Más allá de la crisis migratoria en Urabá

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La llegada de migrantes a Necoclí no es nueva, pero desde hace unos años esta ruta es prioritaria y cuenta con la presencia y control del grupo paramilitar del Clan del Golfo. Foto Defensoría del Pueblo

Entre 10 y 15 mil personas migrantes de diferentes nacionalidades se encuentran atrapadas en Necoclí, Antioquia, situación que puede derivar en una crisis humanitaria sin precedentes. ¿Cuáles son las relaciones económicas y sociales en torno al fenómeno de la migración y que tienen en jaque a la subregión urabaense?

Jefferson Corredor – Jepes

La frontera colombo-panameña tiene una extensión de alrededor de 266 kilómetros en medio de un bloque vegetal llamado el Tapón del Darién. Desde el territorio colombiano, confluyen los departamentos de Antioquia, Córdoba y Chocó en la subregión geográfica de Urabá, en donde se localizan municipios como Turbo, lugar de paso necesario para un importante grupo de migrantes que intentan llegar a los Estados Unidos y Canadá a través de Centroamérica.

En la última semana se ha informado que entre 10 mil y 15 mil personas se encuentran represadas en Necoclí, lo cual preocupa a las autoridades del municipio, que con 21 mil habitantes en su casco urbano y servicios básicos deficientes temen a la explosión de una crisis humanitaria sin precedentes, razón por la cual elevaron un grito de auxilio para pedir el apoyo de la Cancillería de Colombia, que hasta el momento ha guardo total silencio.

La llegada de migrantes a Necoclí no es nueva, antes lo hacían por Turbo y Acandí, pero desde hace unos años esta ruta es prioritaria y cuenta con la presencia y control del grupo paramilitar del Clan del Golfo, una de las organizaciones armadas más importantes en el escenario de la criminalidad de Colombia.

De manera que esta subregión no solo cuenta con la problemática de la migración irregular, también con la del crimen transnacional organizado, que atenta directamente contra la gobernabilidad y la estabilidad económica, mientras se agudiza la violencia sistemática contra los procesos organizativos y aumenta la persecución a las lideresas y líderes sociales en la región.

El tráfico de migrantes

Dada la importancia que tiene el Clan del Golfo para la criminalidad en la subregión del Urabá, no se puede analizar el fenómeno del tráfico y contrabando de migrantes sin comprender el papel que esta organización juega en ello.

A pesar de que el tráfico fronterizo a través de los municipios de Turbo, Chigorodó, Dabeiba, Mutatá, Acandí, Apartadó y Necoclí no es reciente, durante el último lustro se ha evidenciado un aumento importante de esta actividad y la violencia asociada a su práctica. Así lo demuestra el último informe de la Defensoría del Pueblo (2020), que determinó que entre 2014 y 2017 hubo un aumento de casi 300% en el número de migrantes que pasaron por la región.

Es decir, que de 690 migrantes promedio anuales se pasó a 2.758 migrantes al año siguiente, y según Naciones Unidas, solo en 2019, cerca de 24 mil migrantes de 39 nacionalidades hicieron arribo en esta región, lo que demuestra que es innegable que se trata de un fenómeno en plena expansión, motivo por el cual lo que viene ocurriendo hace unas semanas en Necoclí es una muestra de ello.

Esto responde a que después de la firma de los Acuerdos de Paz con las Farc-EP en 2016, el Clan del Golfo inició un proceso de reacomodamiento en la subregión de Urabá, que le ha permitido no solamente cobrar una especie de impuesto a todo aquel que se dedique a la actividad del coyotaje, sino que se ha adentrado en el negocio de tal forma que directamente participa en el contrabando de migrantes.

