Más impuestos, menos salario

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Hernán Camacho
@camachohernan

“Menos impuestos, más salario”, fue la consigna en la pasada campaña del partido Centro Democrático a la Presidencia en 2018. Mentían, siempre lo han hecho. El uribismo gobernando le ha impuesto al país ocho reformas tributarias.

El primer año de Iván Duque en la Casa de Nariño ordenó a sus bancadas aprobar una cascada de impuestos vía Ley de Financiamiento, y un año después una reforma tributaria que le quitó impuestos al gran empresariado, amplió las exenciones y extendió la base gravable afectando el bolsillo de toda la clase trabajadora.

La pasada semana se llevó a cabo el Congreso Ganadero organizado por Fedegán. El expresidiario Álvaro Uribe asistió y desde allí, apelando a la “fraternidad social”, dijo que era urgente bajar las cargas tributarias de los grandes empresarios para promover empleo. Viejo argumento neoliberal para justificar otra reforma tributaria a presentarse en marzo. La novena del actual gobierno uribista.

Las proyecciones económicas oficiales marcan un crecimiento económico condicionado para el próximo año. El saldo en rojo de las finanzas públicas al terminar el primer año de pandemia prevé una lenta y compleja recuperación, sobre todo si aplican la fórmula neoliberal de privatizar, reducir salarios, ampliar el mercado y dejar en su mínima expresión al Estado. La misma política económica que nos condena a la pobreza por casi tres décadas.

Las “reformas estructurales” pedidas por el Consejo Nacional Gremial son: reducción de carga impositiva al sector bancario, ampliación de garantías para inversión extranjera (reducción de impuestos), más deducciones, aprobación de la reforma pensional que acabe el régimen público y fortalezca el negocio de los fondos privados de pensión, reforma al sistema de contratación laboral ampliando la tercerización y una nueva contratación por horas.

Tampoco se espera generosidad con la clase trabajadora en el salario mínimo a negociarse para el año 2021. El partido de Gobierno fue capaz de dejar en la calle a cinco millones de ciudadanos sin empleo en pandemia negando ayuda a las pequeñas y medianas empresas con el subsidio a la nómina, mientras les entregaba a los bancos 117 billones de pesos. El uribismo no va a acceder a las exigencias de las centrales obreras para subir el salario mínimo 10 puntos porcentuales.

Las alternativas económicas están puestas sobre la mesa. La renta básica, propuesta de la bancada de oposición, y tabla de salvación para nueve millones de hogares colombianos que perdieron el empleo y el poder adquisitivo, junto a la eliminación de las 229 exenciones tributarias a los super ricos y a las multinacionales principalmente del petróleo, eliminar la tercerización laboral, poner la plata del endeudamiento público en los bolsillos de la ciudadanía para el consumo, y no seguir subsidiando las ganancias al banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo con el Presupuesto Nacional, son los mínimos de una reactivación acertada, lo demás será un fracaso. En la calle el pueblo dirá: que los ricos paguen la crisis.

Hay razones suficientes para prender la movilización del 2021 temprano. La unidad de los sectores democráticos y revolucionarios con la ciudadanía son fundamentales para derrotar a la derecha. Cada reivindicación social tiene un lugar en la calle, cada lucha tiene un beneficio para la sociedad, cada protesta acumula consciencia, cada iniciativa hace crecer la esperanza. Las victorias del movimiento social garantizan la posibilidad de un cambio político.

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