Miller

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Homenaje del maestro Calarcá a Miller Chacón

El 25 de noviembre de 1993, fue asesinado en Bogotá el líder comunista Miller Chacón. Nota de Manuel Cepeda, publicada en diciembre de 1993 en el semanario VOZ

Manuel Cepeda Vargas

1959. Era la época en que los pichones de revolucionario volaban de una rama a la otra, ensayando alas recién emplumadas. Jaime Bateman pulsaba reuniones y tambores. Hernando González transmitía risas. Yira Castro gorjeaba en la pobreza y el esplendor de la época. Álvaro Marroquín levantaba brindis y mítines. Leonardo inventaba boleros. Pardo Leal tejía hilos de juventud y de derecho. Y en la Universidad Libre José Miller Chacón agrupaba en su puño los cinco dedos de los cinco sentidos revolucionarios.

Caminatas de la JUCO por barrios y por campos. Miller, el más pequeño (físicamente) de entre todos nosotros, resultó el mejor andarín. De repente desaparecía. Se acurrucaba en el monte vecino y súbitamente, entre sardónica y sonriente, reaparecía su cara coronada de hojas, burlándose de quienes nos habíamos quedado atrás. Y gritaba: -¡Flojos, no hablen tanto y caminen!

Ahora la ola que los trajo, blanca de espumas anunciadoras, se transformó en ola nocturna. De allí despertarán cuando suene la trompeta del juicio final. El clarín de los futuros días revolucionarios.

Jueves 25 de noviembre. Al abrir el apartamento, el mismo teléfono que nos comunicó las nefastas noticias de Pardo Leal, de Teófilo Forero, de Bernardo Jaramillo, de José Antequera, nos miró fijamente. Y luego emitió su sentencia: -Mataron a Miller Chacón en la décima con 31 sur.

¡Qué angustioso el tráfico hasta llegar al sitio! El gentío agolpado en torno al Suzuki gris, nos anunció que allí estaba el gladiador cuyo viaje había terminado. Y que el designio de los tiranos se había cumplido.

Pocas semanas antes visitamos al ministro de Guerra, Pardo Rueda. Más frío que los mármoles del helado edificio, el glacial funcionario a quien informamos del Plan Golpe de Gracia urdido contra la dirigencia comunista y en el que Miller Chacón ocupaba sitio de grave peligro. La Esfinge nos miró con faz cadavérica. Y luego el Oráculo emitió la sentencia: -No les creo.

Y aunque la Esfinge Pardo Rueda no lo creyera, en esa cafetería de la décima con 31 sur, a cuyas puertas vino a estrellarse el vehículo, se adelantó la ceremonia judicial del levantamiento del cadáver. Lívido, con esa blancura absoluta que vimos también en el Teófilo Forero final, en el Antequera después del aeropuerto, allí estaba Miller (“tu pequeño cadáver de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma”) sobre el cemento. Su palidez era rota sólo por los hilos de sangre que marcaban el rostro acribillado, que parecía repetimos lo que nos enseñó tantas veces con su radicalidad: -El gobierno ha declarado la guerra total y su lógica de hierro le costará muchas vidas al pueblo.

Largas horas permanecimos en ese grave anochecer, encabezados por Lola y sus hijas, mientras terminaban las diligencias. El odio de clase del sistema se evidenció en la enemistad de policiales y burócratas de Fiscalía que con el hocico fruncido nos trasmitían: -No te quiero, te prefiero muerto y bien muerto.
Precisamente hace un año, el 24 de noviembre de 1992, caía asesinado en Villavicencio a manos del sicariato nuestro diputado Rodrigo García. Exactamente hace cuatro años, en esa misma zona capitalina, el régimen victimó a nuestro anterior secretario de organización, Teófilo Forero. Y redondeando la órbita de la impunidad, está para cumplirse la cuarta o quinta audiencia en el proceso de Pardo Leal. Como en otras cómplices ceremonias judiciales, el telón se levantará para consagrar el escenario de la impunidad.

Al abandonar el cementerio quedó con Miller la multitud de flores que le trajimos, Me pregunté qué quiere decir el sacrificio de esas corolas y esos pétalos. Y me pareció que esos seres vegetales querían enviar sus semillas en un largo viaje, para competir con el pequeño y gran viajero que ahora nos ha dejado. Supe entonces que nuevamente se ha escondido en la colina cercana.

Y que mañana reaparecerá para gritarnos:

Adelante, que en la próxima montaña está Colombia.