Los 200 años de la Carta de Jamaica (II)

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Contenido y consecuencias

Simon-Bolivar

Alfredo Valdivieso

Como dijimos, el miércoles 6 de agosto de 1815, El Libertador, Comandante General de los ejércitos de Venezuela y las Provincias Unidas de la Nueva Granada, exiliado y abatido en Kingston, terminó de dictar su célebre documento al, en ese entonces, coronel, Pedro Briceño Méndez, y se comenzó la traducción del texto al inglés, por parte del también coronel, de origen canadiense, John Robertson, luchador por la Independencia, pero a la sazón exiliado hacía algún tiempo en la Isla.

A Bolívar, en su infortunio, lo acompañaban entre otros, sus ex-esclavos, ahora sus ayudantes y consejeros, el “negro” Andrés y el “negro” Pío o Píito. Habían sido sus esclavos hasta junio de 1814, cuando determinó de forma unilateral concederles la libertad; manumitirlos, junto a muchos de los aproximadamente 160 que eran su “propiedad”, por mayorazgo, y con la única condición, agonizando la II República, de “gozar su libertad empuñando las armas bajo las banderas de Venezuela”.

Su situación económica –él, uno de los hombres nacido entre los más ricos de América– era tan extremadamente agobiante, que incluso pensó en el suicidio. Pero en medio de ese abatimiento y ruina escribió una primera Carta en Jamaica, como dijimos, dirigida a Hyslop. La segunda, conocida por antonomasia como La Carta de Jamaica, comienza en su traducción al inglés “My Dear”, es un documento axiológico de su clase, los criollos o mantuanos; y además de hacer el balance de la caída de la II República, es el grito herido de su clase. No es el documento universal del reformador social, sino la previsión de lo que será la lucha sucesiva. Mas, los avatares de la guerra posterior, la praxis del combate, el análisis preciso y su sistematización cambiarán el rumbo de la lucha, sin la fijación mental ya de la liberación de Caracas como objetivo superior.

¿Por qué es un grito de protesta de su clase? Con la llegada de la Casa Borbón a España, en 1700, terminan los reinados de la Casa de Austria o Habsburgo, y el trato más o menos condescendiente hacia los hijos de españoles nacidos en América (llamados españoles-americanos) y hacia la población indígena. Con Felipe I de Francia (Felipe V de España) de la casa Bourbon-Anjou se establece el despotismo ilustrado, y los súbditos nacidos en tierras americanas pasan a ser de segunda categoría.

Oigamos a Bolívar, comentando en su escrito partes de la misiva a él dirigida por Mr. Cullen, al afirmar en su Carta: “… Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serían creídas por los críticos modernos, si constantes y repetidos documentos no testificasen estas infaustas verdades. El filantrópico obispo de Chiapas, el apóstol de la América, Las Casas, ha dejado a la posteridad una breve relación de ellas, extractada de las sumarias que siguieron en Sevilla a los conquistadores, con el testimonio de cuantas personas respetables había entonces en el Nuevo Mundo, y con los procesos mismos que los tiranos se hicieron entre sí: como consta por los más sublimes historiadores de aquel tiempo. Todos los imparciales han hecho justicia al celo, verdad y virtudes de aquel amigo de la humanidad, que con tanto fervor y firmeza denunció ante su gobierno y contemporáneos los actos más horrorosos de un frenesí sanguinario”. Bien conocía y había leído El Libertador la obra de Bartolomé de las Casas, “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias”, publicada en España, en vida de su autor, en 1552, cuando informaba al futuro rey Felipe II de las injusticias y crímenes que españoles estaban cometiendo en el Nuevo Mundo. Los correctivos fueron esenciales y drásticos, pero al terminar la dinastía Habsburgo e iniciar la Borbón, los mismos y peores crímenes tuvieron patente de corso.

“El suceso coronará nuestros esfuerzos; porque el destino de América se ha fijado irrevocablemente: el lazo que la unía a España está cortado: la opinión era toda su fuerza; por ella se estrechaban mutuamente las partes de aquella inmensa monarquía; lo que antes las enlazaba ya las divide; más grande es el odio que nos ha inspirado la Península que el mar que nos separa de ella; menos difícil es unir los dos continentes, que reconciliar los espíritus de ambos países”.

