Mi cuerpo, su elección

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A pesar de la lucha por buscar la paridad de género, en muchos países la participación política de las mujeres es precaria

Las decisiones de la mujer sobre su propio cuerpo están condicionadas por un contexto patriarcal y capitalista que reproduce estereotipos. 55 de cada 100 mujeres no deciden sobre ellas

Violeta Forero
@Violeta_Forero

El Fondo de Población de las Naciones Unidas reveló en los últimos días un informe llamado ‘Mi cuerpo me pertenece, reclamar el derecho a la autonomía y la autodeterminación’ donde deja en evidencia varias cifras escalofriantes sobre los derechos de las mujeres en temas personales como el cuerpo, en el cual empiezan a jugar toda una serie de tópicos que afectan el poder de decisión sobre el mismo, como la economía, la religión, la crianza, las instituciones, la familia, etc.

Una de las decisiones que más se ve afectada por estos factores externos es el de la sexualidad, esto quiere decir que desde la autonomía y en plena conciencia de sus actos, las mujeres deberían poder decidir desde con quién, dónde, cuándo y cómo quieren tener relaciones sexuales, hasta en qué momento quieren quedar en embarazo (si es que se desea), sin embargo, esto no siempre se cumple, porque en muchos casos las mujeres no deciden sobre sus cuerpos.

En este punto no se puede olvidar que las parejas sexuales también abusan de las mujeres, entonces, el hecho de cambiar relaciones sexuales no deseadas por hogar o comida hace que ellas estén atadas a las decisiones que su pareja tome, quedando vulnerables a las diversas agresiones físicas, psicológicas, económicas, etc.

Aunque las instituciones juegan un papel muy importante, el informe revela que “las mujeres tienen solo el 75% de los derechos jurídicos de los hombres” (Secretaría General de las Naciones Unidas, 2020), dejándolas en desventajas al momento de tomar decisiones sobre temas que afectan a todas como el acceso carnal violento, la mutilación femenina, el matrimonio infantil o el aborto.

Misoginia en la práctica

Hace poco, en la cuenta de Instagram de la presentadora brasileña Hana Khalil, se ahondó en la discusión sobre la toma de pastillas anticonceptivas, teniendo en cuenta que una mujer fértil sólo puede tener un embarazo por año, mientras que un hombre con estas mismas condiciones puede llegar a reproducirse nueve veces por día.

Hana en su video muestra todos los daños colaterales que puede llegar a tener el tomar la pastilla todos los días para las mujeres, sin embargo, asegura que las pruebas se dejaron de hacer en hombres porque tenían cuatro efectos secundarios: disminución de tamaño de los testículos, alteración en la libido, acné y cambios de humor, mientras que para las mujeres podía acarrear desde cáncer de cuello uterino, hasta trombosis, coágulos malignos, aumento de presión arterial, etc.

La prueba se realizó en barrios de estratos bajos de Puerto Rico, sin contarle a las mujeres que las pastillas que se iban a tomar tenían efectos colaterales, es decir, solo les dijeron que, si se tomaban una pastilla diaria, no iban a quedar embarazadas, denunciando que en ningún momento fueron informadas que hacían parte de un estudio clínico.

Tres mujeres murieron durante este estudio y no les hicieron autopsia porque el laboratorio esperaba que las mujeres aguantaran más los efectos de la píldora que los hombres. Después de esa prueba, hubo un movimiento de mujeres que lucharon para que les dijeran si las enfermedades que estaban teniendo podrían tener o no que ver con la carga hormonal de las pastillas.

Desigualdad y prácticas deshonestas

Los derechos de las mujeres van ligados a los derechos de clase, pues, las asignaturas de educación sexual y de reconocimiento que se tiene sobre el cuerpo, se recibe en los colegios, lo cual permite que los símbolos patriarcales se sigan sobreponiendo, facilitando el poder de decisión de otras personas sobre los cuerpos propios.

Hana hace referencia a que si las mujeres de clase media-alta no tienen suficiente información sobre sexualidad, quienes dependen de la red pública tienen acceso limitado o nulo a la información y se respaldan en indagaciones entre otras mujeres o mitos que se crean muchas veces a través de las redes sociales y de páginas de internet que solo desinforman, dejándolas en vulnerabilidad absoluta.

Esto sin tener en cuenta que la medicina occidental busca la manera más simple y básica de salir “del problema”, regalando condones o recomendando las pastillas, que en teoría son asequibles económicamente, pero que pueden llegar a tener causas mortales en la mayoría de las mujeres a mediano o largo plazo, siendo una práctica completamente deshonesta y dejándolas sin armas con qué defenderse.

A pesar de que existe una tendencia de paridad en derechos constitucionales entre hombres y mujeres, esto en la mayoría de los países no se cumple, pues el grado de participación en política y otras formas de intervención aun es reducido.

Por ejemplo, en Colombia el presidente Iván Duque a principios de este año tuvo que afrontar demandas por violar la Ley de Cuotas de Equidad de Género, pues pese a que debía cumplir con que al menos el 30% de los cargos fueran ocupados por mujeres, en febrero del presente año, únicamente contaba con cinco mujeres de 18 cargos, lo que implica un 27.7% de representación femenina en los altos cargos ministeriales, mientras que en los departamentos administrativos únicamente había un 16%.

En contra de los patrones patriarcales

Es importante mencionar que esta disparidad ha aumentado por las dificultades económicas provocadas por la emergencia sanitaria del covid-19 en el mundo. Hace poco, la redactora de este artículo hizo una etnografía en redes sociales sobre emprendimientos, en el ejercicio participaron aproximadamente 30 personas, de las cuales el 96.6% eran mujeres jóvenes profesionales que no están vinculadas laboralmente a ninguna empresa y que sobreviven con este tipo de iniciativas informales.

“Hoy en día, ningún país del mundo puede afirmar que ha alcanzado plenamente la igualdad de género. Si así fuera, no habría violencia contra las mujeres y las niñas, brechas salariales o desigualdad en la distribución de los puestos directivos, cargas injustas de trabajo doméstico no remunerado, falta de servicios de salud reproductiva integrales y de calidad, ni atentados contra la autonomía corporal”, afirma el citado informe.

Teniendo en cuenta lo anterior, se puede asegurar que la relación existente entre los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres está completamente ligada a la perspectiva patriarcal y capitalista, pues los derechos se enmarcan en el control de las decisiones sobre el cuerpo, en pocas palabras, una mujer tiene legalmente derecho a decidir sobre el cuerpo propio, pero en la práctica esto no se cumple, pues las posibilidades de generar empoderamiento se ven truncadas por los espacios y el contexto en que se forma.

Reproducir estos patrones machistas es directamente proporcional a las inseguridades que se generan por el hecho de ser mujer en un mundo dirigido mayoritariamente por hombres, donde afectan también la conformación de las sociedades y de la economía.