Manuel Marulanda Vélez: Trayectoria de un luchador obrero

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Manuel Marulanda Vélez, fundador del PCC y dirigente obrero asesinado por la reacción conservadora

El 17 de julio se conmemora un año más del Partido Comunista Colombiano, una organización que han construido hombres y mujeres comprometidos con las luchas del pueblo. Por eso, queremos recordar la trayectoria de Manuel Marulanda Vélez, cuya vida no puede entenderse fuera de la convulsa historia temprana del movimiento obrero colombiano

Alejandro Cifuentes

Parece que Manuel Marulanda Vélez nació en 1900, en La Ceja, Antioquia. Como muchos otros líderes del movimiento obrero, Marulanda era artesano de oficio. En su pueblo natal se hizo albañil, y como tal se integró al Partido Socialista Revolucionario, PSR.

Las primeras organizaciones obreras surgieron durante las décadas de 1900 y 1910, a la par que estallaban conflictos sociales protagonizados por trabajadores asalariados. Fueron creadas principalmente por obreros industriales y de transportes, trabajadores públicos y artesanos. Pero este artesanado no era el del siglo XIX. Consistía en pequeños y medianos productores, que mantenían una virtual autonomía, pero que enfrentaban una situación cada vez más precaria, sometidos por los dueños del capital mediante prácticas como el trabajo a domicilio, satélite y a destajo.

Frente a experiencias previas, el PSR significó un salto cualitativo, con un proyecto más radical e internacionalista. Pero la carencia de un programa y su incursión en planes conspirativos, llevaron a esta organización a una crisis política.

En julio de 1930, el abogado Rafael Baquero convocó un pleno para reorganizar a los remanentes del socialismo revolucionario. En la reunión se decidió crear el Partido Comunista de Colombia, aceptando las condiciones de ingreso a la Internacional Comunista.

El Partido en Medellín

Los duros golpes que recibió el PSR entre 1928-1929 no paralizaron a sus líderes. María Cano se dedicó al estudio del marxismo articulando un grupo de trabajo en Medellín, en el que se destacaba Manuel Marulanda. El grupo, entre otras cosas, analizó con detalle la carta de la Internacional al PSR.

La actividad de María creó una base para la formación del PCC en la capital antioqueña. A la ciudad fue enviado Leonidas Paeces para organizar el Partido, quien formó una dirección constituida por José Dolores Montoya (el único obrero del grupo, pues los demás trabajadores que se integraron eran artesanos), Gerardo Escobar, Ernesto Vásquez, Román Blanco y Manuel Marulanda.

La primera acción pública del PCC fue la conmemoración de la Masacre de las Bananeras, en diciembre de 1930. Intervinieron Paeces, Cano y Marulanda, quienes hablaron contra el imperialismo, acusando al presidente Olaya de estar al servicio de los Estados Unidos.

Luchas por los trabajadores

Desde la fundación del Partido, Manuel dedicó sus esfuerzos a la organización sindical. A pesar de que el desempleo rampante, consecuencia de la crisis mundial de 1929, dificultaba el funcionamiento de sindicatos, los comunistas insistían en la necesidad de la organización sindical para encauzar las reivindicaciones populares.

En abril y mayo de 1931 los comunistas realizaron actos públicos en los que Marulanda fue uno de los oradores más visibles, insistiendo en el rol del sindicalismo para la lucha de clases.

Los esfuerzos organizativos rindieron frutos luego de la huelga del Ferrocarril de Antioquia de 1934, que contó con la solidaridad de tranviarios, electricistas y choferes, logrando paralizar a Medellín. La represión militar no se hizo esperar, y la huelga se saldó con dos obreros muertos y varios heridos. Dos años después, estos trabajadores y algunos gremios artesanales fundaron la Federación de Trabajadores de Antioquia, Fedeta, de orientación liberal y comunista.

Ahora bien, los comunistas también actuaron frente al desempleo y el hambre. El 20 de enero 1932 Paeces y Marulanda lideraron una marcha del hambre. Manuel fue enfático al señalar que no era una marcha de comunistas, sino de todos los obreros cesados, ya que el hambre la imponía la burguesía a todo el pueblo trabajador.

Ante la movilización, el gobierno municipal detuvo a los líderes. La solidaridad con los presos motivó más movilizaciones, convocadas por María Cano. Finalmente, los presos fueron liberados, y el concejo municipal decretó alivios para los desempleados y la reducción de precios de los alimentos.

La Federación del Trabajo de Cundinamarca

Los comunistas presentaron en 1933 una lista al concejo, encabezada por Ángel María Carrascal, quien saldría electo. Como su suplente fue designado Manuel, quien tuvo que ejercer el cargo, pues el concejo le impidió a Carrascal entrar nuevamente a la corporación luego de un debate con el hijo de Rafael Uribe.

Luego de organizar albañiles en La Ceja, Marulanda fue enviado a Bogotá para que apoyara el trabajo organizativo en el gremio de la construcción. Se afilió al Sindicato Unificado de Trabajadores de la Construcción y pronto se convirtió en secretario general del mismo.

Poco después, Marulanda fue delegado para asistir a la primera conferencia departamental de trabajadores de Cundinamarca; en esta reunión se creó la Federación del Trabajo de Cundinamarca, y Manuel fue designado como su secretario general, cargo que ejerció durante 15 años, hasta su muerte.

Esta organización encontró una sólida base entre los trabajadores de la construcción, gracias al disciplinado trabajo que Marulanda había adelantado entre los obreros de este gremio. Pero las cosas fueron más allá, y Manuel logró que más de 100 sindicatos del departamento fueran filiales activos con una orientación clasista. Además, mantuvo una fuerte relación con sectores alternativos, como los socialistas, liderados por el curtido Juan de Dios Romero.

A su vez, el trabajo con la Federación impulsó a Manuel hacia la actividad parlamentaria. En 1943 fue electo a la Asamblea de Cundinamarca, donde compartió asiento con Rafael Baquero, Álvaro Sanclemente y Víctor J. Merchán, destacado líder agrarista.

Manuel acompañó a este último en los duros debates contra latifundistas de la región, que despojaron a unas 420 familias campesinas.

Luchas antiimperialistas y su muerte

Manuel fue detenido en diciembre de 1950, junto a otros 27 compañeros. El motivo de la detención fue la propaganda contra la participación de Colombia en la Guerra de Corea. El regional comunista de Bogotá hizo pública una declaración contra el envío de la fragata Padilla hacia la península de Corea. Inmediatamente el régimen ordenó eliminar la propaganda comunista. Los militares allanaron la sede del regional de Bogotá donde encontraron un mimeógrafo que servía para reproducir los comunicados antiimperialistas.

Manuel fue tratado con especial saña por parte de los torturadores del Servicio de Inteligencia Colombiano, SIC. Fue liberado a principios de 1951, pero su condición era demasiado grave. Falleció por cuenta de sus heridas en un cuarto de San Victorino el 25 de enero.

Aunque la posición antiimperialista del Partido desató la persecución que llevó a la muerte de Manuel, lo cierto es que su asesinato fue motivado por su papel como organizador de la clase obrera. Tanto Gómez como su predecesor, Ospina Pérez, habían desatado una terrible persecución al sindicalismo clasista, y sabían que este obrero era un líder clave del movimiento, pues como señalaba Vanguardia del Pueblo, el Negro Marulanda “supo enraizarse en el corazón de los trabajadores mediante una paciente labor de servicio cotidiano que siempre redundó en beneficio de las masas explotadas”.