“Cerca de un millón de habitantes se contaba en Venezuela y sin exageración se puede conjeturar que una cuarta parte ha sido sacrificada por la tierra, la espada, el hambre, la peste, las peregrinaciones; excepto el terremoto, todos resultados de la guerra”.

“Los americanos en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo y, cuando más, el de simples consumidores; y aun esta parte coartada con restricciones chocantes; tales son las prohibiciones del cultivo de frutos de Europa, el estanco de las producciones que el rey monopoliza, el impedimento de las fábricas que la misma Península no posee, los privilegios exclusivos del comercio hasta de los objetos de primera necesidad; las trabas entre provincias y provincias americanas para que no se traten, entiendan, ni negocien; en fin, ¿quiere usted saber cuál era nuestro destino? Los campos para cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao y el algodón; las llanuras solitarias para criar ganados, los desiertos para cazar las bestias feroces, las entrañas de la tierra para excavar el oro que no puede saciar a esa nación avarienta”… “Jamás éramos virreyes ni gobernadores sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes; todo en contravención directa de nuestras instituciones”. Son párrafos completos del grito herido, de la queja ante el universo de lo que era la dominación criminal y sañuda del imperio español.

“Los americanos han subido de repente y sin los conocimientos previos y, lo que es más sensible, sin la práctica de los negocios públicos a representar en la escena del mundo las eminentes dignidades de legisladores, magistrados, administradores del erario, diplomáticos, generales, y cuantas autoridades supremas y subalternas forman la jerarquía de un Estado organizado con regularidad”… “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo; y menos deseo aún una monarquía universal de América, porque este proyecto sin ser útil, es también imposible. Los abusos que actualmente existen no se reformarían, y nuestra regeneración sería infructuosa”.

“Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo o una nueva ciudad que con el nombre de Las Casas (en honor de este héroe de la filantropía), se funde entre los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahía Honda. Esta posición aunque desconocida, es más ventajosa por todos respectos. Su acceso es fácil y su situación tan fuerte, que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganados, y una gran de abundancia de maderas de construcción… Esta nación se llamaría Colombia como tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio. Su gobierno podrá imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar de un rey habrá un poder ejecutivo, electivo, cuando más vitalicio, y jamás hereditario si se quiere república, una cámara o senado legislativo hereditario, que en las tempestades políticas se interponga entre las olas populares y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo de libre elección… Esta constitución participaría de todas las formas y yo deseo que no participe de todos los vicios. Como esta es mi patria, tengo un derecho incontestable para desearla lo que en mi opinión es mejor. Es muy posible que la Nueva Granada no convenga en el reconocimiento de un gobierno central, porque es en extremo adicta a la federación; y entonces formará por sí sola un Estado que, si subsiste, podrá ser muy dichoso por sus grandes recursos de todos géneros”.

Hace un pormenorizado análisis y perspectivas de lo que será el continente independiente del yugo español; las repúblicas y otras formas de gobierno que surgirán. “Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados. De este modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga, siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna entre nosotros, la masa ha seguido a la inteligencia”. (Cosa que a hoy no es cierta).

El documento comienza a circular, primero por la isla y luego por Europa. De él se entera medio mundo, incluyendo los esbirros del rey de España en América. La circulación es inicialmente en transcripciones impresas y de mano en mano, hasta que llega a la América sometida a la pacificación.

Tanto furor causó el documento, tanto repudio por el accionar de los españoles como Zuazola, Antoñanzas, Boves, Morales y demás criminales, que los vándalos asesinos usurpadores usaron de un método que en nuestra patria sigue teniendo vigencia: el sicariato.

En efecto el gobernador civil y militar de Venezuela, entre junio de 1815 y julio de 1816, Salvador de Moxó, con la anuencia y autorización de Pablo Morillo, a quien reemplazaba mientras llevaba la criminal pacificación, pagó cinco mil pesos para asesinar a Bolívar… por el camino se robaron tres mil pesos, y el sicario contratado, será parte de la tercera entrega.

Bucaramanga, agosto 30 de 2015.