hay vacuna que acabe con la explotación de la mujer. La pandemia evidenció las desigualdades sociales

Ricardo Arenales

Los medios de comunicación han generalizado la idea de que los médicos y en general los trabajadores de la salud constituyen lo que se ha dado en llamar la ‘primera línea’ en la lucha contra la pandemia. Por su dedicación, heroísmo, capacidad de sacrificio, entrega incondicional a la lucha por salvar vidas.

En su último informe, dado a conocer el pasado 10 de febrero, la Comisión Económica para América Latina, Cepal, aporta un ingrediente nuevo en esta caracterización. En realidad, son las mujeres las que constituyen esa primera línea, si se tiene en cuenta que, basados en estudios propios de este organismo de las Naciones Unidas, el 73.2 por ciento de las personas empleadas en el sector de la salud, en América Latina y el Caribe, son mujeres.

El informe de Cepal reivindica además que las mujeres del sector salud han tenido que enfrentar una serie de condiciones de trabajo extremas, de acuerdo al criterio de la secretaria ejecutiva de este organismo, Alicia Bárcena, quien divulgó en Santiago de Chile el documento. Entre estas condiciones, extensas jornadas de trabajo, mayor riesgo de contagiarse del virus al que se expone el personal de la salud, y en un contexto regional en el que persiste la discriminación salarial.

Una década perdida

Bárcena puntualizó que los ingresos laborales de las mujeres que trabajan en la salud son 23.7 por ciento inferiores a los de los hombres en el mismo sector. Es un trabajo duro, precario, que además no se puede realizar de forma virtual, como otros oficios.

La mirada de la Cepal va más allá de la situación de los trabajadores de la salud y examina las condiciones laborales de la mujer latinoamericana en tiempos de pandemia. Asegura que la crisis generada por el virus impactó negativamente todos los empleos y las condiciones laborales de las mujeres, al extremo de generar un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral y derechos sociales. En 2020, la tasa de participación laboral de las mujeres se situó en un 46 por ciento, frente al 52 por ciento de 2019.

Con las anteriores cifras, la tasa de desempleo de las mujeres estaría en el 22.2 por ciento el año pasado, lo que se traduce en 118 millones de mujeres sin empleo en América Latina y el Caribe, 23 millones más que en 2019. Esta situación golpeó duramente la situación de los hogares. La caída del PIB regional en menos el 7.7. por ciento el año pasado y el impacto del desempleo, afectaron los ingresos de los hogares. Además de perder el empleo, las mujeres en los hogares debieron asumir las labores de cuidado y después no consiguieron regresar a sus trabajos.

Priorizar la vacunación

Uno de los sectores más golpeado, dice el estudio, es el del trabajo doméstico remunerado, que se caracteriza por una alta precarización y por la imposibilidad de ser realizado de forma virtual. En 2019, previo a la pandemia, alrededor de 13 millones de personas se dedicaban al trabajo doméstico remunerado (91,5 por ciento mujeres), y en total ese sector empleaba a 11,1 por ciento de las mujeres ocupadas en la región. Para el segundo semestre del año pasado, el trabajo doméstico remunerado sufrió una fuerte caída. En Colombia fue del 44.4 por ciento.

América Latina y el Caribe “debe invertir en la economía del cuidado y reconocerla como un sector dinamizador de la recuperación, con efectos multiplicadores en el bienestar, la redistribución de tiempo e ingresos, la participación laboral, el crecimiento y la recaudación tributaria”, dijo Bárcena. En este marco, alentó a los gobiernos a “priorizar en sus estrategias de vacunación al personal de salud -incluidas las personas que prestan servicios asociados de limpieza, transporte y cuidados-, y a quienes laboran en los sistemas educativos y en el trabajo doméstico, en su mayoría mujeres, que son un pilar fundamental para el cuidado”.

Según el informe, 56,9 por ciento de las mujeres en América Latina, y 54,3 por ciento en el Caribe, se encuentran ocupadas en sectores en los que se prevé un mayor efecto negativo sobre el empleo y los ingresos por causa de la pandemia. El cierre de fronteras, las restricciones a la movilidad, la caída del comercio internacional y la paralización de la actividad productiva interna han impactado en las trabajadoras y empresarias en los sectores del comercio, turismo y manufactura.

Las desigualdades de clase

En otro momento del informe de la Cepal se asegura que la pandemia, es un arma más en la maquinaria exterminadora misógina. La desigualdad de género no nace con la pandemia. No hay vacuna alguna que acabe con la explotación misógina en el marco de la desigualdad de clases sociales y económicas. El virus evidenció, una vez más, las desigualdades de clase, pero sobre todo la inicua e inhumana estructura sobre la cual se sostienen la mayoría de regímenes en el planeta: la democracia liberal.

El Informe de la Cepal, coloca en evidencia la profundización de la desigualdad en donde el empobrecimiento de las mujeres es el arma patriarcal de un modelo mercantil que se cae a pedazos, pero que lamentablemente aún goza de impunidad jurídico-legislativa.

Como paliativo a esta situación, la Cepal propone “amortiguar y compensar los efectos de la crisis en el empleo, los ingresos y la carga de trabajo de cuidado de las mujeres y el deterioro de sus niveles de bienestar”; “tener presente los efectos distributivos diferenciales de los paquetes de estímulo y otras medidas fiscales en el caso de hombres y mujeres”; “avanzar en un pacto social y de género…(evitando) se profundicen las brechas de género” e “(implementar) políticas fiscales que contribuyan de forma simultánea y sinérgica a los objetivos de reactivación económica y al cierre de brechas de género”.

El informe divulgado por Alicia Bárcena sugiere que “es urgente movilizar recursos públicos suficientes a fin de implementar medidas para hacer frente al covid-19 desde una perspectiva de género”. Analistas latinoamericanos dicen al respecto que “lo que debiera hacer Cepal es auscultar más de cerca el sentir de los pueblos. El latido del clamor no pasa por la movilización programática de recursos públicos a favor de un sector o de otro. Si hay algo que movilizar es la escoria inicua jurídica y legislativa, contenida en sacrosantas constituciones que legitiman Estados misóginos, corporativos y fraudulentos”.

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