Las personas que llegan a la subregión de Urabá suelen provenir de países como Nepal, Somalia, Bangladesh, Pakistán, India, Ghana, Eritrea, Guinea, Burkina Faso, Camerún, Sri Lanka, Afganistán, Sudáfrica, Ecuador, Arabia Saudita, Panamá, Aruba, Sierra Leona, Malí, Nigeria, Egipto, Cabo Verde, Croacia, República del Congo, Haití, entre otras más nacionalidades.

Las rutas de la infamia

Los migrantes de otros continentes llegan al territorio colombiano a través de Ecuador, Brasil o Perú, donde de acuerdo con el trato que hayan realizado con los coyotes son llevados por diferentes rutas. Por ejemplo, en caso de los migrantes de Asía y África que ingresan por Brasil, su recorrido inicia en la ciudad de Leticia, para luego recorrer el río Putumayo hasta Puerto Asís y por vía terrestre pasar por Pitalito, Neiva, Ibagué, Medellín, Turbo, para luego atravesar el Golfo de Urabá hasta Sapzurro, un corregimiento del municipio de Acandí, que es la población más cercana a la frontera. Una vez allí los migrantes cruzan hacia La Miel en Panamá y continúan hasta Puerto Obaldía.

También existe otra ruta que es común entre los migrantes de nacionalidades de Centroamérica, la cual comienza en Turbo, atravesando el Tapón del Darién, para proseguir por el río Atrato y el río Cacarica, donde llegan a la comunidad de Bijao, y desde ahí toman el antiguo trayecto terrestre de la vía Panamericana que conduce a Yaviza en Panamá, para luego trasladarse hacia la capital panameña.

Es importante mencionar que cada uno de estos recorridos hasta la frontera con Panamá puede tener una duración de entre seis y quince días y, su valor oscila entre los 7.000 a 20 mil dólares, dependiendo de la nacionalidad.

El Clan del Golfo como actor armado hegemónico

La subregión de Urabá cuenta con una situación particular y es que en esta región solamente existe un grupo criminal organizado alrededor del cual se construyen las relaciones en lo referente a los fenómenos del tráfico y contrabando de migrantes. Lo anterior responde no solamente al hecho de que el Clan del Golfo es el actor armado hegemónico (por lo que ningún coyote o red de tráfico de migrantes podría actuar de forma independiente sin obtener respuestas por parte de este), sino que también existe la necesidad de utilizar las mismas rutas del narcotráfico para transportar a los migrantes.

Lo anterior implica entonces que los coyotes necesitan el permiso del Clan del Golfo para realizar cualquier operación, el cual es obtenido a través del pago de “vacunas”, en el que en ocasiones deben pagar por cada migrante traspasado la mitad de la ganancia obtenida. Sin embargo, debe ponerse de manifiesto que este grupo criminal organizado no solamente se adentra en el mercado del tráfico de migrantes por medio de la extorsión, sino que además dentro de la organización existe una “línea de migrantes” que se encarga de recibir en la subregión de Urabá a personas provenientes de Asia, África y Centroamérica, principalmente, los cuales son trasladados por coyotes hacia Turbo y Capurganá, una vez ahí son entregados a miembros del Clan del Golfo, quienes los obligan a llevar droga como pago por transitar en las trochas y caminos irregulares que el grupo armado controla.

La inmersión de esta organización criminal en esta actividad fue evidenciada con la captura del jefe de la “línea de migrantes” en Turbo en el año 2018. En esta captura también se encontraron salvoconductos que eran entregados a los migrantes para presentarse con estos ante el Clan de Golfo. Así, puede afirmarse que, este grupo es el actor central del tráfico fronterizo en la subregión de Urabá, ya sea a través del cobro de “vacunas” a los coyotes o por medio del completo manejo de estas actividades.

Por otro lado, el nivel de organización del Clan del Golfo y la existencia de salvoconductos demuestran la compleja interconexión que existe entre las redes transnacionales del crimen organizado y la complicidad u omisión del Estado colombiano en esta crisis, social y humanitaria, de la que nadie quiere hablar.