Mikis Theodorakis, el alma de Grecia

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Theodorakis en Bogotá

Mijalis Theodorakis, conocido por su apodo Mikis, falleció el jueves 2 de septiembre en su casa de Atenas después de una vida de lucha y compromiso con el arte emancipador

Leonidas Arango

Nacido el 29 de julio de 1925 en la isla de Quíos, Theodorakis llegó a ser una especie de monumento nacional de Grecia, una encarnación de las luchas políticas y sociales que marcaron al mundo en el siglo 20.

Estudió en el conservatorio de Atenas y comenzó una brillante carrera creativa paralela a un destino de luchador como miembro del Partido Comunista. Durante la ocupación nazi de Grecia en la Segunda Guerra Mundial, Theodorakis fue un símbolo de la resistencia hasta caer en manos de los fascistas italianos que lo encarcelaron y torturaron durante el conflicto civil que estalló enseguida. Luego partió a París a terminar su formación musical.

De regreso en Atenas, se vinculó con Grigoris Lambrakis, diputado de izquierda, asesinado en 1963 por la extrema derecha y por fuerzas del Estado, un caso que sirvió de argumento al filme Z de Costa Gavras, al que pondría música.

Tras el golpe de estado de 1967, Theodorakis, elegido diputado, combatió a la llamada «Dictadura de los coroneles». Fue detenido y llevado a un campo de concentración donde inició una huelga de hambre y salió libre gracias a un movimiento de protesta internacional que tuvo de su lado a figuras como el compositor Dimitri Shostakovich, el dramaturgo Arthur Miller, el director Leonard Bernstein y el actor Laurence Olivier. Partió a un nuevo exilio en París.

Exilio y popularidad

En 1964 había compuesto la banda sonora para el filme Zorba, el griego, dirigido por Michael Cacoyannis y basado en la novela de Nikos Kazantzakis. Resultó una obra maestra del cine, un canto a la vida, al amor y a la esperanza cuya imborrable danza final, el sirtaki, bailan Zorba (Anthony Quinn) y Basil (Alan Bates) sobre la arena de Creta después de un desastre absoluto y cuando ya nada importaba. Esa música de Theodorakis quedó entre lo más entrañable del cine de todos los tiempos. El tema catapultó al autor como embajador de la música popular helena por el mundo y se convirtió en una especie de segundo himno de Grecia.

Theodorakis compuso música para otras películas como Estado de sitio de Costas Gavras y Sérpico del estadounidense Sydney Lumet. Cuando cayó la dictadura en 1974, una multitud lo recibió en el aeropuerto de Atenas coreando su nombre. Había triunfado sobre la clandestinidad, la cárcel, la tortura y el exilio y se reencontraba con su gente siendo un creador de canciones que todos entonaban como si hubieran existido desde siempre.

En 1978 fue elegido alcalde de Atenas por el Partido Comunista Griego y prosiguió la lucha en los frentes de la política y del arte con su elección como diputado durante los ochenta y como ministro en un gobierno de coalición. Desde esos cargos mantuvo su implacable militancia por la paz, promovió la amistad entre griegos y turcos, intentó mediar entre Israel y Palestina y se opuso a las guerras en Yugoslavia, Afganistán e Irak. Durante su larga vida compuso óperas, música sinfónica y de cámara, oratorios, ballets, temas litúrgicos, piezas para teatro y cine y canciones populares como Luna de miel (con versión española de Paloma San Basilio).

En 1983 recibió el Premio Lenin de la Paz y en el 2000 fue candidato al Nobel, que no le concedieron.

En 2012, durante la crisis financiera que afectó a Grecia, la policía no dudó en lanzar gas lacrimógeno al tenaz anciano de 87 años durante una de las manifestaciones populares contra el nefasto «plan de rescate» impuesto a Grecia por el Banco Central Europeo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El Canto General

Otro gran legado para el mundo fue la composición de su Canto General, nacido de una visita a Chile por invitación del presidente Salvador Allende. En el puerto de Valparaíso unos jóvenes le presentaron obras de Pablo Neruda y quedó fascinado especialmente con el Canto General, el inmenso poema que aborda la historia de América Latina, por la belleza poética y por la solidaridad con los obreros, con las gentes de la calle y por la oposición al fascismo. El músico griego y el poeta chileno eran hermanos en política.

Comenzó a trabajar los primeros poemas del Canto al regresar a París: Amor a América, Vegetaciones, Algunas bestias y Vienen los pájaros. Después puso música a Los libertadores, América insurrecta, A mi partido y Voy a vivir.

En 1972 Neruda era el embajador chileno en Francia. Conoció en París a Theodorakis y asistió a los ensayos del oratorio. El poeta le anunció que estaría presente en el estreno del Canto General en el estadio de Santiago de Chile, pero el acto resultó aplazado por la grave situación interna. Theodorakis supo del golpe de Pinochet en septiembre de 1973, estando en Venezuela. Cuando días después supo en México de la muerte de Neruda resolvió agregar a su canto un Requiem en griego.

El Canto General adquirió la forma definitiva en el invierno de 1973-1974 en París. Al año siguiente, ya sin dictadura militar en Grecia, se estrenó en el estadio Karaiskaki de Atenas.

En Cuba

Registra Prensa Latina que en 1962 llegó Theodorakis a La Habana como parlamentario de Izquierda Democrática Unida, invitado del Gobierno Revolucionario. Por esos días toda la isla cantaba y bailaba al son de su Luna de miel. Tras una semana de visita manifestó deseos de irse porque el clima húmedo de La Habana le resultaba insalubre, pero el Che Guevara le advirtió: «No vas a ir a ningún lado. Tenemos montañas con aire puro. Mañana me voy a la Sierra Maestra y pasaré por el hotel a recogerte y llevarte conmigo». Theodorakis recordaría que compartió con el Che una semana memorable.

Regresaría a La Habana en 1981 para dirigir su Canto General con una sinfónica cubana. En el concierto apareció de repente Fidel, abrazó a Theodorakis y le expresó: «Ser un artista revolucionario es más significativo que ser un político».

En Bogotá

Mikis Theodorakis llegó a Bogotá invitado por el presidente Belisario Betancur para dirigir el Canto General y acudió a recibirlo en el aeropuerto desafiando a quienes aullaban desde la caverna. Se programaron dos conciertos para el 10 y el 11 de abril de 1985 en el Teatro Colón con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, el barítono griego Petros Panlis, la mezzosoprano finlandesa Arja Sajanma y los coros Polifónico de Cali y de la Escuela Superior de Música de Tunja que formaron un conjunto multicolor de 130 voces. En la capital fue imposible encontrar un buzuki, un instrumento griego que exige la partitura, y hubo que hacer una transcripción urgente para bandola colombiana, cuyo sonido gustó mucho al compositor. Theodorakis dirigió vestido con su inseparable camisa de trabajo. El clamor del público obligó a programar una presentación extra en el teatro Jorge Eliécer Gaitán.

El Canto General fue aclamado en muchos países como obra maestra y como arma política.

En 2016, al enterarse de la muerte de Fidel, Theodorakis envió su condolencia: «Mi amado Fidel, nos has dejado y es la primera vez que no estoy de acuerdo contigo.» Y el año pasado, bajo la pandemia y con noventa y cinco años de edad y de lucha, reiteró su compromiso con la causa de los comunistas.