Lo nacional: un asunto inquietante

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Ejército libertador saliendo de los Llanos Orientales. Jesús María Zamora, óleo sobre tela.

El bicentenario de la Batalla de Boyacá era una buenísima oportunidad de la izquierda colombiana para familiarizarse con los meandros de la historia. Hacerlos suyos. Disputarlos a los relatores oficiales. Hubo tiempo para subirse en ese tren. Lo que no hubo fue ganas. Ganas de hacer historia

Yezid Arteta*
@Yezid_Ar_D

“Entre en el año 56 a formar parte del Partido Comunista”. Así le contó Estanislao Zuleta a Hernán Suárez, editor de la revista Educación y Cultura de la Federación Colombiana de Educadores, acerca de su derrotero militante. La entrevista fue publicada en 1985 con el título La educación un campo de combate. En la interviú el versátil pensador revive su militancia en una célula a la que también pertenecía Gilberto Vieira White, Secretario General del Partido Comunista Colombiano por aquellos días. Durante una polémica entre camaradas Vieira le dijo: “Compañero Zuleta ¿Usted cree que sabe más que toda la Academia de Moscú?…Cuidado, porque la Academia, sabe más marxismo que usted”.

Enfermedad identitaria

Esta anécdota ilustra una extraña enfermedad identitaria de la que aún no acaba de curarse la izquierda colombiana. Muchos intelectuales y académicos de izquierda dieron más importancia a los doscientos años del nacimiento de Karl Marx, que al bicentenario de la Batalla de Boyacá. Hubo organizaciones y colectivos de izquierda que celebraron con más fervor el centenario de la Revolución de Octubre que los sucesos del 20 de julio de 1810 en Santafé.

Es la costumbre de mirar más hacia afuera que hacia adentro e ir a la cola de las celebraciones oficiales. Un discurso en el Pantano de Vargas, una ofrenda en la estatua de Bolívar, un video realizado desde una habitación de luz menguante o un artículo redactado a última hora, dejan ver la nula importancia que la izquierda está concediendo a lo nacional.

Afrontar lo nacional

Lo nacional. Un asunto inquietante. Un asunto que ha irrumpido como una tormenta en la política reciente. Un asunto que pone los pelos de punta cuando se mira el pasado. Un asunto que hace dudar a la izquierda. Un asunto que algunos analistas de izquierda tratan de pensarlo más allá del internacionalismo. Un asunto que la extrema derecha sabe explotar. Un asunto que tiene contra las cuerdas a partidos de izquierda que ven cómo sus electores se van a la extrema derecha. Un asunto que la izquierda debe eludir o afrontar. No caben más alternativas.

Echeverría, el estupendo libro de Martín Caparrós escudriña sobre la génesis de Argentina. Toma como punto de referencia a Esteban Echeverría. La vida y obra del poeta nacional argentino autor de El Matadero y Dogma Socialista. Copiamos, imitamos, repetimos como loros, no tenemos un sistema filosófico propio, una doctrina política propia, reescribe Caparrós. Por eso tenemos independencia pero no tenemos libertad, ni derechos, ni leyes, escribe Echeverría. Nuestros padres hicieron lo que pudieron y nosotros debemos hacer lo que debemos, recalca Echeverría con su voz temblorosa ante un centenar de jóvenes fogosos y radiantes. Eran los albores del siglo diecinueve y la pólvora incinerada durante la guerra de independencia aún flotaba en el ambiente.

Un saludo a la bandera

Nariño y Bolívar hicieron lo que tenían que hacer. Vino luego una contrarrevolución. El Ejército, el de ahora, se apropió de las celebraciones. El patriotismo de los gobernantes consiste en asistir a los desfiles y observar como la carne de los jóvenes soldados se malversa en misiones y maniobras absurdas. La academia no va más allá de las formalidades. A los friquis se les ocurre montar un sainete, una exposición o un baile para obtener una miseria de reconocimiento en sus maltratadas vidas. Los vendedores de comida y bebida callejera aprovechan la ocasión. La izquierda pasa de largo o se detiene en menudencias. Un saludo a la bandera. Literalmente.

El bicentenario de la Batalla de Boyacá era una buenísima oportunidad de la izquierda colombiana para familiarizarse con los meandros de la historia. Hacerlos suyos. Disputarlos a los relatores oficiales. Desmilitarizarlos. Una linda ocasión para desplegar su organización. Para dar a conocer su relato sobre el pasado y sus consecuencias en el presente. Para concatenar las luchas pretéritas, con las de ahora y las futuras. El ambiente era propicio para tirar la casa por la ventana. Era una fecha anunciada. No se trataba de hacer en un sólo día lo que no se ha efectuado durante décadas. Eran días, meses, años para prepararse. La propia historia de la izquierda colombiana tiene tanto de grandeza que es inconcebible que se haya dejado pasar el tren del bicentenario. Hubo tiempo para subirse en ese tren. Lo que no hubo fue ganas. Ganas de hacer historia.

* Escritor y analista político.

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