Minga: Prestar las manos y tejer la palabra

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Foto Sophie Martínez

La minga multiétnica, popular y comunitaria es la oportunidad para compartir vivencias y pedagogías propias de cada pueblo, experiencia y lugar; es celebrar la resistencia organizada y el largo camino que ha recorrido el CRIC

Mauricio Rodríguez
@ApuntadeLengua

Para el CRIC, “estar en minga es juntarnos todos y todas, es prestar nuestras manos, nuestro corazón, sentires y saberes para tejer un camino comunitario”. En ese camino, según el senador Feliciano Valencia: Se va avanzando; la conmemoración de los 50 años del CRIC expresa una minga diversa y seguramente nos prepararemos allí, en la junta que tendremos en el departamento del Cauca, para afinar la agenda preparatoria a nuestro decimosexto congreso del CRIC, el próximo mes de junio del 2021.

De las mingas indígenas del Cauca convocadas por el CRIC, con participación exclusiva de cabildos afiliados, se fue dando forma a la minga, en un sentido popular, multiétnico y comunitario, fortaleciendo un espacio de confluencia de luchas, agendas y las perspectivas territoriales contra el poder terrateniente y financiero, contra el colonialismo, y en la última etapa, contra el patriarcado.

Formas de violencia en el Cauca

El Cauca ha sufrido la violencia estatal-colonial, desde la invasión y los procesos independentistas, con la continuidad de las instituciones coloniales que legitimaban la esclavitud y el desarraigo de los pueblos negros e indígenas. El poder del centro quiso destruir el tejido social comunitario de los pueblos indígenas, pero la palabra fue reconstruyendo las identidades y acrisoló las perspectivas de resistencia y de lucha.

En palabras de Feliciano: “El Cauca ha sido asediado por la pobreza, el abandono social, el conflicto armado, el narcotráfico y la violencia que nunca termina; estos conflictos manifiestan intereses del sector privado y los grupos armados que buscan apropiarse de las riquezas minerales, ambientales, hídricas de la región. La ubicación geoestratégica del Cauca ha hecho que todas las fuerzas quieran dominarlo y controlarlo, pasando por encima de la autonomía y la autoridad de sus pueblos originarios; esto ha contribuido a agudizar la violencia para el control territorial contra los pobladores milenarios, ancestrales y comunitarios”.

Pero la lucha indígena ha tenido que lidiar por épocas enteras los intereses extractivistas y colonizadores sobre el territorio; durante todo el siglo XX los indígenas enfrentaron el poder terrateniente, de la mano del campesinado y los pueblos afrodescendientes. En un principio las mingas respondían a la agenda de los pueblos indígenas, pero esta realidad llevó a que en los años ochenta se abriera el debate sobre su carácter diverso y contradictorio, nutrida por las experiencias de lucha de los pueblos afrodescendientes, del campesinado, la clase obrera, el estudiantado caucano y el movimiento popular.

Feliciano Valencia. Foto Mauricio Rodríguez

La Minga por la Vida

El recorrido histórico de la minga permite comprender que ha logrado ir más allá de las fronteras de la identidad indígena. La Minga de 2004 fue significativa en ese sentido. La ONIC, lanzó la “Propuesta política y de acción de los pueblos indígenas”, para convocar “la Minga por la Vida, la Justicia, la Autonomía y la libertad”, que contó con un numeroso respaldo de organizaciones indígenas, campesinas, obreras, locales y nacionales, logrando ampliar el campo de la solidaridad y la capacidad de articulación de las luchas. En el 2006 la minga convocó al Encuentro Nacional Popular, que articuló los esfuerzos de resistencia social y comunitaria para enfrentar las políticas de despojo del gobierno de Álvaro Uribe.

En 2008 se inició la Minga por la Resistencia Social y Comunitaria, que recogió el acumulado anterior de articulación popular, los paros agrarios y campesinos en el sur del país y las luchas por la defensa del territorio y contra la violencia del suroccidente colombiano. El 9 de octubre, en la hacienda La María (municipio de Piendamó), se dieron cita las autoridades indígenas, representantes de organizaciones comunitarias afrodescendientes y campesinas, invitando al presidente Uribe para dialogar; pero la respuesta del gobierno fue el intento de desprestigio y la violencia institucional contra los mingueros.

La minga convocó a la conformación de un poder político alternativo para hacer frente a la presión violenta del gobierno nacional y local. La fuerza de la minga llevó a un acuerdo con el gobierno de Colombia, con el compromiso por parte de los indígenas de desbloquear las vías, el retiro de la fuerza pública de La María, y el inicio de los diálogos entre el gobierno y las conversaciones en Cali. El gobierno no cumplió la cita y los mingueros decidieron volver a La María y retomar el control sobre la Vía Panamericana.

Ante la enorme presión indígena y popular, Uribe debió aceptar que se realizara la reunión en la María. Ayda Quilcué recuerda que Uribe no ocultó su enfado por que los voceros de la minga no cantaron el himno nacional, a lo que ella debió recordarle, que no se puede hablar de respeto por los símbolos patrios cuando días atrás los agentes del Estado habían ingresado a la hacienda La María a quemar las banderas y destruir los símbolos del CRIC.

Para el 2016 se declaró la hora cero de la Minga Nacional Agraria, campesina, étnica y popular; este proceso potenció el acumulado anterior con las agendas de lucha territoriales y nacionales, con encuentros en distintos lugares de Colombia, contagiando todo el territorio colombiano con el entusiasmo de los mingueros que viajaban a sus puntos de encuentro. Sin embargo, los ataques violentos se volvieron a presentar por parte de la policía y el ejército que agredieron a los mingueros en varios lugares de Colombia. Ante los actos violentos del Estado, la ONIC se declaró en alerta máxima el 3 de junio de 2016.

Caminando por Colombia

Las expresiones de la Minga mantenían sus actividades en varias regiones de Colombia; en el Huila recargaban energía con rituales tradicionales; los Awa, Eperara Siapidara en Nariño resistían en la vía Pasto -Tumaco; en el Urabá Antioqueño, los mingueros de la Organización Nacional Indígena de Antioquia taponaron varias vías de la región; en Chocó, los Emberas reabastecieron de provisiones como plátano ´patachuma´, pescado y carne, para continuar la  concentración; también los Pueblos Indígenas del Caribe se sumaron por la defensa del territorio y la pervivencia del Pueblo Yukpa; el pueblo Wayuu, de la Alta Guajira, exigía la restitución de sus tierras ancestrales y la posibilidad de explotar la riqueza salinera de Manaure. La minga llegó a la frontera con Venezuela, tras la vinculación de los pueblos indígenas de Puerto Carreño Vichada, Arauca y de toda la Orinoquía. La Minga de 2016 logró consolidarse como un movimiento nacional popular capaz de construirse con la fuerza de las movilizaciones sociales territoriales y con la identidad de los pueblos originarios, campesinos, negros y raizales.

Duque no va, el pueblo sí

En el 2020 las organizaciones indígenas, negras, campesinas, comunitarias, obreras o populares del Cauca decidieron iniciar el camino hasta Bogotá, para que el Gobierno nacional atendiera las reclamaciones de las organizaciones, respondiera por los incumplimientos y tomara medidas para detener las masacres y asesinatos de líderes sociales en el país. Más de 10 mil indígenas se desplazaron hacia Cali para realizar el recorrido hasta Bogotá. La Minga invitó al Presidente Duque a reunirse en el Cauca, pero el mandatario se negó a ir. Al llegar la Minga a Bogotá, el Presidente evitó el encuentro, así que la minga produjo una enorme movilización por la Calles de la Capital desde el Palacio de los Deportes hasta la Plaza de Bolívar.

Esta visión estructural de los problemas nacionales le dio a la minga una legitimidad nacional, lo cual ha contribuido a la unidad de las experiencias de luchas nacionales y territoriales, incluyendo los profundos esfuerzos por reconstruir el tejido social y popular en el suroccidente colombiano, gestado desde el CRIC.

Así mismo, “las mingas populares y comunitarias han logrado configurar espacios colectivos, donde los pueblos indígenas han jugado un papel significativo, con el anhelo necesario de tejer un nuevo poder”, concluye Feliciano. Los acuerdos siguen sin cumplirse, la violencia contra los pueblos indígenas sigue siendo el pan diario en los territorios; según Feliciano Valencia: “los indígenas y muchos sectores estamos trabajando en una apuesta comprometida y definida y pronto saldrá la fecha para la próxima minga que partirá del suroccidente colombiano, llegará a Bogotá; estamos pensando en darle la vuelta al país, en esa minga diversa, colorida, amplia e incluyente, para convocar a más sectores; porque entendemos que con lucha y movilización es posible hacer las reformas que necesita el campo y el país”.

La minga seguirá tejiendo los esfuerzos por una auténtica reforma agraria, el cumplimiento del Acuerdo de Paz y de los derechos planteados en la Constitución Política de Colombia. La palabra tejida es palabra que cambia, la minga es la forma de tejer la palabra para labrar otra historia, una historia posible y escrita desde los pueblos, desde las voces excluidas, los saberes originarios y las prácticas emancipatorias.

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